¡Prrr prrr! ¡Prrr prrr!
-¿Qué?
¡Prrr prrr! ¡Prrr prrr!
-Ha sido un sueño, sólo un sueño, menos mal. -La alarma me despertó, significa que son las 8 de la mañana. -Veamos, levantarse, pasar por el lavabo y desayunar. Fácil. En marcha... ¿Qué día es? -Miré al móvil- ¿Jueves? ¿Por qué jueves? Pensé que era martes hoy, ya no sé ni en qué mundo vivo...
De pronto un grito lejano.
-¡Goran!
Casi imperceptible.
-¡Goran! ¡Levántate especie de orangután! ¡Ya!
Abrí los ojos, -vaya, no ha sido ningún sueño, me cago en...-Me gritaba y tiraba de mí.
-Levántate, hay que moverse ya señor marmota. -Me despejé en seguida, una especie de rugidos se oían fuera. No recordaba haberme dormido en ningún momento. - ¿Dónde estamos? -Pregunta estúpida, vi que dentro de una furgoneta. Dormimos en los mismos asientos de la furgoneta, suerte que tuviera cortinas, porque fuera no parecía que hubiera ningún edén.
-¿Que dónde estamos? ¿Pues a ti qué te parece? Estamos enmarronados, lumbrera. Muévete.
Me levanté de un salto, three step touch* y la seguí a la parte de atrás. -Ojalá las circumstancias fueran distintas- pensé.
Salimos por detrás de la furgoneta, estaba muy pegada a una pared que daba a un callejón, por suerte, lleno de trastos, contenedores de basura, coches penosamente aparcados, y un árbol caído. ¿Qué haría ahí un árbol caído? Nadie se enfada tanto con un árbol.
Nos ocultamos en la entrada de un edificio cercano y esperamos. Pareció que pasamos inadvertidos, así que esperamos algo más, hay que estar seguro.
-Entonces...¿no podemos ir en la furgoneta?-
-No.
-¿Por qué? La niebla hoy no es tan espesa.
-Llamaríamos la atención de esas cosas.
-Cierto, ¿cuánto nos falta?
-Varias manzanas, te quedaste sobado de cualquier manera en medio de la calle. Tuve que meterte ahí y cerrar las cortinas.
-Gracias, supongo. ¿Seguimos sin saber qué son?
-Sí, no son gorilas, tranquilo. Pero no son gente, definitivamente, pude ver a uno muy de cerca antes de despertarte.
El día parecía ir aclarando, pronto podríamos seguir adelante sin preocupaciones graves.
-Me da que habría sido mejor que fueran gorilas. A ver si se aclara del todo el día y podemos irnos. ¿No hay más gente en ningún lado? Estaría bien que hubiera alguien 'normal', alguien que pudiera aclararnos qué pasa.
-Pues sí, pero se siente, de momento no parece ser el caso. Vamos, ya se ha disipado la niebla, y éste callejón, ahora que lo veo, da bastante asco.
-Ok, creo que deberíamos subir por la calle principal, los callejones no me da que sean muy seguros.
-Sí, mejor vamos por la principal pero sin llamar la atención, no sea cosa.
-¿Y dónde vamos, exactamente?
-No sé, hay que salir de la ciudad, en las afueras habrá menos posibilidades de que haya tanta niebla, digo yo.
-Vale, pues podríamos pasar por casa, querría comprobar un par de cosas.
-¿Queda lejos?
-A este ritmo creo que varios días, si pudiéramos andar del tirón sería más rápido, en unas horas a pie estaríamos ahí.
-Ya se verá.
Seguimos andando bajo un sol de justicia a la sombra de los balcones de la calle General Riera, pero al llegar al Carrefour vimos que estaba todo cortado. Había coches por todas partes, como amontonados. Parecía algo difícil de trepar y también de sortear.
-Es como si quisieran que nadie entrara y nadie saliera-dijo.
-Sí, hay que encontrar el modo de pasar.
De pronto algo le rozó el hombro y soltó un grito como los de las películas de miedo cutres.
-¿Qué pasa? -dije.
Saltó y sacó un cuchillo de tamaño considerable, parecía artesanal y rudimentario.
Nos encontramos de cara con una figura extraña. Una especie de señor bajo unas mantas mugrientas y malolientes. Parecía que arrastrara un trozo de tierra con hojas pegadas y algo de hierba creciéndole por la espalda. Estaba flaco, y tenía pinta de no haber comido en décadas.
-¿Quién eres y qué quieres? dijo Anne.
-¿De dónde ha salido este viejo? dije yo, aún con el susto en el cuerpo.
El silencio se prolongó unos segundos mientras el viejo nos examinaba con la mirada.
-De modo que no sois sombras. Eso está muy bien.
-¿Sombras? -nos sorprendimos preguntando a la vez, nuestras caras reflejaban una absoluta ignorancia de qué estaba pasando y quién era aquel señor. Parecía haber vivido ahí demasiado tiempo como para estar cuerdo.
-Sombras -dijo.-Aquellos que vienen con la niebla, que por cierto no tardará en volver, refugiémonos en lugar fresco y seco.
-Fresco y seco, ahora nos meteremos bajo tierra, o algo. -Dije bastante excéptico.
-No, bajo tierra no, eso sería como enterrarse vivos, eso no está bien. Venid.
Nos guió hacia un callejón cercano, donde abrió una puerta que estaba oculta en los ladrillos. Cuando se cerraba no parecía que hubiera puerta.
-No os quejéis por el olor de toda esa basura de la entrada, despista y permite que no nos sigan.
-Pues no huele precisamente bien. -Anne se había puesto la mascarilla otra vez.
-Esa mascarilla no te protegerá de las Sombras. Sólo acabando con la niebla acabarás con las Sombras.
-Acabar con la niebla, parece fácil dicho así. -dijo quitándose la máscara. -¿Cómo se acaba con la niebla? ¿Hay que cantarle a los dioses, o algo así?
-No, realmente no sé qué hay que hacer.
-Mal vamos...
-No es tan terrible, puedo deciros por qué estamos así, la raíz del problema es la clave de la solución.
El ansia me podía, ¿cómo era posible que aquel señor mugriento hubiera sobrevivido ahí? Ni siquiera parecía poder alimentarse de nada.
-Ya hemos llegado.
Mientras hablábamos habíamos llegado, a través de varios túneles, a una especie de 'guarida' donde se apreciaban unos cuantos lechos, una pica con agua corriente y una cocina muy rudimentaria. Las latas de comida de una estantería sugerían que el hombre no pasaba hambre, pero su aspecto sí.
-Vale, ¿ahora qué? -dijo mi compañera.
-Estaría bien picar algo, ayer nos merendamos lo poco que recuperé de la clínica.
-¿Habéis estado en una clínica? ¿Puedo preguntar por qué?
-Bueno, yo estuve, me desperté ahí, no sé ni qué ha pasado.
-Puedo explicártelo yo, si queréis. Tomad asiento, dejad que me quite estos harapos -Una vez sin su manta roñosa pareció un viejecito flacucho normal y corriente, no muy alto, nada en él inspiraba nada especial. Era un viejo rastrojo.
-Entonces... ¿podemos picar algo?
-Claro, claro, poneos las botas.
Mientras engullíamos un par de latas de lo que parecía sopa de albóndigas con guisantes, o algo así, puesto que las etiquetas hacía tiempo que no estaban, nos contó una historia curiosa.
-Dejádme que me encienda una pipa y os contaré la historia de la Ciudad Olvidada.
-Seguro que me recuerda a algún videojuego -dije.
-¿Videojuego? -Preguntó Anne.
-Callaos, u os quedáis sin historia, ¡leñe! Todo empezó hace mucho tiempo, yo tendría vuestra edad, más o menos, la ciudad no tenía nada especial, pero funcionaba activamente, los comercios hacían sus negocios, todo funcionaba, la gente vivía bien, o muy bien, o relativamente bien, según el caso, pero no había demasiada gente muriéndose de hambre, que digamos. Hasta que un día, no se sabe por qué, todo el mundo se fue, todos se largaron. Nos quedamos unos pocos, sobrevivimos como pudimos, plantábamos nuestros propios alimentos, iba todo más o menos bien, pero un día empezó a llenarse todo de niebla, primero pensamos en que sería una nube tóxica, pero no lo era. Pensamos en contaminación, nos enteramos de que todo el mundo se había ido a la nueva Gran Ciudad, toda la industria y los polígonos industriales con fábricas humeantes nos inspiraron a pensar que la niebla tenía algo que ver con el humo. Pero no era así. Simplemente se llenó todo de niebla, una niebla horrible. Empezamos a morir porque las plantas no crecen cuando hay niebla, y los ratos de sol eran tan escasos que no daban para que nada proliferara, salvo la desesperación. Y cuando nos planteamos irnos de la ciudad, nos dimos cuenta de que había un muro de escombros, vehículos, y demás cacharros rodeando toda la ciudad. Justo os encontré frente al último pedazo de muro que queda. Lo tiramos abajo, sin saber quién lo había montado, indignados de saber que nos habían encerrado ahí. Después nos dirigimos a fuera, a los pueblos, pero toda la gente se había ido. La Gran Ciudad había absorbido a toda la población, ni siquiera pensábamos que pudiera valer la pena estar en tal lugar.
-Entonces...¿por eso no hay nadie? ¿Y las 'Sombras'? Pensábamos que eran gente, aunque no lo parecen.
-¿Te has fijado en que no tienen cara? No tienen rostro, su faz es inexistente, no son corpóreos, son sólo sombras. Aunque son sombras que pueden hacerte mucho daño, si quieren.
-Entonces no nos atacan por hambre o por territorio.
-No, y si me seguís interrumpiendo no habrá historia que os cuente, jóvenes. Que por cierto, ¿qué hay entre vosotros?- Angie se sonrojó, yo miré a otro lado.
-Nada -dijimos los dos.
-Ya veo, nada, seguro -y nos guiñó uno de sus ojos arrugados y apagados -Seguiré, no os haré más caso. Cuando nos dirigimos a la Gran Ciudad, vimos que estaba rodeada por una gran muralla, supusimos que para proteger a la gente de dentro de lo que hubiera fuera, no tenía mucho sentido que lo de dentro fuera peor que donde estábamos nosotros. Supusimos que nos temían por haber optado por seguir con nuestras vidas, por ser 'distintos' y no aceptar a la Gran Ciudad como nuestra ama, y que por eso nos encerraron con lo primero que encontraron. Hace tiempo de eso, mis compañeros han muerto ya, a mí no me queda mucho, pero si vais allí, aseguraos de hacer que deje de haber niebla. Ya no recuerdo cómo es un día sin niebla.
-Bueno, parece que habrá que ir, aunque me gustaría saber cómo es posible que haya estado unos pocos días inconsciente por un accidente de tráfico y de pronto hayan pasado décadas -mi cerebro no podía procesarlo. Simplemente no podía.
-Eso ya no te lo sé explicar, joven, aunque podéis quedaros a dormir, si queréis, mañana será un día duro, intuyo que queréis salir de la ciudad.
-Así es, íbamos a ir a los pueblos en busca de gente, aunque ahora ya no estoy tan convencida de que haya alguien ahí fuera.
-Seguramente no.
-Pero yo quiero pasar por casa de mis padres, si es que sigue siendo su casa.
-Tendréis que comprobarlo, ahora a dormir.
Acto seguido se quedó dormido tal cual estaba sentado, empezó a roncar y no pudimos dormir ninguno de los dos más de cinco minutos seguidos. Por lo menos estábamos a salvo, y habíamos encontrado un par de respuestas, aunque aún quedaran demasiadas preguntas sin responder.
-Mañana será otro día, buenas noches, orangután.
-Que te den, buenas noches, Anita.
-Cállate, no me llamo así.
-Yo tampoco.
Ésa noche soñé algo tan ñoño y tan ridículamente moñas que no pienso describirlo. Por la mañana nos despertó el silencio.
Demasiado silencio.
-¿Qué?
¡Prrr prrr! ¡Prrr prrr!
-Ha sido un sueño, sólo un sueño, menos mal. -La alarma me despertó, significa que son las 8 de la mañana. -Veamos, levantarse, pasar por el lavabo y desayunar. Fácil. En marcha... ¿Qué día es? -Miré al móvil- ¿Jueves? ¿Por qué jueves? Pensé que era martes hoy, ya no sé ni en qué mundo vivo...
De pronto un grito lejano.
-¡Goran!
Casi imperceptible.
-¡Goran! ¡Levántate especie de orangután! ¡Ya!
Abrí los ojos, -vaya, no ha sido ningún sueño, me cago en...-Me gritaba y tiraba de mí.
-Levántate, hay que moverse ya señor marmota. -Me despejé en seguida, una especie de rugidos se oían fuera. No recordaba haberme dormido en ningún momento. - ¿Dónde estamos? -Pregunta estúpida, vi que dentro de una furgoneta. Dormimos en los mismos asientos de la furgoneta, suerte que tuviera cortinas, porque fuera no parecía que hubiera ningún edén.
-¿Que dónde estamos? ¿Pues a ti qué te parece? Estamos enmarronados, lumbrera. Muévete.
Me levanté de un salto, three step touch* y la seguí a la parte de atrás. -Ojalá las circumstancias fueran distintas- pensé.
Salimos por detrás de la furgoneta, estaba muy pegada a una pared que daba a un callejón, por suerte, lleno de trastos, contenedores de basura, coches penosamente aparcados, y un árbol caído. ¿Qué haría ahí un árbol caído? Nadie se enfada tanto con un árbol.
Nos ocultamos en la entrada de un edificio cercano y esperamos. Pareció que pasamos inadvertidos, así que esperamos algo más, hay que estar seguro.
-Entonces...¿no podemos ir en la furgoneta?-
-No.
-¿Por qué? La niebla hoy no es tan espesa.
-Llamaríamos la atención de esas cosas.
-Cierto, ¿cuánto nos falta?
-Varias manzanas, te quedaste sobado de cualquier manera en medio de la calle. Tuve que meterte ahí y cerrar las cortinas.
-Gracias, supongo. ¿Seguimos sin saber qué son?
-Sí, no son gorilas, tranquilo. Pero no son gente, definitivamente, pude ver a uno muy de cerca antes de despertarte.
El día parecía ir aclarando, pronto podríamos seguir adelante sin preocupaciones graves.
-Me da que habría sido mejor que fueran gorilas. A ver si se aclara del todo el día y podemos irnos. ¿No hay más gente en ningún lado? Estaría bien que hubiera alguien 'normal', alguien que pudiera aclararnos qué pasa.
-Pues sí, pero se siente, de momento no parece ser el caso. Vamos, ya se ha disipado la niebla, y éste callejón, ahora que lo veo, da bastante asco.
-Ok, creo que deberíamos subir por la calle principal, los callejones no me da que sean muy seguros.
-Sí, mejor vamos por la principal pero sin llamar la atención, no sea cosa.
-¿Y dónde vamos, exactamente?
-No sé, hay que salir de la ciudad, en las afueras habrá menos posibilidades de que haya tanta niebla, digo yo.
-Vale, pues podríamos pasar por casa, querría comprobar un par de cosas.
-¿Queda lejos?
-A este ritmo creo que varios días, si pudiéramos andar del tirón sería más rápido, en unas horas a pie estaríamos ahí.
-Ya se verá.
Seguimos andando bajo un sol de justicia a la sombra de los balcones de la calle General Riera, pero al llegar al Carrefour vimos que estaba todo cortado. Había coches por todas partes, como amontonados. Parecía algo difícil de trepar y también de sortear.
-Es como si quisieran que nadie entrara y nadie saliera-dijo.
-Sí, hay que encontrar el modo de pasar.
De pronto algo le rozó el hombro y soltó un grito como los de las películas de miedo cutres.
-¿Qué pasa? -dije.
Saltó y sacó un cuchillo de tamaño considerable, parecía artesanal y rudimentario.
Nos encontramos de cara con una figura extraña. Una especie de señor bajo unas mantas mugrientas y malolientes. Parecía que arrastrara un trozo de tierra con hojas pegadas y algo de hierba creciéndole por la espalda. Estaba flaco, y tenía pinta de no haber comido en décadas.
-¿Quién eres y qué quieres? dijo Anne.
-¿De dónde ha salido este viejo? dije yo, aún con el susto en el cuerpo.
El silencio se prolongó unos segundos mientras el viejo nos examinaba con la mirada.
-De modo que no sois sombras. Eso está muy bien.
-¿Sombras? -nos sorprendimos preguntando a la vez, nuestras caras reflejaban una absoluta ignorancia de qué estaba pasando y quién era aquel señor. Parecía haber vivido ahí demasiado tiempo como para estar cuerdo.
-Sombras -dijo.-Aquellos que vienen con la niebla, que por cierto no tardará en volver, refugiémonos en lugar fresco y seco.
-Fresco y seco, ahora nos meteremos bajo tierra, o algo. -Dije bastante excéptico.
-No, bajo tierra no, eso sería como enterrarse vivos, eso no está bien. Venid.
Nos guió hacia un callejón cercano, donde abrió una puerta que estaba oculta en los ladrillos. Cuando se cerraba no parecía que hubiera puerta.
-No os quejéis por el olor de toda esa basura de la entrada, despista y permite que no nos sigan.
-Pues no huele precisamente bien. -Anne se había puesto la mascarilla otra vez.
-Esa mascarilla no te protegerá de las Sombras. Sólo acabando con la niebla acabarás con las Sombras.
-Acabar con la niebla, parece fácil dicho así. -dijo quitándose la máscara. -¿Cómo se acaba con la niebla? ¿Hay que cantarle a los dioses, o algo así?
-No, realmente no sé qué hay que hacer.
-Mal vamos...
-No es tan terrible, puedo deciros por qué estamos así, la raíz del problema es la clave de la solución.
El ansia me podía, ¿cómo era posible que aquel señor mugriento hubiera sobrevivido ahí? Ni siquiera parecía poder alimentarse de nada.
-Ya hemos llegado.
Mientras hablábamos habíamos llegado, a través de varios túneles, a una especie de 'guarida' donde se apreciaban unos cuantos lechos, una pica con agua corriente y una cocina muy rudimentaria. Las latas de comida de una estantería sugerían que el hombre no pasaba hambre, pero su aspecto sí.
-Vale, ¿ahora qué? -dijo mi compañera.
-Estaría bien picar algo, ayer nos merendamos lo poco que recuperé de la clínica.
-¿Habéis estado en una clínica? ¿Puedo preguntar por qué?
-Bueno, yo estuve, me desperté ahí, no sé ni qué ha pasado.
-Puedo explicártelo yo, si queréis. Tomad asiento, dejad que me quite estos harapos -Una vez sin su manta roñosa pareció un viejecito flacucho normal y corriente, no muy alto, nada en él inspiraba nada especial. Era un viejo rastrojo.
-Entonces... ¿podemos picar algo?
-Claro, claro, poneos las botas.
Mientras engullíamos un par de latas de lo que parecía sopa de albóndigas con guisantes, o algo así, puesto que las etiquetas hacía tiempo que no estaban, nos contó una historia curiosa.
-Dejádme que me encienda una pipa y os contaré la historia de la Ciudad Olvidada.
-Seguro que me recuerda a algún videojuego -dije.
-¿Videojuego? -Preguntó Anne.
-Callaos, u os quedáis sin historia, ¡leñe! Todo empezó hace mucho tiempo, yo tendría vuestra edad, más o menos, la ciudad no tenía nada especial, pero funcionaba activamente, los comercios hacían sus negocios, todo funcionaba, la gente vivía bien, o muy bien, o relativamente bien, según el caso, pero no había demasiada gente muriéndose de hambre, que digamos. Hasta que un día, no se sabe por qué, todo el mundo se fue, todos se largaron. Nos quedamos unos pocos, sobrevivimos como pudimos, plantábamos nuestros propios alimentos, iba todo más o menos bien, pero un día empezó a llenarse todo de niebla, primero pensamos en que sería una nube tóxica, pero no lo era. Pensamos en contaminación, nos enteramos de que todo el mundo se había ido a la nueva Gran Ciudad, toda la industria y los polígonos industriales con fábricas humeantes nos inspiraron a pensar que la niebla tenía algo que ver con el humo. Pero no era así. Simplemente se llenó todo de niebla, una niebla horrible. Empezamos a morir porque las plantas no crecen cuando hay niebla, y los ratos de sol eran tan escasos que no daban para que nada proliferara, salvo la desesperación. Y cuando nos planteamos irnos de la ciudad, nos dimos cuenta de que había un muro de escombros, vehículos, y demás cacharros rodeando toda la ciudad. Justo os encontré frente al último pedazo de muro que queda. Lo tiramos abajo, sin saber quién lo había montado, indignados de saber que nos habían encerrado ahí. Después nos dirigimos a fuera, a los pueblos, pero toda la gente se había ido. La Gran Ciudad había absorbido a toda la población, ni siquiera pensábamos que pudiera valer la pena estar en tal lugar.
-Entonces...¿por eso no hay nadie? ¿Y las 'Sombras'? Pensábamos que eran gente, aunque no lo parecen.
-¿Te has fijado en que no tienen cara? No tienen rostro, su faz es inexistente, no son corpóreos, son sólo sombras. Aunque son sombras que pueden hacerte mucho daño, si quieren.
-Entonces no nos atacan por hambre o por territorio.
-No, y si me seguís interrumpiendo no habrá historia que os cuente, jóvenes. Que por cierto, ¿qué hay entre vosotros?- Angie se sonrojó, yo miré a otro lado.
-Nada -dijimos los dos.
-Ya veo, nada, seguro -y nos guiñó uno de sus ojos arrugados y apagados -Seguiré, no os haré más caso. Cuando nos dirigimos a la Gran Ciudad, vimos que estaba rodeada por una gran muralla, supusimos que para proteger a la gente de dentro de lo que hubiera fuera, no tenía mucho sentido que lo de dentro fuera peor que donde estábamos nosotros. Supusimos que nos temían por haber optado por seguir con nuestras vidas, por ser 'distintos' y no aceptar a la Gran Ciudad como nuestra ama, y que por eso nos encerraron con lo primero que encontraron. Hace tiempo de eso, mis compañeros han muerto ya, a mí no me queda mucho, pero si vais allí, aseguraos de hacer que deje de haber niebla. Ya no recuerdo cómo es un día sin niebla.
-Bueno, parece que habrá que ir, aunque me gustaría saber cómo es posible que haya estado unos pocos días inconsciente por un accidente de tráfico y de pronto hayan pasado décadas -mi cerebro no podía procesarlo. Simplemente no podía.
-Eso ya no te lo sé explicar, joven, aunque podéis quedaros a dormir, si queréis, mañana será un día duro, intuyo que queréis salir de la ciudad.
-Así es, íbamos a ir a los pueblos en busca de gente, aunque ahora ya no estoy tan convencida de que haya alguien ahí fuera.
-Seguramente no.
-Pero yo quiero pasar por casa de mis padres, si es que sigue siendo su casa.
-Tendréis que comprobarlo, ahora a dormir.
Acto seguido se quedó dormido tal cual estaba sentado, empezó a roncar y no pudimos dormir ninguno de los dos más de cinco minutos seguidos. Por lo menos estábamos a salvo, y habíamos encontrado un par de respuestas, aunque aún quedaran demasiadas preguntas sin responder.
-Mañana será otro día, buenas noches, orangután.
-Que te den, buenas noches, Anita.
-Cállate, no me llamo así.
-Yo tampoco.
Ésa noche soñé algo tan ñoño y tan ridículamente moñas que no pienso describirlo. Por la mañana nos despertó el silencio.
Demasiado silencio.
- 'Three step touch' - Se refiere a tocar en tres puntos clave de la indumentaria en busca de objetos importantes, tales como las llaves, el teléfono móvil, la cartera, etc. En éste caso se refiere a haber tocado en los polsillos principales del pantalón y el chaleco para ver si estaba todo.