-Ding!-Sonó una especie de campana.
-Sujeto limpio- Dijo una voz femenina enlatada.
-Bien, veamos cómo se encuentra nuestro amigo hoy. ¿Enfermera? Tráigame el informe.
-Aquí tiene. No presenta síntomas de intoxicación y sus constantes son estables.
-Excelente, haga traer algo de comer a este chaval, a saber por lo que habrá pasado. Parece algo deshidratado, traigan agua también.
-Sí señor.
-No sé si esto es una broma o qué pasa- Pensé- ¿Dónde estoy?- Intenté decir.
-Esperen, ha dicho algo. Dime, chaval, ¿cuál es tu nombre? ¿Sabes dónde estás? ¿Sabes quién eres?
Todo lo que conseguía articular era alguna clase de gemido débil y apagado.
-Parece que intenta decir algo, reduzcan la dosis de calmante en un veinticinco por cien.
-Si señor. Listo.
-Volveremos en un rato, a ver qué nos cuenta. ¿Fue el único superviviente?
-Sí señor, los demás estaban desperdigados por todas partes.
¿De dónde "había sobrevivido"? ¿Calmantes? Joder...
Pasaban los minutos y empezó a dolerme todo. Absolutamente todo. Intenté moverme, pero no, no iba a funcionar.
Al cabo de varias horas, o lo que me parecieron horas, logré distinguir algo de dónde estaba, parecía obvio que tenía que ser alguna clase de clínica, pero...¿obsoleta? Parecía de hacía como cuarenta años, pero en nuevo, todo estaba muy limpio, aunque la maquinaria y el mobiliario eran de una época que jamás llegué a vivir. Me dormí.
-Ding!- Volvió a sonar la campana, seguida del pertinente -Sujeto limpio- de la voz enlatada.
-Veamos, este paciente tiene que irse pronto, se ha declarado el estado de cuarentena para toda la zona y ya quedan unos pocos. Chico, tienes buena cara hoy, ¿has hecho deporte? Jajajaj- Su risotada fue ensordecedora. La verdad es que no, no hice deporte, y me alarmaba la idea de que hubiera un estado de 'cuarentena'-A ver cómo tienes hoy las constantes. Enfermera, la ficha del paciente.
-Aquí tiene.
-M...M-Me pueden...-No conseguía articular. Sólo quería saber qué cojones pasaba.
-Dime, hijo, enfermera, traiga un vaso limpio con agua, parece que está más espabilado que lo que pensaba.
-Sí señor, la pasada noche pareció estar despierto bastante rato pero no dijo nada.
-Bien pues, quizás hoy sí nos cuente algo. ¿Sabes quién eres? ¿Dónde estás?
-M...Me puede decir... Uff...-Me dolía la sien, ya no me dolían tanto los brazos, las piernas, sentía arder mi pecho, y llevaba un buen rato queriendo rascarme la planta de un pie- ¿S...Sabe qué hora es?
-Ajajajaj- su risotada volvió a taladrarme el cráneo- ¡Parece que está de buen humor! ¿La hora, dices? Son más o menos las siete de la mañana. ¿Cómo lo ves?- Asentí, ¿qué más podía hacer?-Veo que no te ubicas muy bien, estás en el hospital de Nuestra Señora de Mont del Llaç y se ha declarado el estado de cuarentena, así que incorpórate si puedes, si no te ayudará la amable señorita Amalia, nuestra enfermera favorita- le guiñó el ojo a la enfermera- y te daremos un paseo por los alrededores para que te de un poco el aire, luego irás a la planta de rehabilitación a ver si puedes levantarte y andar sin problemas, te explicaré la situación por el camino. ¿Cómo lo ves?-
Su tono era amistoso pero su voz indicaba que algo no iba bien, siempre hay alguien así, quizás fuera sólo mi impresión. Asentí e hice mi primer intento, estrepitosamente fallido, de levantarme.
-Uff... ¿Me pueden...?- Inmediatamente Amalia, la enfermera, procedió a darme una mano para incorporarme.
-Veo que aún te fallan un poco las fuerzas, es normal, llevas mucho tiempo ahí tumbado.
-¿Sí? -Bien, por lo menos conseguía hablar medio bien.
-Sí, efectivamente, llevas, por lo menos, dos semanas buenas. Te encontraron en las afueras de la ciudad. Que por cierto es Mont del Llaç, el nombre no le pega, para empezar, no hay ningún monte. No estamos en Catalunya, sería más lógico que un nombre tan catalán estuviera allí, pero no. Y la alerta de cuarentena... Eso es más largo de explicar, chico. Ahora tómate este vaso de agua y trata de relajarte, vamos a llevarte a dar una vueltecita. Con la cuarentena no tenemos tantos pacientes, todo el mundo se ha ido.
Mientras hablaba Amalia me había ayudado a sentarme en una silla de ruedas, parecía muy antigua, pero estaba nueva, como todo lo que tenía alrededor. ¿Qué año sería? No recordaba haber visto nunca un hospital con televisores en blanco y negro como el que estaba encendido en el pasillo, en una salita de espera. Aunque no había programación alguna, se había activado una especie de "programación de emergencia" en la que había un texto que sugería:
<<Procuren un lugar seguro a sus allegados, y manténganse a la espera>>
De camino a rehabilitación, pasando por el patio, una explanada grande, ajardinada, con caminos para que los pacientes pudieran pasear a sus anchas o fueran paseados, como yo, un patio enorme que acababa en unos muros bastante altos, se veía una verja cerrada, y bancos aquí y allá, incluso una cafetería y un aparcamiento donde no había nadie, ni coches aparcados, ni gente en ningún lugar,el doctor, que resultó llamarse Dr. Darío Strano, me contó que hacía varios días se había desatado una especie de guerra civil, parecía que el gobierno quiso legalizar ciertas drogas y sustancias y a la gente se le fue de las manos, acabó expandiéndose a otros países colindantes, y acabó siendo un conflicto demasiado grande, los gobiernos dieron el estado de cuarentena, proclamaron la anarquía, y los gobernantes huyeron al otro lado del océano, donde esperaban que nadie les hiciera pagar por lo que acababan de hacer. El mundo se había llenado de brutos, la "ley de la jungla" reinaba en todas partes. Sólo unos pocos lugares sueltos, aislados, seguían manteniendo algún resquicio de lo que era una sociedad organizada de personas que se ayudan entre sí, pero tienen que mantenerse a salvo de los 'forasteros' aunque, por lo visto, no rechazan ayudar a alguien necesitado. Eso se agradece cuando ése necesitado eres tú.
Cuando llegamos a rehabilitación, habiendo cruzado el patio ajardinado que había tenido épocas mejores, entramos, a través de unos pasillos muy poco modernos, a una gran estancia llena de máquinas arcaicas de caminar, de pesas, etcétera, parecía un gimnasio de los años cuarenta. Todo era perfectamente nuevo y funcional, parecía que hubiera viajado en el tiempo hacia una época pasada.
Me ayudaron a levantarme y me pusieron en una cinta de andar, con una sujeción que evitaba que me cayera si perdía las fuerzas. Me suspendieron sobre aquella máquina, la encendieron, iba muy despacio, y me dijo el Dr. Strano que intentara andar por la cinta.
-No sé si podré.
-Inténtalo, te sorprenderías de lo que eres capaz, cuando llegaste parecía que no durarías ni un par de días.
-¿En serio...?
Me agarré a la máquina, puse los pies en la cinta e inmediatamente se fueron para atrás, intenté caminar por la cinta. Un paso, otro paso, otro paso, otro más. Genial, Podía hacer algo que llevaba haciendo desde hacía lustros, pero esforzándome en hacerlo, pensando cómo tenía que hacerse. Eso no recordaba haberlo hecho nunca...
-Bien, chico, parece que mejoras rápido, ahora intenta caminar algo más rápido, ¿quieres?
-...
-Enfermera, vaya a por algo de comer, este joven no tiene energías para nada.
-Sí señor.
Amalia se fue, volvió con un plato de puré y una especie de filete empanado con ensalada. Lo devoré, lo devoré tan rápido que ni me fijé en lo malo que estaba el puré ni en lo sosa que era la ensalada y el filete empanado.
En seguida tuve energía como para levantarme otra vez, ir a la cinta y caminar un buen rato sin problemas, luego me hicieron levantar peso, y me dijeron que pasara otra noche más en observación y que al día siguiente podría irme si todo iba bien. En cierta manera me sentía a salvo, sabiendo que fuera de allí había desatado un caos monumental, la gente moría por doquier, no había ley, ni orden, ni oportunidades de sobrevivir, y menos para alguien que acababa de pasar dos semanas en estado semi comatoso. Pero, por otro lado, aquél lugar era lúgubre, era sombrío y triste, y no inspiraba nada bueno. Parecía sacado de otra época, pero sin lo bueno. No era normal, algo me decía que aquél lugar no era normal. Me moría de ganas por salir de allí. Me daba miedo.
-Sujeto limpio- Dijo una voz femenina enlatada.
-Bien, veamos cómo se encuentra nuestro amigo hoy. ¿Enfermera? Tráigame el informe.
-Aquí tiene. No presenta síntomas de intoxicación y sus constantes son estables.
-Excelente, haga traer algo de comer a este chaval, a saber por lo que habrá pasado. Parece algo deshidratado, traigan agua también.
-Sí señor.
-No sé si esto es una broma o qué pasa- Pensé- ¿Dónde estoy?- Intenté decir.
-Esperen, ha dicho algo. Dime, chaval, ¿cuál es tu nombre? ¿Sabes dónde estás? ¿Sabes quién eres?
Todo lo que conseguía articular era alguna clase de gemido débil y apagado.
-Parece que intenta decir algo, reduzcan la dosis de calmante en un veinticinco por cien.
-Si señor. Listo.
-Volveremos en un rato, a ver qué nos cuenta. ¿Fue el único superviviente?
-Sí señor, los demás estaban desperdigados por todas partes.
¿De dónde "había sobrevivido"? ¿Calmantes? Joder...
Pasaban los minutos y empezó a dolerme todo. Absolutamente todo. Intenté moverme, pero no, no iba a funcionar.
Al cabo de varias horas, o lo que me parecieron horas, logré distinguir algo de dónde estaba, parecía obvio que tenía que ser alguna clase de clínica, pero...¿obsoleta? Parecía de hacía como cuarenta años, pero en nuevo, todo estaba muy limpio, aunque la maquinaria y el mobiliario eran de una época que jamás llegué a vivir. Me dormí.
-Ding!- Volvió a sonar la campana, seguida del pertinente -Sujeto limpio- de la voz enlatada.
-Veamos, este paciente tiene que irse pronto, se ha declarado el estado de cuarentena para toda la zona y ya quedan unos pocos. Chico, tienes buena cara hoy, ¿has hecho deporte? Jajajaj- Su risotada fue ensordecedora. La verdad es que no, no hice deporte, y me alarmaba la idea de que hubiera un estado de 'cuarentena'-A ver cómo tienes hoy las constantes. Enfermera, la ficha del paciente.
-Aquí tiene.
-M...M-Me pueden...-No conseguía articular. Sólo quería saber qué cojones pasaba.
-Dime, hijo, enfermera, traiga un vaso limpio con agua, parece que está más espabilado que lo que pensaba.
-Sí señor, la pasada noche pareció estar despierto bastante rato pero no dijo nada.
-Bien pues, quizás hoy sí nos cuente algo. ¿Sabes quién eres? ¿Dónde estás?
-M...Me puede decir... Uff...-Me dolía la sien, ya no me dolían tanto los brazos, las piernas, sentía arder mi pecho, y llevaba un buen rato queriendo rascarme la planta de un pie- ¿S...Sabe qué hora es?
-Ajajajaj- su risotada volvió a taladrarme el cráneo- ¡Parece que está de buen humor! ¿La hora, dices? Son más o menos las siete de la mañana. ¿Cómo lo ves?- Asentí, ¿qué más podía hacer?-Veo que no te ubicas muy bien, estás en el hospital de Nuestra Señora de Mont del Llaç y se ha declarado el estado de cuarentena, así que incorpórate si puedes, si no te ayudará la amable señorita Amalia, nuestra enfermera favorita- le guiñó el ojo a la enfermera- y te daremos un paseo por los alrededores para que te de un poco el aire, luego irás a la planta de rehabilitación a ver si puedes levantarte y andar sin problemas, te explicaré la situación por el camino. ¿Cómo lo ves?-
Su tono era amistoso pero su voz indicaba que algo no iba bien, siempre hay alguien así, quizás fuera sólo mi impresión. Asentí e hice mi primer intento, estrepitosamente fallido, de levantarme.
-Uff... ¿Me pueden...?- Inmediatamente Amalia, la enfermera, procedió a darme una mano para incorporarme.
-Veo que aún te fallan un poco las fuerzas, es normal, llevas mucho tiempo ahí tumbado.
-¿Sí? -Bien, por lo menos conseguía hablar medio bien.
-Sí, efectivamente, llevas, por lo menos, dos semanas buenas. Te encontraron en las afueras de la ciudad. Que por cierto es Mont del Llaç, el nombre no le pega, para empezar, no hay ningún monte. No estamos en Catalunya, sería más lógico que un nombre tan catalán estuviera allí, pero no. Y la alerta de cuarentena... Eso es más largo de explicar, chico. Ahora tómate este vaso de agua y trata de relajarte, vamos a llevarte a dar una vueltecita. Con la cuarentena no tenemos tantos pacientes, todo el mundo se ha ido.
Mientras hablaba Amalia me había ayudado a sentarme en una silla de ruedas, parecía muy antigua, pero estaba nueva, como todo lo que tenía alrededor. ¿Qué año sería? No recordaba haber visto nunca un hospital con televisores en blanco y negro como el que estaba encendido en el pasillo, en una salita de espera. Aunque no había programación alguna, se había activado una especie de "programación de emergencia" en la que había un texto que sugería:
<<Procuren un lugar seguro a sus allegados, y manténganse a la espera>>
De camino a rehabilitación, pasando por el patio, una explanada grande, ajardinada, con caminos para que los pacientes pudieran pasear a sus anchas o fueran paseados, como yo, un patio enorme que acababa en unos muros bastante altos, se veía una verja cerrada, y bancos aquí y allá, incluso una cafetería y un aparcamiento donde no había nadie, ni coches aparcados, ni gente en ningún lugar,el doctor, que resultó llamarse Dr. Darío Strano, me contó que hacía varios días se había desatado una especie de guerra civil, parecía que el gobierno quiso legalizar ciertas drogas y sustancias y a la gente se le fue de las manos, acabó expandiéndose a otros países colindantes, y acabó siendo un conflicto demasiado grande, los gobiernos dieron el estado de cuarentena, proclamaron la anarquía, y los gobernantes huyeron al otro lado del océano, donde esperaban que nadie les hiciera pagar por lo que acababan de hacer. El mundo se había llenado de brutos, la "ley de la jungla" reinaba en todas partes. Sólo unos pocos lugares sueltos, aislados, seguían manteniendo algún resquicio de lo que era una sociedad organizada de personas que se ayudan entre sí, pero tienen que mantenerse a salvo de los 'forasteros' aunque, por lo visto, no rechazan ayudar a alguien necesitado. Eso se agradece cuando ése necesitado eres tú.
Cuando llegamos a rehabilitación, habiendo cruzado el patio ajardinado que había tenido épocas mejores, entramos, a través de unos pasillos muy poco modernos, a una gran estancia llena de máquinas arcaicas de caminar, de pesas, etcétera, parecía un gimnasio de los años cuarenta. Todo era perfectamente nuevo y funcional, parecía que hubiera viajado en el tiempo hacia una época pasada.
Me ayudaron a levantarme y me pusieron en una cinta de andar, con una sujeción que evitaba que me cayera si perdía las fuerzas. Me suspendieron sobre aquella máquina, la encendieron, iba muy despacio, y me dijo el Dr. Strano que intentara andar por la cinta.
-No sé si podré.
-Inténtalo, te sorprenderías de lo que eres capaz, cuando llegaste parecía que no durarías ni un par de días.
-¿En serio...?
Me agarré a la máquina, puse los pies en la cinta e inmediatamente se fueron para atrás, intenté caminar por la cinta. Un paso, otro paso, otro paso, otro más. Genial, Podía hacer algo que llevaba haciendo desde hacía lustros, pero esforzándome en hacerlo, pensando cómo tenía que hacerse. Eso no recordaba haberlo hecho nunca...
-Bien, chico, parece que mejoras rápido, ahora intenta caminar algo más rápido, ¿quieres?
-...
-Enfermera, vaya a por algo de comer, este joven no tiene energías para nada.
-Sí señor.
Amalia se fue, volvió con un plato de puré y una especie de filete empanado con ensalada. Lo devoré, lo devoré tan rápido que ni me fijé en lo malo que estaba el puré ni en lo sosa que era la ensalada y el filete empanado.
En seguida tuve energía como para levantarme otra vez, ir a la cinta y caminar un buen rato sin problemas, luego me hicieron levantar peso, y me dijeron que pasara otra noche más en observación y que al día siguiente podría irme si todo iba bien. En cierta manera me sentía a salvo, sabiendo que fuera de allí había desatado un caos monumental, la gente moría por doquier, no había ley, ni orden, ni oportunidades de sobrevivir, y menos para alguien que acababa de pasar dos semanas en estado semi comatoso. Pero, por otro lado, aquél lugar era lúgubre, era sombrío y triste, y no inspiraba nada bueno. Parecía sacado de otra época, pero sin lo bueno. No era normal, algo me decía que aquél lugar no era normal. Me moría de ganas por salir de allí. Me daba miedo.
Este capitulo me ha dejado un poco descolocado, supongo que este pequeño viaje en el tiempo de Goran tendra un porque no? Me encanta la historia sin duda alguna,pero cada vez me pica mas la curiosidad de estos dolorosos saltos D=
ResponderEliminarY bueno, los toques sutiles... No los he detectado,supongo que tendre que releer mas para entenderlo xD