lunes, 29 de julio de 2013

CAPÍTULO SEGUNDO: El roñoso y las Sombras

¡Prrr prrr! ¡Prrr prrr!

-¿Qué?

¡Prrr prrr! ¡Prrr prrr!

-Ha sido un sueño, sólo un sueño, menos mal. -La alarma me despertó, significa que son las 8 de la mañana. -Veamos, levantarse, pasar por el lavabo y desayunar. Fácil. En marcha... ¿Qué día es? -Miré al móvil- ¿Jueves? ¿Por qué jueves? Pensé que era martes hoy, ya no sé ni en qué mundo vivo...

De pronto un grito lejano.

-¡Goran!

Casi imperceptible.

-¡Goran! ¡Levántate especie de orangután! ¡Ya!

Abrí los ojos, -vaya, no ha sido ningún sueño, me cago en...-Me gritaba y tiraba de mí.
-Levántate, hay que moverse ya señor marmota. -Me despejé en seguida, una especie de rugidos se oían fuera. No recordaba haberme dormido en ningún momento. - ¿Dónde estamos? -Pregunta estúpida, vi que dentro de una furgoneta. Dormimos en los mismos asientos de la furgoneta, suerte que tuviera cortinas, porque fuera no parecía que hubiera ningún edén.
-¿Que dónde estamos? ¿Pues a ti qué te parece? Estamos enmarronados, lumbrera. Muévete.

Me levanté de un salto, three step touch* y la seguí a la parte de atrás. -Ojalá las circumstancias fueran distintas- pensé.

Salimos por detrás de la furgoneta, estaba muy pegada a una pared que daba a un callejón, por suerte, lleno de trastos, contenedores de basura, coches penosamente aparcados, y un árbol caído. ¿Qué haría ahí un árbol caído? Nadie se enfada tanto con un árbol.
Nos ocultamos en la entrada de un edificio cercano y esperamos. Pareció que pasamos inadvertidos, así que esperamos algo más, hay que estar seguro.

-Entonces...¿no podemos ir en la furgoneta?-
-No.
-¿Por qué? La niebla hoy no es tan espesa.
-Llamaríamos la atención de esas cosas.
-Cierto, ¿cuánto nos falta?
-Varias manzanas, te quedaste sobado de cualquier manera en medio de la calle. Tuve que meterte ahí y cerrar las cortinas.
-Gracias, supongo. ¿Seguimos sin saber qué son?
-Sí, no son gorilas, tranquilo. Pero no son gente, definitivamente, pude ver a uno muy de cerca antes de despertarte.
El día parecía ir aclarando, pronto podríamos seguir adelante sin preocupaciones graves.
-Me da que habría sido mejor que fueran gorilas. A ver si se aclara del todo el día y podemos irnos. ¿No hay más gente en ningún lado? Estaría bien que hubiera alguien 'normal', alguien que pudiera aclararnos qué pasa.
-Pues sí, pero se siente, de momento no parece ser el caso. Vamos, ya se ha disipado la niebla, y éste callejón, ahora que lo veo, da bastante asco.
-Ok, creo que deberíamos subir por la calle principal, los callejones no me da que sean muy seguros.
-Sí, mejor vamos por la principal pero sin llamar la atención, no sea cosa.
-¿Y dónde vamos, exactamente?
-No sé, hay que salir de la ciudad, en las afueras habrá menos posibilidades de que haya tanta niebla, digo yo.
-Vale, pues podríamos pasar por casa, querría comprobar un par de cosas.
-¿Queda lejos?
-A este ritmo creo que varios días, si pudiéramos andar del tirón sería más rápido, en unas horas a pie estaríamos ahí.
-Ya se verá.

Seguimos andando bajo un sol de justicia a la sombra de los balcones de la calle General Riera, pero al llegar al Carrefour vimos que estaba todo cortado. Había coches por todas partes, como amontonados. Parecía algo difícil de trepar y también de sortear.

-Es como si quisieran que nadie entrara y nadie saliera-dijo.
-Sí, hay que encontrar el modo de pasar.
De pronto algo le rozó el hombro y soltó un grito como los de las películas de miedo cutres.
-¿Qué pasa? -dije.
Saltó y sacó un cuchillo de tamaño considerable, parecía artesanal y rudimentario.
Nos encontramos de cara con una figura extraña. Una especie de señor bajo unas mantas mugrientas y malolientes. Parecía que arrastrara un trozo de tierra con hojas pegadas y algo de hierba creciéndole por la espalda. Estaba flaco, y tenía pinta de no haber comido en décadas.
-¿Quién eres y qué quieres? dijo Anne.
-¿De dónde ha salido este viejo? dije yo, aún con el susto en el cuerpo.

El silencio se prolongó unos segundos mientras el viejo nos examinaba con la mirada.
-De modo que no sois sombras. Eso está muy bien.
-¿Sombras? -nos sorprendimos preguntando a la vez, nuestras caras reflejaban una absoluta ignorancia de qué estaba pasando y quién era aquel señor. Parecía haber vivido ahí demasiado tiempo como para estar cuerdo.
-Sombras -dijo.-Aquellos que vienen con la niebla, que por cierto no tardará en volver, refugiémonos en lugar fresco y seco.
-Fresco y seco, ahora nos meteremos bajo tierra, o algo. -Dije bastante excéptico.
-No, bajo tierra no, eso sería como enterrarse vivos, eso no está bien. Venid.
Nos guió hacia un callejón cercano, donde abrió una puerta que estaba oculta en los ladrillos. Cuando se cerraba no parecía que hubiera puerta.
-No os quejéis por el olor de toda esa basura de la entrada, despista y permite que no nos sigan.
-Pues no huele precisamente bien. -Anne se había puesto la mascarilla otra vez.
-Esa mascarilla no te protegerá de las Sombras. Sólo acabando con la niebla acabarás con las Sombras.
-Acabar con la niebla, parece fácil dicho así. -dijo quitándose la máscara. -¿Cómo se acaba con la niebla? ¿Hay que cantarle a los dioses, o algo así?
-No, realmente no sé qué hay que hacer.
-Mal vamos...
-No es tan terrible, puedo deciros por qué estamos así, la raíz del problema es la clave de la solución.

El ansia me podía, ¿cómo era posible que aquel señor mugriento hubiera sobrevivido ahí? Ni siquiera parecía poder alimentarse de nada.

-Ya hemos llegado.
Mientras hablábamos habíamos llegado, a través de varios túneles, a una especie de 'guarida' donde se apreciaban unos cuantos lechos, una pica con agua corriente y una cocina muy rudimentaria. Las latas de comida de una estantería sugerían que el hombre no pasaba hambre, pero su aspecto sí.
-Vale, ¿ahora qué? -dijo mi compañera.
-Estaría bien picar algo, ayer nos merendamos lo poco que recuperé de la clínica.
-¿Habéis estado en una clínica? ¿Puedo preguntar por qué?
-Bueno, yo estuve, me desperté ahí, no sé ni qué ha pasado.
-Puedo explicártelo yo, si queréis. Tomad asiento, dejad que me quite estos harapos -Una vez sin su manta roñosa pareció un viejecito flacucho normal y corriente, no muy alto, nada en él inspiraba nada especial. Era un viejo rastrojo.
-Entonces... ¿podemos picar algo?
-Claro, claro, poneos las botas.

Mientras engullíamos un par de latas de lo que parecía sopa de albóndigas con guisantes, o algo así, puesto que las etiquetas hacía tiempo que no estaban, nos contó una historia curiosa.

-Dejádme que me encienda una pipa y os contaré la historia de la Ciudad Olvidada.
-Seguro que me recuerda a algún videojuego -dije.
-¿Videojuego? -Preguntó Anne.
-Callaos, u os quedáis sin historia, ¡leñe! Todo empezó hace mucho tiempo, yo tendría vuestra edad, más o menos, la ciudad no tenía nada especial, pero funcionaba activamente, los comercios hacían sus negocios, todo funcionaba, la gente vivía bien, o muy bien, o relativamente bien, según el caso, pero no había demasiada gente muriéndose de hambre, que digamos. Hasta que un día, no se sabe por qué, todo el mundo se fue, todos se largaron. Nos quedamos unos pocos, sobrevivimos como pudimos, plantábamos nuestros propios alimentos, iba todo más o menos bien, pero un día empezó a llenarse todo de niebla, primero pensamos en que sería una nube tóxica, pero no lo era. Pensamos en contaminación, nos enteramos de que todo el mundo se había ido a la nueva Gran Ciudad, toda la industria y  los polígonos industriales con fábricas humeantes nos inspiraron a pensar que la niebla tenía algo que ver con el humo. Pero no era así. Simplemente se llenó todo de niebla, una niebla horrible. Empezamos a morir porque las plantas no crecen cuando hay niebla, y los ratos de sol eran tan escasos que no daban para que nada proliferara, salvo la desesperación. Y cuando nos planteamos irnos de la ciudad, nos dimos cuenta de que había un muro de escombros, vehículos, y demás cacharros rodeando toda la ciudad. Justo os encontré frente al último pedazo de muro que queda. Lo tiramos abajo, sin saber quién lo había montado, indignados de saber que nos habían encerrado ahí. Después nos dirigimos a fuera, a los pueblos, pero toda la gente se había ido. La Gran Ciudad había absorbido a toda la población, ni siquiera pensábamos que pudiera valer la pena estar en tal lugar.
-Entonces...¿por eso no hay nadie? ¿Y las 'Sombras'? Pensábamos que eran gente, aunque no lo parecen.
-¿Te has fijado en que no tienen cara? No tienen rostro, su faz es inexistente, no son corpóreos, son sólo sombras. Aunque son sombras que pueden hacerte mucho daño, si quieren.
-Entonces no nos atacan por hambre o por territorio.
-No, y si me seguís interrumpiendo no habrá historia que os cuente, jóvenes. Que por cierto, ¿qué hay entre vosotros?- Angie se sonrojó, yo miré a otro lado.
-Nada -dijimos los dos.
-Ya veo, nada, seguro -y nos guiñó uno de sus ojos arrugados y apagados -Seguiré, no os haré más caso. Cuando nos dirigimos a la Gran Ciudad, vimos que estaba rodeada por una gran muralla, supusimos que para proteger a la gente de dentro de lo que hubiera fuera, no tenía mucho sentido que lo de dentro fuera peor que donde estábamos nosotros. Supusimos que nos temían por haber optado por seguir con nuestras vidas, por ser 'distintos' y no aceptar a la Gran Ciudad como nuestra ama, y que por eso nos encerraron con lo primero que encontraron. Hace tiempo de eso, mis compañeros han muerto ya, a mí no me queda mucho, pero si vais allí, aseguraos de hacer que deje de haber niebla. Ya no recuerdo cómo es un día sin niebla.
-Bueno, parece que habrá que ir, aunque me gustaría saber cómo es posible que haya estado unos pocos días inconsciente por un accidente de tráfico y de pronto hayan pasado décadas -mi cerebro no podía procesarlo. Simplemente no podía.
-Eso ya no te lo sé explicar, joven, aunque podéis quedaros a dormir, si queréis, mañana será un día duro, intuyo que queréis salir de la ciudad.
-Así es, íbamos a ir a los pueblos en busca de gente, aunque ahora ya no estoy tan convencida de que haya alguien ahí fuera.
-Seguramente no.
-Pero yo quiero pasar por casa de mis padres, si es que sigue siendo su casa.
-Tendréis que comprobarlo, ahora a dormir.
Acto seguido se quedó dormido tal cual estaba sentado, empezó a roncar y no pudimos dormir ninguno de los dos más de cinco minutos seguidos. Por lo menos estábamos a salvo, y habíamos encontrado un par de respuestas, aunque aún quedaran demasiadas preguntas sin responder.
-Mañana será otro día, buenas noches, orangután.
-Que te den, buenas noches, Anita.
-Cállate, no me llamo así.
-Yo tampoco.

Ésa noche soñé algo tan ñoño y tan ridículamente moñas que no pienso describirlo. Por la mañana nos despertó el silencio.

Demasiado silencio.


  • 'Three step touch' - Se refiere a tocar en tres puntos clave de la indumentaria en busca de objetos importantes, tales como las llaves, el teléfono móvil, la cartera, etc. En éste caso se refiere a haber tocado en los polsillos principales del pantalón y el chaleco para ver si estaba todo.

lunes, 22 de julio de 2013

CAPÍTULO PRIMERO: Malas noticias


Hoy, como algunas otras veces, he tenido un ligero "encontronazo" con una realidad alternativa.
No ha sido demasiado, peor ha ido otras veces. Pero hoy me he fijado especialmente. Iba más o menos así.

Llegando a casa, bajo por una pendiente, tengo que frenar al final, y girar a la derecha. Iba en moto, como es habitual.
A veces hay alguien saliendo de la calle a la que pretendo internarme, cosas que pasan en las vías públicas, suele haber gente. Pero al ser un lugar poco poblado no es tan normal.
Además, al ser una curva bastante ciega, hay un espejo retrovisor plantado al borde de la carretera para poder ver en ambas direcciones, ya que también podría seguir recto. Y saliendo de la calle salir a derecha o a izquierda, indistintamente. Me estoy yendo por las ramas.

La cuestión es que, habiendo ya frenado, presté atención al espejo retrovisor y a través de la rejilla de mi izquierda para ver si venía alguien, y no venía nadie.
Pero, justo al doblar la esquina, me pasa por la mente la imagen de alguien llegando al cruce sin haberme visto, frenando, pero no tanto. Arrollándome. Lo que he podido ver era como caía al suelo con mi moto encima de la pierna.
Despertaba en una cama, supongo que de hospital, por la blancura y la escasez de mobiliario de habitación típica, con la pierna abrasada por el lado en el que tocaba con el motor, con todas las rendijas de la refrigeración grabadas a fuego, literalmente, en el lado de mi desdichada pierna, con trozos de tela vaquera de mis pantalones aún enganchados, supurando pus y agua, luchando mi cuerpo desesperadamente por combatir la quemadura. Escocía, pero no era insoportable.

Y no había nadie. No había ruido. Era de día, entraba luz por las ventanas a mi derecha, las cortinas blancas y finas dejaban pasar gran parte de la brillante luz del sol, parecía por la mañana. Pero no se oía nada.
Y no era que estuviera sordo, oía perfectamente el sonido de mi cuerpo recuperándose de pasar varias horas entumeciéndose en esa cama. Me levanté y fui a la puerta, abierta, como es normal en las clínicas, por si pasara algo. Pero no recuerdo ninguna clase de mobiliario de hospital, por lo menos no me fijé. El silencio reclamaba más mi atención.

Decidí abrir la puerta y preguntar en qué clínica estaba, dónde estaba mi ropa (no encuentro cómodas las batas de interno, pasa demasiado fresco por la espalda)
Al abrir la puerta cuál fue mi sorpresa, ¡estaba en una clínica! Aunque aún no sabía cual, pero seguía sin oírse nada, ni había nadie. Me empezaba a poner nervioso, las luces del pasillo estaban encendidas. Todo parecía en orden, la máquina de café estaba encendida, y la dispensadora de botellas de agua también parecía funcionar, aunque yo no tenía dinero. Sí en mi cartera, pero estaba en algún lugar con lo que quedara de mis pantalones y mi camiseta, y mis zapatos, y mi chaleco. Eché de menos el chaleco, llevaba ahí mis gafas de sol rotas, como es normal, y mis gafas de ver, menos mal que no me son indispensables en el día a día.

Un letrero con unas flechas me indicó que la recepción estaba al final del pasillo. De camino encontré algunas camillas aparcadas junto a la pared, pero no estorbaban, eso me gusta. Que las cosas no estén en medio, pero estén.
De pronto, a falta de doblar una esquina, oí un fuerte ruido. Como si algo cayera al suelo.

¡PAM tatang, tang!

Sonaba como si una fuente de metal se hubiera caído al suelo, eso no cuadra en un hospital, quizás fuera una bandeja de algo, de la comida, pero no suelen ser de metal, y tampoco es habitual que caigan sin haber nadie que las lleve. Entonces debía haber alguien.
Seguí hasta la esquina, y ahí estaba, la bandeja en el suelo, por suerte no contenía nada, aunque me habría tomado un vaso de agua fresca y comido algo, maldita gula... Pero seguía sin haber nadie. Los ordenadores estaban encendidos pero parecían bloqueados, y está feo cotillear en casa ajena, así que volví a mirar en los letreros y vi un esquema sencillo de la distribución del hospital. Piso 2º a 5º, habitaciones de los pacientes, estaba en el 2º así que era fácil, en la planta baja estaba la recepción. Sólo había que coger el ascensor y bajar, y preguntar qué ocurría. Así que llamé al ascensor, no pareció muy encantado de que lo llamaran porque sonaba un poco extraño, pero llegó, y se oyeron algunos golpes y traqueteos, como si llevara mucha carga, y como si alguien intentara salir. Tranquilo, pensé, ahora llegas, ya saldrás. Aunque no tranquiliza mucho saber que alguien nervioso aparecerá justo en tus narices, sobre todo si ha demostrado ser mínimamente violento.

De pronto cesó el ruido. Ya has llegado, pensé, me apartaré, sólo por si acaso.

Y se abrieron las puertas. Fui a entrar, y no había nada, salvo un bolígrafo.

-¿Has causado tú todo ese revuelo? No lo creo.

Bajé entonces a la planta baja, volvieron los traqueteos y los golpes, por lo visto debía estar algo averiado. Se abrieron las puertas y salí, nada. No había nada. Maldije en los pocos idiomas que conozco y de varias formas. Fui hasta el mostrador y los ordenadores encendidos, pero bloqueados. Las luces encendidas, ¿qué ocurría? Todo era muy raro. Me escocía la pierna. ¿Por qué no frenaría un poco más ése coche?

Salí a la calle, ya, de perdidos al río, no se oían coches, resultó ser una clínica dentro de la ciudad, en la zona céntrica, tenía que haber algún ruido, alguien, ¡quien fuera! Pero no había nadie.

Había algunos coches aparcados, eso es normal, suele haberlos dentro de la ciudad, pero no parecía que se hubieran movido de ahí en varias semanas. Tenían polvo por encima, todos más o menos igual, eso es raro, muy raro.

No entendía nada, ¿dónde estaba la gente? ¿Y por qué no me habían llevado con ellos?

De pronto el cielo se nubló, en cuestión de minutos el día claro y soleado se convirtió en el lienzo perfecto para una tormenta de esas que hacen historia. En cuestión de segundos empezó a caer un chaparrón. Todos los coches se quedaron impecables, me refugié en seguida dentro de la clínica, pero siguió sin oírse nada ni a nadie.

-Esto empieza a ponerme nervioso.- Me dije.

Paró de llover, apenas duró cinco minutos contados. Y empezó a alzarse una niebla espantosa, ¿qué porquería de día raro era eso? Ni siquiera había algún periódico donde ver si había pasado algo. Era como si todos se hubieran desvanecido de pronto, pero se hubieran llevado además sus cosas. Y las mías, fui a la consigna de la clínica y ahí estaban mis cosas, pude recuperar, incluso, lo que quedaba de mis pantalones, no demasiado enteros, puesto que faltaba un a pierna desde la rodilla, pero bueno, solucionado cortando la otra, más o menos arreglado, ahora son unos pantalones 'piratas'. Tampoco hacía frío como para llevarlos largos. Ya compraría otros nuevos.

Inspeccioné mis cosas, cartera intacta, mis pelusas y cacharritos varios de los bolsillos intactos también. La batería del móvil a cero, era de esperar,  estos móviles modernos no duran nada si no los enchufas constantemente. Ya lo cargaría, había que preguntarle a alguien, mejor dicho encontrar a alguien.
Miré en la saca de los pantalones, suelo tener algunas moneditas, quizás alguna cabina telefónica funcionara. La línea de la clínica no daba señal, qué raro, parece una película de terror cutre, pensé.
Sólo tenía unos céntimos. -Qué rabia, asco de calderilla- me enfadé con los míseros céntimos que tenía, habría que encontrar algún lugar donde hubiera dinero en monedas, porque sólo tenía un par de billetes pequeños. Diez o quince euros, si eso, podría ir en autobús a casa luego. Por suerte, mis púas y mi llave de tubo de la suerte seguían en la saca.

-No parece que me haya traído demasiada suerte, dichosa llave- Tenía que pasar algo bueno en algún momento, ya empezaba a tocar, ¿no?

Salí otra vez a la calle, calzado y vestido, con mi chaleco, me dispuse a internarme en esa puñetera niebla, el día claro y soleado se había tornado en una masa espesa de vapor de agua, podía verse, como mucho, a unos 7 u 8 metros. Decidí que era mejor comer algo antes, las clínicas suelen tener alguna clase de cafetería, ya dejaría el pago en la barra si no había nadie. Y así fue, había una cafetería, vacía, ¿cómo no? Empezaba a hacerme gracia el asunto. Comí un par de croissants no demasiado buenos, estaban envasados al vacío así que ni me preocupé. Y encontré varias botellas de Cola y de agua mineral. Un par de cada, y una cola para el momento, la cafeína me iría bien, me habría hecho un café, pero nunca he sabido usar una máquina de café de bar, y no me inspiraba confianza el ascensor para ir al 2º piso otra vez, y las escaleras... Me escocía la pierna, tampoco pasa nada por no tomarse un café.
Ahora sí, salí a la calle, se estaba poniendo oscuro, y yo pensaba que era por la mañana, ¡sí que estaba desorientado! Pero me encaminé hacia donde estaba la parada de autobús más próxima, izquierda, recto, recto, izquierda, recto, derecha, recto. Sólo un par de manzanas y tenía media docena de líneas de autobús, a ver si podía subirme a alguno, o puede que hubiera alguna noticia ahí. En esa avenida suele haber bastante movimiento. Pero no, no había nadie, ningún ruido, y así como llegué a la parada me senté, los horarios seguían igual, el silencio también, y durante lo que me pareció una eternidad, no pasó ningún autobús, ni ningún otro vehículo. Empezaba a refrescar, y también empezaba a molestarme aquél rollo de tanto silencio y tanta niebla. Por lo menos no parecía ninguna clase de gas nocivo ni nada parecido. Sólo niebla.

Fui a liarme un cigarro, dejé de fumar hace un tiempo, pero últimamente había dado algunos tiros y, dada la situación, me merecía algo 'bueno' (sé que fumar no es bueno, pero a mí me gusta, y decidí premiarme por mi paciencia con el silencio)

Lié el cigarro, papel fino, tabaco suave pero aromático, sin filtro, -ya que te metes basura en el cuerpo no te pongas remilgado- pensé. -¿Dónde está mi mechero? Yo tenía mechero- murmuré-Vale, aquí está-.
Escondido al fondo de un bolsillo del chaleco, ese pequeño bastardo disfrutaba jugando al escondite, como las llaves o el mando de la tele. Son unos pequeños cabrones.

Chispa número uno. No enciende. Chispa número dos. No enciende. Chispa número tres. No enciende. Comprobar que haya gas. Chispa número cuatro. No enciende.-¿Pero qué coj...?

No pude terminar la frase. Alguien tiró de mí desde mi derecha.
-¡Shht! No hagas ruido- me susurró.
-¿Quién mierda eres, eh?- dije no muy feliz, pero sin levantar mucho la voz. Me arrastró hacia la entrada de un bar que había justo por detrás de la parada de autobús.
-Cállate, espera. Mira- sus ojos oscuros reflejaban nervios, ¿por qué nervios? Si no había nadie en ningún lado. Pero señaló al banco donde había estado sentado instantes antes, a sólo unos metros del bar, gracias a la niebla no distinguí demasiado, pero pude oír perfectamente como algo, o alguien, mejor dicho, caía sobre la parada de autobús, sonido de golpe sobre metal, pasos sobre el techo de la parada, un gruñido, otro gruñido pero algo enfadado, dio un par de golpes al asiento, con rabia. Lo dejó hecho una pena, tampoco era una gran pérdida, no era muy cómodo. Y se fue trepando por una pared. ¿Gorilas rabiosos en mi ciudad? ¿En Palma? Imposible, ni de coña, ¡já! Ni cobrando me lo creería. Aquello, sin embargo, no eran gorilas.
-Ya se ha ido, ¿de dónde sales? ¿Y por qué no te cubres un poco más? Vas a inhalar gases chungos, y te convertirás en eso que acabas de ver.
-¿Qué?- cara de inútil perdido al canto- No creo haber comprendido, eso era alguien de aquí, que inhaló...
¿niebla? ¿De qué gases me estás hablando?- me extendió una mascarilla anti-polvo, normal y corriente.
-¿Esto? Esto no previene inhalar gases de ningún tipo. Tengo una máscara antigua en casa que aún funciona, podría ir a buscarla.
-Servirá por ahora, hay que esconderse hasta que se disipe la niebla. ¿Queda lejos tu casa? ¿Y de dónde sales? Llevamos meses así, se acaban las provisiones y nadie parece tener una respuesta para esta mierda.
-¿Qué? ¿En serio? A ver, explícame un poco las cosas, yo me he levantado en la clínica hace una horita o así, aún había luz.
-Vámonos, te lo explico por el camino.
-Ok, dirección Carrefour.
-¿En serio? Eso no es bueno...-Tardó en volver a hablar.
-Göran, por cierto, ¿tú eres?
-Anne. Pareces sorprendido.
-Nada, entre el susurrar, lo oscuro que está todo, y lo tapada que vas, pensé que eras un tío.
-Ah, pues ya sabes, te has equivocado, Goran.
-No se pronuncia así.
-Pues explícamelo.
-Bah, es igual, nadie lo pronuncia bien... Ni siquiera es mi nombre de verdad, sólo es una traducción a lo que sería en otro idioma.
-Pues hala, Goran y listo.
-Explícame por qué no es bueno ir hacia el Carrefour, pero vamos tirando, o vamos a dar un rodeo, pero vamos ya, empieza a refrescar.
-Vale.
-¿Crees que habrá alguien fuera de la ciudad?
-Ni idea, no he visto a demasiada gente, salvo los 'gorilas' como tú los llamas. Y poca cosa más.
-¿Quieres cola?
-¿De beber?
-Claro, ¿la quieres de pegar?- Entonces solté una risotada, seguida de recibir una colleja. -¡Eh!
-Silencio, ¿o quieres que vuelva el gorila con sus amigos?
-Mejor no, no pareció amigable.
-Pues dame esa cola y vamos.

Presentación:Blog de La Ciudad Olvidada

Presentación del blog

Hola, soy Göran, el administrador, escritor, bloguero, o cómo se diga, que maneja éste blog. Todo lo que aquí se publica, salvo los comentarios, va íntegramente de mi mano, con alguna ayudita externa por parte de mis conocidos pero, mayormente, es cosa mía. Lo digo por la posibilidad de cuestiones de diversa índole legal como derechos de autor, infracciones de 'copyright', contenido ofensivo, etc.

Digo, para empezar, que seguramente haya algunas palabras malsonantes, aunque NO, y reitero, NO habrá ningún contenido de sexo explícito ni nada similar, así como no tengo ninguna intención de subir ninguna imagen en la que sea patente violencia extrema y gratuita, sexualidad, o 'gore' extremo. Aunque, debido a la naturaleza de la historia que aquí será contada, alguna situación violenta, sangrienta, o posible 'gore' sí se dará. Pero repito, todo el contenido será revisado por mí antes de ser publicado.

Si alguien tiene alguna reclamación que hacer no dude en ponerse en contacto conmigo mediante e-mail en la siguiente dirección: gorancatany@hotmail.com

Atenderé cualquier queja, comentario, o cuestión de cualquier tema relacionada con la historia y los demás contenidos de este blog.

Presentación de la historia:

La historia que contaré la contaré en primera persona. Trata sobre la vida de un personaje inspirado en mí, con mi forma de pensar y actuar, el aspecto ya lo dejo más a juicio de cada cual, pues no soy ningún Adonis. Los lugares pueden ser reales en alguna ocasión, pero NO los acontecimientos relatados.
Los personajes que aparecerán en mi historia están inspiradas en gente de mi entorno, pudiendo variar nombre o aspecto pero, en general, serán casi tal que son en realidad a mis ojos.

Para más información póngase en contacto conmigo mediante la dirección de e-mail que indiqué arriba, o lea la historia.

Iré actualizando con nuevos capítulos cada tanto. Se admitirán comentarios, pero cualquier spoiler, lenguaje inadecuado o poco respetuoso, y spam (publicidad) será borrado.