lunes, 12 de agosto de 2013

CAPÍTULO CUARTO: Cuarentena

-Ding!-Sonó una especie de campana.

-Sujeto limpio- Dijo una voz femenina enlatada.

-Bien, veamos cómo se encuentra nuestro amigo hoy. ¿Enfermera? Tráigame el informe.
-Aquí tiene. No presenta síntomas de intoxicación y sus constantes son estables.
-Excelente, haga traer algo de comer a este chaval, a saber por lo que habrá pasado. Parece algo deshidratado, traigan agua también.
-Sí señor.

-No sé si esto es una broma o qué pasa- Pensé- ¿Dónde estoy?- Intenté decir.
-Esperen, ha dicho algo. Dime, chaval, ¿cuál es tu nombre? ¿Sabes dónde estás? ¿Sabes quién eres?
Todo lo que conseguía articular era alguna clase de gemido débil y apagado.
-Parece que intenta decir algo, reduzcan la dosis de calmante en un veinticinco por cien.
-Si señor. Listo.
-Volveremos en un rato, a ver qué nos cuenta. ¿Fue el único superviviente?
-Sí señor, los demás estaban desperdigados por todas partes.
¿De dónde "había sobrevivido"? ¿Calmantes? Joder...

Pasaban los minutos y empezó a dolerme todo. Absolutamente todo. Intenté moverme, pero no, no iba a funcionar.
Al cabo de varias horas, o lo que me parecieron horas, logré distinguir algo de dónde estaba, parecía obvio que tenía que ser alguna clase de clínica, pero...¿obsoleta? Parecía de hacía como cuarenta años, pero en nuevo, todo estaba muy limpio, aunque la maquinaria y el mobiliario eran de una época que jamás llegué a vivir. Me dormí.

-Ding!- Volvió a sonar la campana, seguida del pertinente -Sujeto limpio- de la voz enlatada.

-Veamos, este paciente tiene que irse pronto, se ha declarado el estado de cuarentena para toda la zona y ya quedan unos pocos. Chico, tienes buena cara hoy, ¿has hecho deporte? Jajajaj- Su risotada fue ensordecedora. La verdad es que no, no hice deporte, y me alarmaba la idea de que hubiera un estado de 'cuarentena'-A ver cómo tienes hoy las constantes. Enfermera, la ficha del paciente.
-Aquí tiene.
-M...M-Me pueden...-No conseguía articular. Sólo quería saber qué cojones pasaba.
-Dime, hijo, enfermera, traiga un vaso limpio con agua, parece que está más espabilado que lo que pensaba.
-Sí señor, la pasada noche pareció estar despierto bastante rato pero no dijo nada.
-Bien pues, quizás hoy sí nos cuente algo. ¿Sabes quién eres? ¿Dónde estás?
-M...Me puede decir... Uff...-Me dolía la sien, ya no me dolían tanto los brazos, las piernas, sentía arder mi pecho, y llevaba un buen rato queriendo rascarme la planta de un pie- ¿S...Sabe qué hora es?
-Ajajajaj- su risotada volvió a taladrarme el cráneo- ¡Parece que está de buen humor! ¿La hora, dices? Son más o menos las siete de la mañana. ¿Cómo lo ves?- Asentí, ¿qué más podía hacer?-Veo que no te ubicas muy bien, estás en el hospital de Nuestra Señora de Mont del Llaç y se ha declarado el estado de cuarentena, así que incorpórate si puedes, si no te ayudará la amable señorita Amalia, nuestra enfermera favorita- le guiñó el ojo a la enfermera- y te daremos un paseo por los alrededores para que te de un poco el aire, luego irás a la planta de rehabilitación a ver si puedes levantarte y andar sin problemas, te explicaré la situación por el camino. ¿Cómo lo ves?-
Su tono era amistoso pero su voz indicaba que algo no iba bien, siempre hay alguien así, quizás fuera sólo mi impresión. Asentí e hice mi primer intento, estrepitosamente fallido, de levantarme.
-Uff... ¿Me pueden...?- Inmediatamente Amalia, la enfermera, procedió a darme una mano para incorporarme.
-Veo que aún te fallan un poco las fuerzas, es normal, llevas mucho tiempo ahí tumbado.
-¿Sí? -Bien, por lo menos conseguía hablar medio bien.
-Sí, efectivamente, llevas, por lo menos, dos semanas buenas. Te encontraron en las afueras de la ciudad. Que por cierto es Mont del Llaç, el nombre no le pega, para empezar, no hay ningún monte. No estamos en Catalunya, sería más lógico que un nombre tan catalán estuviera allí, pero no. Y la alerta de cuarentena... Eso es más largo de explicar, chico. Ahora tómate este vaso de agua y trata de relajarte, vamos a llevarte a dar una vueltecita. Con la cuarentena no tenemos tantos pacientes, todo el mundo se ha ido.
Mientras hablaba Amalia me había ayudado a sentarme en una silla de ruedas, parecía muy antigua, pero estaba nueva, como todo lo que tenía alrededor. ¿Qué año sería? No recordaba haber visto nunca un hospital con televisores en blanco y negro como el que estaba encendido en el pasillo, en una salita de espera. Aunque no había programación alguna, se había activado una especie de "programación de emergencia" en la que había un texto que sugería:

 <<Procuren un lugar seguro a sus allegados, y manténganse a la espera>>

De camino a rehabilitación, pasando por el patio, una explanada grande, ajardinada, con caminos para que los pacientes pudieran pasear a sus anchas o fueran paseados, como yo, un patio enorme que acababa en unos muros bastante altos, se veía una verja cerrada, y bancos aquí y allá, incluso una cafetería y un aparcamiento donde no había nadie, ni coches aparcados, ni gente en ningún lugar,el doctor, que resultó llamarse Dr. Darío Strano, me contó que hacía varios días se había desatado una especie de guerra civil, parecía que el gobierno quiso legalizar ciertas drogas y sustancias y a la gente se le fue de las manos, acabó expandiéndose a otros países colindantes, y acabó siendo un conflicto demasiado grande, los gobiernos dieron el estado de cuarentena, proclamaron la anarquía, y los gobernantes huyeron al otro lado del océano, donde esperaban que nadie les hiciera pagar por lo que acababan de hacer. El mundo se había llenado de brutos, la "ley de la jungla" reinaba en todas partes. Sólo unos pocos lugares sueltos, aislados, seguían manteniendo algún resquicio de lo que era una sociedad organizada de personas que se ayudan entre sí, pero tienen que mantenerse a salvo de los 'forasteros' aunque, por lo visto, no rechazan ayudar a alguien necesitado. Eso se agradece cuando ése necesitado eres tú.

Cuando llegamos a rehabilitación, habiendo cruzado el patio ajardinado que había tenido épocas mejores, entramos, a través de unos pasillos muy poco modernos, a una gran estancia llena de máquinas arcaicas de caminar, de pesas, etcétera, parecía un gimnasio de los años cuarenta. Todo era perfectamente nuevo y funcional, parecía que hubiera viajado en el tiempo hacia una época pasada.

Me ayudaron a levantarme y me pusieron en una cinta de andar, con una sujeción que evitaba que me cayera si perdía las fuerzas. Me suspendieron sobre aquella máquina, la encendieron, iba muy despacio, y me dijo el Dr. Strano que intentara andar por la cinta.

-No sé si podré.
-Inténtalo, te sorprenderías de lo que eres capaz, cuando llegaste parecía que no durarías ni un par de días.
-¿En serio...?

Me agarré a la máquina, puse los pies en la cinta e inmediatamente se fueron para atrás, intenté caminar por la cinta. Un paso, otro paso, otro paso, otro más. Genial, Podía hacer algo que llevaba haciendo desde hacía lustros, pero esforzándome en hacerlo, pensando cómo tenía que hacerse. Eso no recordaba haberlo hecho nunca...

-Bien, chico, parece que mejoras rápido, ahora intenta caminar algo más rápido, ¿quieres?
-...
-Enfermera, vaya a por algo de comer, este joven no tiene energías para nada.
-Sí señor.

Amalia se fue, volvió con un plato de puré y una especie de filete empanado con ensalada. Lo devoré, lo devoré tan rápido que ni me fijé en lo malo que estaba el puré ni en lo sosa que era la ensalada y el filete empanado.
En seguida tuve energía como para levantarme otra vez, ir a la cinta y caminar un buen rato sin problemas, luego me hicieron levantar peso, y me dijeron que pasara otra noche más en observación y que al día siguiente podría irme si todo iba bien. En cierta manera me sentía a salvo, sabiendo que fuera de allí había desatado un caos monumental, la gente moría por doquier, no había ley, ni orden, ni oportunidades de sobrevivir, y menos para alguien que acababa de pasar dos semanas en estado semi comatoso. Pero, por otro lado, aquél lugar era lúgubre, era sombrío y triste, y no inspiraba nada bueno. Parecía sacado de otra época, pero sin lo bueno. No era normal, algo me decía que aquél lugar no era normal. Me moría de ganas por salir de allí. Me daba miedo.

lunes, 5 de agosto de 2013

CAPÍTULO TERCERO - ¿Recuerdos?

Sol, mucho sol, otra mañana, otra vez el sol en la cara, otra vez la ceguera matutina de gotas de agua mojándome entero. Debería haber traído una lona, o algo... Y qué dolor de cabeza, la boca seca, ¿qué hora es? No ha sonado el despertador...

Me despierto en una completa desolación, en medio de la nada. Mi cacharro aparcado de cualquier manera, no se oye a nadie en esta carretera de mala muerte. Menos mal que no llueve.

¿Qué hora será? Bueno, el sol está ya alto, ¿o está bajo? No sé. Puede ser media mañana o media tarde, qué más da.

Sigamos adelante. Este viaje me está dejando molido, esto me pasa por intentar 'huir de la rutina'. Ya me decían siempre que tuviera algún hobby. Y los tenía, muy caros, pero los tenía. Si alguien hubiera puesto alguna facilidad para llevarlos a cabo todo habría sido distinto. Ahora ya da igual, estoy en medio de la nada, sólo espero que la gasolina baste para llegar a la próxima gasolinera, y que la cartera no esté vacía al llegar allí.

Llevaba ya varias semanas lejos de todo, lejos del trabajo, de la familia, amigos, nadie podía haberme seguido, simplemente huí. ¿Qué pasa si me mato por el camino? Pensarán que he desaparecido sin más, por estas carreteras nadie encontrará mi cuerpo, espero no matarme en ningún lado, mi viaje no ha terminado.

Quizás debería comprobar que todo esté correcto antes de salir.

Llanura. Bien. Ruedas. Bien. Bártulos. Comprobado. Gasolina. Cada vez menos, pero aguantará. Carretera sucia pero suficiente. Presente. Comida... Mierda. Hay que comer, se me va a hacer de noche. ¿Qué me queda? Bien, una lata de alubias con tomate y carne picada, espero que no estén pasadas como los guisantes con champiñones del otro día.
Manjar de dioses es la comida enlatada. Te puede salvar la vida o te puede llevar al hoyo. En este caso no fue nada del otro mundo, habría querido unas alubias con tomate y carne picada caseras, y no esta basura, pero es lo que hay. Por lo menos con este calor se cocinan solas.

No me queda agua. ¿Por qué no habré comprobado antes el agua? Mierda. Simplemente mierda. No pienso hacer de Bear Grylls aún. Aguantemos un par de días, ¿total qué, se me acabó ayer, o así? Sobreviviré. Ya haré algo con un plástico para atrapar rocío.

Y salgo rompiendo el silencio sepulcral de esa mañana, o tarde, sin viento ninguno, a golpe de motor británico de cuatro tiempos. No son tan fiables como los motores japoneses o los alemanes, pero joder, tienen esencia. Y consumen menos que esos armatostes prehistóricos americanorros. Espero que aguante ajustado ligeramente hasta que toque ciudad o algo.

Praderas vacías de vida y llenas de nada pasan a mi alrededor mientras cruzo con ese cachivache con ruedas por las llanuras continentales, hay que ir hacia la costa. En Barcelona y en Valencia podría coger un barco de vuelta, ya son muchos días de viaje 'espiritual'.

Ya he meditado lo suficiente sobre mi vida, he descansado de la compañía de otros, he disfrutado de la soledad y el silencio del llanerismo solitario. Echo de menos encontrarme una montaña de vez en cuando, aunque parece que allá al fondo se ven algunas. No recuerdo una topografía tan llana en esta zona. O quizás me he perdido, ¿quién sabe? De eso se trata, realmente. Perderse, para poder encontrarse. Bon voyage, me dije. Y aquí estoy, hace ya media semana que no veo a nadie por ningún lugar, estas tierras tienen que ser de alguien, pero no se ve a nadie. Sólo yo interrumpo el silencio.

Mira, se ve que era por la tarde, está anocheciendo. Y se ven luces en el horizonte, debería funcionar la bombilla, digo yo.
-click-
Si, esto es otra cosa. Luz suficiente como para no abrirme el cráneo a la primera de cambio. Despacio ahora, no queremos salirnos si hay curvas u obstáculos, ¿verdad? Se me caerían todos los trastos, no quiero tener que recogerlo todo en plena noche, y menos en medio de la carretera, quizás acabe pasando alguien, qué oportuno, justo para atropellarme. Simpática sociedad moderna...

Vale, creo que no llego hoy a la ciudad, o lo que sea que hace luz allá al fondo. Despliego campamento a un lado de la carretera en un plis, y listo. Ya llegaré por la mañana, o por la tarde, qué día tan mal aprovechado... Hoy ni cenaré, ¿para qué, si ni veré lo que me estoy comiendo? Esta vez la comida no me ha sentado mal, eso es bueno. Pero no podré desplegar el 'recogedor de agua'. Buenas noches, moto, buenas noches, llanura. Al salir el sol ya veremos qué nos depara el día.

-pk-
?
-pk-

¿Ehm?

...

-¡PK!-

¿Qué puñetas es eso? O sea, que yo me aclare, ¿qué hace una especie de avestruz calvo y cara de perro mordiéndome las puntas de las botas? Hay peores despertares, pero esto es desconcertante.
-¡Aaah!- Y así es como uno espanta animales que podrían haber sido la cena. Me arrepiento de mi mal despertar. Tanto tiempo viajando y meditando en soledad deberían haberme dado la oportunidad de ser mejor persona. O algo...¿no?

Bueno, a la mierda, por lo menos ya veo la ciudad, bueno... pueblo, bueno... cuatro casas mal puestas. ¿Qué hacen cuatro casas mal puestas en medio de la nada? Espero que siga viviendo ahí alguien, o no, eso podría ser malo... La gente que pasa mucho tiempo sola se vuelve peligrosa... Este tipo de reflexiones me abrasan el cerebro, ¿o será este sol mañanero tan hijo de la gran...? -¡Eh!

-¿Qué?
-¿Quién anda ahí?
-¡Nadie! ¡Digo yo! He pasado la noche a la intemperie, buenos días.
El hombre no parecía tener buenas pulgas, y su escopeta tampoco, ¿de dónde había salido? Por la noche no oí que hubiera nadie ahí, es más, la luz que yo seguía parecía muchísimo más lejana. Si no habría seguido adelante, es lógico. Esas casas parecía que se hubieran teleportado hasta ahí sin hacer ningún ruido.
-¡Largo de mis tierras!
-"Qué tìpico de película americana"- pensé- Vale, disculpe, no quería importunarle, señor. Me pilló la noche desprevenido y decidí acampar, ya me voy. ¿No tendrá usted un poco de...? -Ni terminé la frase, me lanzó un botellín de medio litro de agua frío, casi helado.
-Largo, ya tienes lo que necesitas, lo que quieres no puedo dártelo.
-Pero si ni había acabado de hablar, ¿y qué es lo que "quiero"? Si yo pensaba que lo que quería era agua.
-No, lo que necesitabas era agua, a saber cuánto habrás pasado sin beber. Se tarda mínimo 5 días en atravesar esa zona desértica. No hay agua en ningún lado, y ahora, visto que me has pedido disculpas, dejo que recojas todo antes de irte. Disfruta ése agua, cortesía de la casa, chaval.
La voz de hombre mayor quedaba a un lado vista la vitalidad del sujeto, me sorprendió su cambio de tono, pero había que afanarse en recoger todo, tampoco quería molestar.
-De acuerdo, recojo y me iré, ahora ya tengo algo nuevo en lo que pensar.
-Eso también era algo que necesitabas.
-¿Cómo puede saber que no tenía agua? ¿Y cómo puede saber usted lo que yo quiero sin que yo lo sepa?
-Oh sí que lo sabes, pero estás ciego. Te quedan un par de días para llegar al final de la carretera, ya lo descubrirás.
-Entiendo... Bueno, gracias por el agua y por el consejo, buenos días -había acabado de recoger y me disponía a arrancar. Misma comprobación que el día anterior. Todo bien, Incluso el agua. Chachi. Vámonos.

En pocas horas de camino se veía mucho más cerca la ciudad. Eso es bueno. Pero también se veían unas nubes muy raras y oscuras por detrás de ésta. Bueno, hay que fastidiarse, es lo que hay, la moto necesita un ajuste general, y yo también.

Vaya, sólo llevo veinte minutos desde que divisé esas nubes y ya las tengo casi encima, hay que guarecerse.
Moto, haz de puntal, plástico, haz de techo, rama que me he encontrado, haz de otro puntal. Aquí hay algo de pendiente pero no mucha, y estoy en terreno ligeramente elevado, así que no debería haber ninguna riada.

De pronto truenos, y rayos, y más truenos, coño, no podía ser una lluvia ligera, tenía que ser una tormenta, ahora sí, hay que joderse. Mi techo parece funcionar bastante bien, el puntal no se ha caído y la riada fluye a unos 15 metros de mí, bastante más abajo, no creo que acabe alcanzándome. Supongo que sólo puedo aprovechar para dormir, visto que no me queda comida. Pensé que tenía más. Buenas noches, lluvia.

...
Rrrrrrrrrrr...

...
Rrrrrrrrrrr...

-¿Qué pasa? -Se oía como si alguien taladrara en el suelo con una máquina enorme.

Rrrrrrrrrrr...

Me giro y veo una nube de polvo creciendo, como acercándose a mí. Hay que irse, es obvio, o esconderse. Eso puede estar bien, aunque no hay dónde, y la moto se queda a merced de lo que sea eso. Mejor me largo.

No hay tiempo de comprobaciones, casco, todo en una bola bien amarrado y listo. Nos vamos a la ciudad.
La melodía de 'boys are back in town' vino a mi mente. Está comprobado, a estas alturas, no soy capaz de tomarme nada en serio, bueno, adelante.

Suelo mojado, eso no mola, no mola nada. Veamos, controlar por dónde vamos para no encontrarnos con que nos damos una toña impresionante. ¿Cómo puede ser que levanten polvo si está todo mojado? ¿O sólo ha llovido en una parte de la zona? Eso puede ser, no pareció que estuviera todo el cielo cubierto de nubes.
Exacto, la nube de polvo ya no crece, aunque sí empecé a divisar algo. Eso significa que va más rápido que yo, hay que darle al gas. Menos mal que esta 'burra' corre más que la que tenía antes. Y suena mejor, lo tiene todo, digamos.

-flsssssshhk-Las ruedas se deslizaron por una acumulación de barro sobre la calzada.
-¡Mierda!

Negro, todo está en negro. No veo nada, un pitido sordo me nubla los oídos. Me duele todo. Me arde el brazo. Me parece que me la he dado. Con lo bien que íbamos...


...

Empiezo a oír algo, traqueteo de un motor pesado, algunos golpes secos, ¡pisadas! Alguien se acerca, mierda, que sean buena gente...

-¿Y este?
-¿Está vivo?
-Sí
-Pues recógelo, ¿a qué esperas?
-Quítale lo que pueda tener valor
-No parece que lleve nada.
-Bueno pues nos lo llevamos, lo dejamos en la puerta y nos vamos. Igual que con los demás. No nos hemos parado para volver a dejarlo ahí, la próxima vez que lo encontremos podría tener algo de dinero que darnos involuntariamente.
-Ok, cargadlo.
-Sí.

Bien, la he liado, ¿merodeadores? ¿bandidos? ¿Cómo se harán llamar estos? Espero que 'la puerta' sea la de un hospital porque me duele todo... Espero no haberme quedado ciego.

-Trrrrrrrr...- Suena como a diésel, ¿tendrán un camión?
-¡Vamos!

Mejor me muero, o algo...