-Qué frío...
Temblé a la vez que intentaba ver algo en la oscuridad de aquél lugar. Parecía que estuviera en un enorme baúl, estaba todo tan oscuro que no conseguía ver nada. De pronto reparé en que había un pequeño montón de brasas en el suelo cerca de mí. Pensé que sería de la hoguera de la noche anterior, parecía que aún quedara algo de vida en esa madera muerta, me acerqué a tientas y soplé ligeramente.
De pronto toda la estancia se iluminó levemente, lo suficiente para que mis ojos acostumbrados a la negrura vieran el horror de esa criatura. No tuve tiempo de ver nada, pareció no darse cuenta de que estaba ahí, intenté, mientras duraba la tenue luz, ver la salida.
¡Premio!
Justo a mi derecha tenía la salida, pero... ¿y Anne? ¿Y el viejo? Recordaba haberme dormido después de que el viejo harapiento nos contara la historia de La Niebla que lo cubría todo, y Anne... Me había sacado de un apuro justo al salir del Hospital. ¿Qué rayos pasaba? No estaban, ni siquiera había rastros de que hubieran estado allí. ¿Estaría yo en otro lugar? No, la verdad es que no lo estaba, pero en lugar de mi compañera de viaje y el señor andrajoso estaba una monstruosa criatura de largos y peludos brazos, con una boca inmensa llena de horripilantes dientes, que olía a establo y con unas piernas que parecían poder llegar a velocidades bastante altas. Estaba completamente acojonado. Tenía que salir de ahí, y no sabía ni siquiera dónde estaba, ni cómo salir.
Salí por la puertecilla que divisé no hacía ni un momento. Todo iba bien, conseguí no hacer prácticamente nada de ruido.
Una vez fuera, siguiendo en las tinieblas de aquella especie de zulo, fui palpando por la pared y di rápidamente con un 'cul de sac', de modo que volví sobre mis pasos. Despacio, con cuidado, tanteando bien y con el oído completamente concentrado en detectar a mi amigo el peludo que tanto me había sobresaltado al despertar y soplarle a las cenizas.
Pasé la puerta por la que había salido antes, seguí recto, di en una esquina, y oí un ligero murmullo.
El pelo se me erizó en todo el cuerpo, empecé a sudar frío y un vacío inmenso ocupó el lugar en el que pensaba que tenía mi corazón y mis pulmones. No podía ocurrírseme nada peor que lo que había ocurrido.
De pronto oí una especie de graznido, como de pájaro, como de cuervo, pero más grave, como si fuera un cuervo muy grande, seguido de fuerte respiración.
Estaba siguiéndome.
Corrí hacia el frente con los brazos por delante, intentando no hacer ruido, cosa imposible cuando corres, a oscuras, por un pasadizo lleno de cacharros y escombros por el suelo.
Aquello estaba justo detrás de mí, torcí varias veces tras estamparme contra varios muros. Debía haber recorrido ya media hectárea huyendo de aquél animal extraño. De súbito me di de bruces contra una superficie dura que cedió, una improvisada puerta hecha con maderas de palés y cuerdas se precipitó hacia fuera y yo caí detrás de ella. Me levanté rápidamente y vi que estaba fuera. Aire, luz, ¡coches! Atravesé la calle y me escondí detrás de un coche que parecía estampado pese a estar perfectamente aparcado.
El extraño ser sacó la cabeza, seguida de un cuello largo y peludo, parecía un peluche horrible de los teleñecos. Pero era real, era de un color rojizo, olfateó en ambas direcciones y volvió a meterse en el pasadizo, pude ver que no tenía ojos. Ni siquiera debía saber que había luz ahí fuera.
Vi que detrás del coche tras el que me escondía estaba aparcado un camión grande bastante intacto, y al ver que estaba empezando a empañarse el ambiente, llenándose de una espesa niebla que simplemente aparecía, no venía de ningún lugar, aparecía sin más en todas partes, conseguí abrir la puerta del camión y me metí en la cabina. Hubo suerte, camión con cabina con cama para dormir. No son comunes esos camiones en un lugar como Palma. Decidí que lo mejor sería esperar a que se disipara la niebla, vi que había cortinas en las ventanas de la cabina y las corrí todas, no quería que me vieran desde fuera, y lo que menos quería era ver lo que pudiera traer esa maldita niebla. ¿Dónde se habrían metido Anne y el viejo? Empezaba a pensar que todo era una broma pesada de mi mente para suplir la soledad de aquél lugar. No se oía nada en ninguna dirección.
Cuando llevaba allí un buen rato y ya me había fumado un par de cigarrillos oí un rumor lejano.
De pronto, como de la nada, apareció un grupo enorme de 'Sombras', parecían comunicarse entre sí, y barrieron todo el lugar, se pararon alrededor del camión y lo golpearon, gritando algo incomprensible. Pero lo dejaron estar por las buenas, algo debió decirles que no era bueno abrir ese camión, o permanecer en aquél lugar. Lo mejor iba a ser conseguir dormir. Cuando se disipara la niebla podría intentar salir de una vez de aquél paraje de pesadilla. Empezaba a pensar que nada era real.
Temblé a la vez que intentaba ver algo en la oscuridad de aquél lugar. Parecía que estuviera en un enorme baúl, estaba todo tan oscuro que no conseguía ver nada. De pronto reparé en que había un pequeño montón de brasas en el suelo cerca de mí. Pensé que sería de la hoguera de la noche anterior, parecía que aún quedara algo de vida en esa madera muerta, me acerqué a tientas y soplé ligeramente.
De pronto toda la estancia se iluminó levemente, lo suficiente para que mis ojos acostumbrados a la negrura vieran el horror de esa criatura. No tuve tiempo de ver nada, pareció no darse cuenta de que estaba ahí, intenté, mientras duraba la tenue luz, ver la salida.
¡Premio!
Justo a mi derecha tenía la salida, pero... ¿y Anne? ¿Y el viejo? Recordaba haberme dormido después de que el viejo harapiento nos contara la historia de La Niebla que lo cubría todo, y Anne... Me había sacado de un apuro justo al salir del Hospital. ¿Qué rayos pasaba? No estaban, ni siquiera había rastros de que hubieran estado allí. ¿Estaría yo en otro lugar? No, la verdad es que no lo estaba, pero en lugar de mi compañera de viaje y el señor andrajoso estaba una monstruosa criatura de largos y peludos brazos, con una boca inmensa llena de horripilantes dientes, que olía a establo y con unas piernas que parecían poder llegar a velocidades bastante altas. Estaba completamente acojonado. Tenía que salir de ahí, y no sabía ni siquiera dónde estaba, ni cómo salir.
Salí por la puertecilla que divisé no hacía ni un momento. Todo iba bien, conseguí no hacer prácticamente nada de ruido.
Una vez fuera, siguiendo en las tinieblas de aquella especie de zulo, fui palpando por la pared y di rápidamente con un 'cul de sac', de modo que volví sobre mis pasos. Despacio, con cuidado, tanteando bien y con el oído completamente concentrado en detectar a mi amigo el peludo que tanto me había sobresaltado al despertar y soplarle a las cenizas.
Pasé la puerta por la que había salido antes, seguí recto, di en una esquina, y oí un ligero murmullo.
El pelo se me erizó en todo el cuerpo, empecé a sudar frío y un vacío inmenso ocupó el lugar en el que pensaba que tenía mi corazón y mis pulmones. No podía ocurrírseme nada peor que lo que había ocurrido.
De pronto oí una especie de graznido, como de pájaro, como de cuervo, pero más grave, como si fuera un cuervo muy grande, seguido de fuerte respiración.
Estaba siguiéndome.
Corrí hacia el frente con los brazos por delante, intentando no hacer ruido, cosa imposible cuando corres, a oscuras, por un pasadizo lleno de cacharros y escombros por el suelo.
Aquello estaba justo detrás de mí, torcí varias veces tras estamparme contra varios muros. Debía haber recorrido ya media hectárea huyendo de aquél animal extraño. De súbito me di de bruces contra una superficie dura que cedió, una improvisada puerta hecha con maderas de palés y cuerdas se precipitó hacia fuera y yo caí detrás de ella. Me levanté rápidamente y vi que estaba fuera. Aire, luz, ¡coches! Atravesé la calle y me escondí detrás de un coche que parecía estampado pese a estar perfectamente aparcado.
El extraño ser sacó la cabeza, seguida de un cuello largo y peludo, parecía un peluche horrible de los teleñecos. Pero era real, era de un color rojizo, olfateó en ambas direcciones y volvió a meterse en el pasadizo, pude ver que no tenía ojos. Ni siquiera debía saber que había luz ahí fuera.
Vi que detrás del coche tras el que me escondía estaba aparcado un camión grande bastante intacto, y al ver que estaba empezando a empañarse el ambiente, llenándose de una espesa niebla que simplemente aparecía, no venía de ningún lugar, aparecía sin más en todas partes, conseguí abrir la puerta del camión y me metí en la cabina. Hubo suerte, camión con cabina con cama para dormir. No son comunes esos camiones en un lugar como Palma. Decidí que lo mejor sería esperar a que se disipara la niebla, vi que había cortinas en las ventanas de la cabina y las corrí todas, no quería que me vieran desde fuera, y lo que menos quería era ver lo que pudiera traer esa maldita niebla. ¿Dónde se habrían metido Anne y el viejo? Empezaba a pensar que todo era una broma pesada de mi mente para suplir la soledad de aquél lugar. No se oía nada en ninguna dirección.
Cuando llevaba allí un buen rato y ya me había fumado un par de cigarrillos oí un rumor lejano.
De pronto, como de la nada, apareció un grupo enorme de 'Sombras', parecían comunicarse entre sí, y barrieron todo el lugar, se pararon alrededor del camión y lo golpearon, gritando algo incomprensible. Pero lo dejaron estar por las buenas, algo debió decirles que no era bueno abrir ese camión, o permanecer en aquél lugar. Lo mejor iba a ser conseguir dormir. Cuando se disipara la niebla podría intentar salir de una vez de aquél paraje de pesadilla. Empezaba a pensar que nada era real.
Me sigue gustando, los cambios son extraños pero creo que se por donde van a ir a parar los tiros y me parece demasiado interesante.
ResponderEliminarSeguire esperando con ansias el proximo fic :3!