miércoles, 30 de octubre de 2013

CAPÍTULO XII: Un "viejo" Ford

-Aprisa, despierta –susurró Miércoles –alguien se acerca.
-¿Qué?
-Baja la voz, he oído algo fuera.
-Me cago en…

Se oyó crujir de cristales rotos y trasteo de bolsas y cajas mientras algo o alguien se paseaba a su aire por la tienda de la estación de servicio.

-Tenemos que irnos de aquí a la de ya, estábamos tan cerca… ¿No hay manera de arrancar este trasto?
-Hay que encontrar una forma de cargar la batería o habrá que empujarlo, déjame ver si hay algo en el maletero, no sé por qué no hemos mirado antes.

Fui a abrir el maletero del viejo cacharro, aquél viejo Ford escondía una sorpresa muy grata. Al levantar la tapa del maletero vi un generador.

-Un generador… ¿Qué hace un generador en el maletero de un coche?
-No sé, ¿está conectado?
-Voy a ver.

Me metí debajo del coche y vi que el eje de transmisión no estaba, el motor no estaba conectado a nada, y en su lugar había un enorme motor eléctrico conectado al generador, sólo había que encenderlo.

-Esto mola, ¿te apetece hacer un poco de ejercicio? –dije, saliendo de debajo del coche- Si sacamos el motor esto irá muy ligero, lleva un motor eléctrico debajo conectado al generador, consumirá menos y será más fácil de manejar, ¿cómo lo ves?
-Bff… Venga…

No la vi demasiado convencida, pero el hecho de que el motor no tuviera puestos los anclajes y sólo hubiera que levantarlo fue de ayuda. Fui a por una polea y le pasamos una cuerda vieja alrededor, lo atamos, lo levantamos a duras penas y lo pusimos fuera. Lo echamos a un lado y voilá, un coche más ligero y ecológico. Los de Greenpeace estarían contentos.

-Vale, vamos a ver, hay que comprobar que esto funciona.
-Pues date prisa, parece que quien sea que está fuera quiere venir a saludar.

No lo dijo en vano, ya que de pronto empezaron a intentar abrir la puerta, por suerte la habíamos atrancado bien, pero no pareció disuadirles.

-¿Sabes cómo manejar esto?
-Ni idea.
-Bien, pues si giras el volante hacia la derecha así, giras hacia la derecha, al contrario vas a la izquierda, si le das a ése pedal del medio frenas, y si le das al de la derecha aceleras. ¿Entendido?
-Entendido, ¿qué vas a hacer?
-Voy a darle un poco de vidilla a esto, estate preparada.
-Voy.

Se sentó al volante, yo fui detrás para arrancar el generador.

-Que arranque…por favor.

Tiré. Nada. Tiré otra vez. Nada.

-¡Eh! ¿Quién anda ahí? –gritó quién fuera que aporreaba la puerta, casi habían conseguido abrirla-.
Tiré otra vez.

-Me cago en la leche…

Tiré hasta la mitad, dejé reposar y tiré de nuevo.

-¡Bingo!

El generador empezó a rugir como salido del infierno, corrí a meterme en el coche.

-¡Arranca!

Miércoles le dio gas a tope y salimos disparados, embestimos directamente la pared de enfrente, nos llevamos por delante unas cajas de correas viejas y bidones usados de plástico, atravesamos la pared de placas de yeso y madera y fuimos a parar a la carretera.

-Dale lo más rápido que se pueda todo el tiempo que puedas, no tengo ningunas ganas de saber por qué tenían tantas ganas de conocernos.

Parecía que ella estaba más sobresaltada que el tipo que acababa de lograr abrir la puerta para ver como un coche salía disparado atravesando una pared sin inmutarse.

Avanzamos varios kilómetros y nos cambiamos de sitio, no parecía estar tranquila al volante. Avanzamos un poco más y nos desviamos por un caminito que se ocultaba en una arboleda a unos cientos de metros.

-Esperaremos aquí, ocultos. ¿Estás bien?
Tardó en contestar.
-Sí, sólo es que no había hecho esto nunca y me he quedado un poco sobresaltada. ¡Ha sido emocionante! ¿No crees?
-Bueno, no has estado mal. Titular del día, Miércoles domina la situación salvando varias vidas humanas. –Solté una risotada mientras ella me miraba incrédula.
-Eres infantil a matar.

Me sacó la lengua y se puso a mirar por la ventana.

-Oye, ahora que hablamos de salvar vidas, ¿qué te parece si le das un poco al pedal ése y nos sacas de aquí? A estos amigos parece que les apetece invitarnos a comer…nos.

Me giré de golpe e inmediatamente di gas a fondo para salir de ahí. Varias docenas de seres humanoides de desagradable aspecto habían salido de entre los árboles y arrastraban los pies hacia nosotros con gesto agresivo.

-Hermanita, esto empieza a tocar un poco la moral, ¿de dónde salía esa gente?
-No sé…
-Bueno, repasemos, ¿que hemos podido recuperar de la estación de servicio?
-Poca cosa, ¡epa! Tenemos un mapa. Mira.

Me enseñó un mapa escrito en varios idiomas. Parecía ser que estábamos en algún lugar de Francia. Parecía que aquella especie de “apocalipsis” había transformado el terreno, la fauna, la flora, el clima. Nada era como yo lo recordaba.

-También encontré este periódico, aunque es de hace bastante, no entiendo ni jota de lo que pone.
-A ver, trae –examiné el texto, definitivamente era francés,rezaba "La menace d'une guerre chimique provoque la terreur dans l'Est". Busqué la fecha y lugar. No entendí el lugar en sí, pero la fecha… 
La fecha no podía estar bien. Paré el coche en seco.

–Seis de Marzo de 2641…

lunes, 14 de octubre de 2013

CAPÍTULO ONCEAVO: ¿A pie?

Me desperté de súbito, se oía el agua correr, pero no nos movíamos, abrí los ojos y observé a mi alrededor.
Miércoles seguía ahí, medio desperezándose, nuestras cosas seguían ahí. Pero el agua había subido, y la moto...¿La moto? ¿Dónde estaba la moto? El agua había subido hasta cubrir el último lugar donde recordaba haberla visto, y nos habíamos movido, ni siquiera nos dimos cuenta, debió subir el agua lentamente pero la corriente era rápida. Se podía ver un conjunto de casas a lo lejos, a no más de un kilómetro o dos, y pude apreciar que estábamos embarrancados en una orilla, cerca de una caseta que parecía haber sido un viejo molino de agua.

-Despierta, Miércoles, levántate, mira- parecía que se negara a despertarse, y cuando abrió los ojos me miró como si le pesara la vida- ¿Qué te pasa?
-No me encuentro bien, me duele la cabeza- se levantó pesadamente y me miró con ojos llorosos- estoy mareada.
-Tranquila, siéntate, tápate con la manta. No te muevas de aquí, ¿de acuerdo? Iré a ver qué hay por los alrededores, intenta no hacer ruido y no hagas fuego si no es indispensable.
-Vale, no tardes, hermano.-Me dirigió una mirada de sincero miedo y cariño que me reconfortó. La abracé.
-No temas, hermana, volveré en seguida.
-De acuerdo.

Me llevé un pequeño 'kit de supervivencia' compuesto por un filtro sencillo de gases improvisado con una careta de buceo y una mascarilla anti polvo que nos habíamos fabricado en la última ciudad en la que estuvimos, funcionaba bastante bien, tenía filtros para diversos gases, y teníamos una cada uno. También llevaba un cuchillo de un palmo, una cuerda de unos cincuenta metros, un botecito con gasolina de mechero, trapos y un pedernal y una linterna manual que encontramos en una vieja tienda de artículos de acampada, de ésas que se cargan manualmente con una manivela, todo metido en una mochila con diversos bolsillos.

Me encaminé hacia la orilla, salté de nuestro montículo y caí en un barro espeso que se hundía muy lentamente, pude llegar a suelo firme sin problemas. Fui a hurtadillas hasta el viejo molino y me asomé por una de las ventanas. Cómo no, estaba oscuro y no se veía prácticamente nada, aunque se vislumbraba maquinaria oxidada que había tenido mejores épocas. Entré, empujé levemente la puerta y parecía desear ser abierta pues se abrió de golpe, luego se estrelló contra la pared, se partieron las bisagras oxidadas y la puerta cayó al suelo delante de mis narices con un ruido metálico y sordo.
Inmediatamente me escondí, si había alguien era mejor que no me viera, me adentré en la oscuridad de aquella caseta no más grande que una casita unifamiliar, pero llena de estanterías repletas de botes que habían perdido la etiqueta hacía tiempo, mesas de trabajo, herramientas, piezas de maquinaria pesada y botellas con líquidos varios como aceite lubricante y desengrasante. Encendí la linterna, a la que tenía que dar cuerda constantemente, logrando ver algunas etiquetas. Parecía alguna lengua del norte de Europa, lo cual concordaría con el paisaje boscoso, el clima frío y húmedo, y la presencia de trolls, aunque eso en menor medida. Al no entender ni jota fui a ver si había algo de comida en lata o materiales más útiles, incluso habría estado bien encontrar algún vehículo relativamente funcional, pero no hubo suerte.
Después de escudriñar todo el recinto, casi quedar sepultado bajo varias decenas de cacharros metidos de mala manera en los estantes y cajones, tomarme un respiro para un cigarro, y dar algo de cuerda extra a la linterna, decidí salir. Había encontrado otra puerta, así que fui a ver qué había por allí. Y resultó ser bastante parecido a aquella puerta por la que había entrado al principio, acabé de cara al yermo, aunque se veía un caminito asfaltado que dejaba evidente, dada la cantidad de plantas que habían crecido alrededor y desde debajo del mismo, que no circulaba demasiada gente por allí a menudo. Parecía ir hacia el conjunto de casas que vi desde el islote.
Ojeando alrededor vi que era bastante llano hasta varios kilómetros lejos, no había nada que me llamara a explorar una extensión tan grande de campo vacío, así que volví al islote sólo para ver que Miércoles se había puesto la máscara y había caído dormida.
-¿Por qué llevas la máscara? Ni que hubiera gases tóxicos.
-En realidad he visto una señal ahí mismo, ponte la máscara, rápido.
Obedecí y miré en la dirección en la que ella señalaba. Había una gran cañería que emergía de un saliente en el lateral del río que soltaba un agua turbia y marronosa acompañada de vapores extraños. Rodeándola había varias señales de peligro con dibujitos de gente con mascarillas y lo que entendimos como advertencias de gases nocivos y mortales.
-Pues menos mal que lo has visto, a saber cuánto hemos respirado esto ya.
-En realidad creo que me sentía mal por eso mismo, ahora me siento algo mejor. ¿Encontraste algo?
-No mucho, aunque puede que haya un camino hacia ése pueblo de allá al fondo -dije, señalando a las casas que había a un par de kilómetros.
-¿Podemos irnos de aquí antes de que se contamine todo lo que llevamos puesto, encontrar algo de comer, y llegar a algún lugar menos siniestro?
-Podemos intentarlo, vamos.
Recogimos todo y nos encaminamos hacia el pueblecito a lo lejos, esperando llegar antes de anochecer.

Caminamos durante horas, el camino parecía no terminar, el paisaje era desolado pero inspiraba paz, de alguna manera. Encontramos algunas bayas comestibles y tras una pequeña colina encontramos una pequeña estación de servicio destartalada. Debería haber algo de comer ahí, tal vez incluso un mapa.

Llegamos hasta la estación de servicio, no parecía que hubiera nadie por los alrededores desde hacía mucho tiempo, pero nunca estaba de más ser precavido.
-Tú vigilas y yo entro, ¿te parece? Escóndete, si se acerca alguien silba dos veces y escóndete más. Si te silbo yo significa que vengas. ¿De acuerdo?
-Vale, yo vigilo, dos silbidos si hay peligro, si silbas vengo, ok.

Me encaminé hacia la entrada, estaban todas las cristaleras rotas, había trastos tirados por todas partes, entré con el cuchillo por delante y la linterna por si no veía. El cuarto trasero estaba vacío, los lavabos también. Las máquinas de bebida y comida estaban prácticamente vacías, y lo que quedaba no era comestible hacía años. Salí fuera y silbé, volví a dentro y rebusqué en el almacén.
-¡Premio!
Comida en lata, a saber de cuando, pero siempre era más posible que hubiera aguantado comestible, y si se hervía era medianamente pasable.
-¿Qué has encontrado?
-Comida en lata, parece estar bien, tiene pinta de albóndigas o algo así, no lo sabremos hasta que lo abramos, busca a ver qué encuentras, voy a ver si hay algo detrás.
Fui directo a una puertecita cerrada al final del almacén que parecía dar a la parte trasera, de hecho, daba a un pequeño tallercito que debían usar los empleados para hacer cambios de aceite y demás mantenimientos.
-¡Miércoles!
-¿Qué?
-No te vas a creer esto.
-¿El qué?
Su sorpresa se reflejó claramente en su rostro, mientras ella se quedaba pasmada yo busqué las llaves.
-Un puñetero coche, hemos encontrado un puñetero coche. Si funciona ya lo petamos- dije mientras buscaba las llaves por diversos armarios- mira que no estén las llaves puestas, y ábreme el capó, ¿quieres?
-Voy, ¿qué es el capó? ¿Y cómo se abre?
-Vale, deja, lo hago yo.
Las llaves no estaban puestas, pero pude abrir el capó y vimos que estaba en buen estado, aunque la batería debía estar descargadísima, y parecía estar a medio cambiarse el aceite.
-Habrá que llenarlo, empujarlo hasta fuera, ver si lleva combustible y empujarlo para que arranque.
-¿Tú sabes cómo va esto?
-Sí, he manejado alguno anteriormente, aunque hace mucho tiempo.
-Vale, pues tú te encargas, voy a hacer algo de comer, esas latas me están llamando, y me muero de hambre.
-Deja algo para mí, me pongo en seguida con esto.

Después de pasar un rato buscando el aceite adecuado y comprobar que había gasolina suficiente en el depósito di el tema por zanjado, además encontré las llaves cuando buscaba el aceite, así que sólo faltaba hacerlo arrancar.
-Sólo tenemos que empujarlo para que arranque.
-Bueno, pero déjalo para mañana, creo que podríamos dormir aquí, hay que atrancar bien la puerta del almacén y listo, no he hecho demasiado humo, así que no creo que tengamos problemas. Si quieres podemos dormir dentro del cacharro ése, así estamos aún más protegidos, como veas.
-No es mala idea, por la mañana ya lo arrancaremos, te explicaré cómo funciona y así podrás llevarlo tú si hace falta, ¿te parece?
-Me parece. A comer, el plato de hoy son albóndigas rancias con pasta de verduras medio quemada.
-¡Suena delicioso! Qué aproveche.

Devoramos aquella masa pestilente de supuestas albóndigas con verduras, cerramos la puerta con las últimas luces del día, pusimos una mesa y un armario para atrancarla bien, nos metimos en el coche, reclinamos los asientos y nos quedamos dormidos al instante.

lunes, 7 de octubre de 2013

CAPÍTULO DÉCIMO: Navegantes

-Eh, despierta, siguen ahí -susurré a Miércoles mientras intentaba desperezarla. Se incorporó y se asomó conmigo por sobre el montículo. -Parece que han dormido ahí también. Estoy helado, habría que hacer algo, no creo que estos tengan prisa.
-Mierda, ¿cómo secamos la ropa? La humedad es palpable, mira qué bruma se ha alzado. Quizás no quieran problemas, tal vez sólo sean viajeros, como nosotros.
-¿Quieres arriesgarte a ir? Yo no voy a ir hasta ahí, son más que nosotros, por lo menos he podido contar seis.
-Diles algo desde aquí, apuesto a que saben que estamos aquí escondidos, y si saben que estamos aquí deberíamos hacer fuego y secar la ropa, comer algo y calentarnos, vamos a coger una gripe de caballo.
-Cierto... Mierda. Voy a intentar llamar su atención, de todos modos lo peor que puede pasar es que vengan, y si vienen no creo que nos cueste rechazarlos, irán despacio por el barrizal- nos observé a los dos, empapados, llenos de barro y tiritando de frío, tirados en el suelo en un montículo, a cubierto sólo por un árbol no demasiado grande y rodeados completamente de un agua turbia que, como mínimo, tenía medio metro de profundidad- Deberíamos intentar secar la ropa primero. Veamos qué tenemos.

Saqué una cuerda de una de las bolsas, de alguna manera había permanecido seca, lo cual tampoco era para alegrarme el día. La até a la base del árbol y la estiré hasta la moto, que estaba apoyada en una piedra en la orilla más alejada de la carretera. Gracias a la pendiente tenía la altura suficiente y no llamaría mucho la atención, colgamos la ropa y buscamos algo seco que ponernos, aunque no había mucho. Por lo menos una lona y un par de mantas sí seguían secas, colgué la lona sobre la cuerda y busqué una rama para hacer de puntal. Tienda de campaña lista, por lo menos no nos mojaríamos si volvía a llover. Y con la poca ropa seca que quedaba y las mantas tiraríamos durante un rato. Después me acerqué a la cima del montículo, tenía que poder esconderme rápido si la cosa se torcía.

Permanecí de pie unos minutos mientras Miércoles me observaba desde la improvisada tienda de campaña, cubierta con la manta, sucia de barro entera y con ojos preocupados. Le devolví la mirada y le hice un gesto de que todo parecía ir bien.

-¡Eh! ¡Hola!- grité, esperé a ver si había respuesta, aunque no parecía haber nadie despierto- ¿Hay alguien ahí?
No respondía nadie y no podía ver del todo bien puesto que estaban en el borde de mi campo de visión, la niebla que se había levantado de madrugada lo cubría todo y a unos veinte metros de distancia no se veía prácticamente nada.
-Tal vez estén dormido, vuelve a intentarlo- susurró Miércoles.
-¡¿Hola?! ¿Hay alguien ahí?
De pronto se oyeron algunas voces, estaba lo bastante cerca para oírlas pero lo suficientemente lejos como para no entender ni jota, el día anterior me había parecido estar más cerca de la carretera.
-Bueno, creo que he dejado claro que estamos aquí, así que si quieren algo ya llamarán. Vamos a hacer fuego, tengo frío y hambre, y voy a acabar poniéndome de mala leche.
-Sí, mejor comamos algo, esta niebla me está dando canguelo.

Recuperé cuantas ramas y hojas pude de los alrededores, aunque estaban bastante mojadas aún. Las reunimos en un pequeño hoyo en el suelo para contener las brasas y lo impregnamos todo del mezclado de combustibles que llevaba la moto. Prendió, empezó a soltar un humo denso y blanco por la humedad y que algunas ramas tenían aún hojas verdes, a la vez que el combustible echaba un humo negro. En seguida nos arrimamos al fuego, calentamos una lata de comida sin etiquetar que seguramente estaba caducada, pero nos dio bastante igual.

Mientras comíamos discutimos qué hacer, no podíamos quedarnos en aquél islote de por vida, no tenía sentido. Mi plan era llamar la atención de nuestros visitantes y acercarnos si parecían pacíficos, Miércoles dijo que nos acercáramos sí o sí, que total sería morirse allí de hambre y frío o a golpes, yo también prefería los golpes, en cierta manera.

-¿Oyes eso?
-¿El qué?
-No sé, se oye como si algo se arrastrara.
-No, ¿seguro que no te lo has imaginado? Iré a ver, por si acaso.

No nos habíamos fijado, pero la niebla se había vuelto más espesa, ya no se veía la carretera, no se veía nada, parecía que una enorme nube nos hubiera engullido y se nos hubiera llevado a los cielos. No se oía nada a parte del crepitar de la hoguera.

-No sé qué pasa, esta niebla empieza a no ser normal.
-Bueno, tampoco podemos hacer nada al respecto, ¿quieres el resto de... esto?- señaló la lata de comida, realmente no sabíamos ni qué era, sabía como a mezcla de carne, verduras, legumbres, y carbón, aunque nos supo a gloria, y lo saboreamos como a un manjar de dioses puesto que era lo último que quedaba.
-Acábatelo, estoy bien.
No hace falta decir que se lo terminó en menos de dos segundos. La pequeña Miércoles engullía comida como si hubiera pasado semanas sin comer, bueno, estaba en edad de crecimiento.  Menuda vida le había tocado...
-Vamos a ver si está seca la ropa, espero que sí, esta manta empieza a serme incómoda, y los bajos se llenan de barro.

De pronto se oyó una serie de crujidos y el suelo empezó a temblar. Al parecer el montículo debía estar sobre alguna superficie flotante, quizás un montón de troncos o la casa de algún castor.
-¿Qué está pasando? ¿Nos movemos?
-Eso parece, quizás sea la forma de salir de aquí sin pasar por conocer a nuestros vecinos.
-Aún así me da algo de miedo, no sabemos qué hay al final de este cenagal, ¿y si embarrancamos en medio de la nada y no podemos salir?
-Bueno, ya se verá, ahora no podemos hacer nada.

La niebla empezó a disiparse al cabo de un par de horas, habíamos flotado a la deriva todo ese tiempo y, faltos de algo que hacer, aprovechamos para poner más cosas a secar y dormir por turnos, montando guardia. No podíamos saber a dónde nos llevaría nuestro pequeño islote flotante, pero podía no ser un lugar amistoso.
Cuando la niebla se disipó del todo nos encontramos bajando por un río bastante ancho y tranquilo, debíamos estar yendo a menos de un kilómetro por hora. Observando alrededor se podían ver árboles fuera del borde del río, sólo esperaba que no nos llevara a mar abierto o a un lago demasiado ancho, aunque eso era realmente probable.
-Eh, despierta, mira esto.
-Qué extraño...
-No pensaba beber de ése agua, de todos modos.
Los árboles estaban secos, a ambos lados del río, como si el agua que bebían de él no fuera sana en absoluto. A cada kilómetro que avanzábamos se hacía un poco más ancho, e íbamos de un lado para otro según le venía en gana a las corrientes de agua. Cuando empezó a caer la noche decidimos que había que conseguir dirigir aquella broma de embarcación, así que nos despedimos del arbusto que nos hizo de cama-techo la noche en que llegamos a nuestro extraño montículo flotante, le quitamos las ramas, que añadimos a la hoguera, que manteníamos encendida pero a baja intensidad, por si acaso. Le atamos trozos de corteza y lo usamos de remo, aunque era mucho más que insuficiente para algo que debía medir unos seis metros de ancho y que no sabíamos qué calado tenía. Aunque pronto lo averiguaríamos.
Se oyó un crujido y embarrancamos en medio de la nada, ni siquiera se veía en qué habíamos embarrancado, el agua seguía algo removida y estábamos lejos de la orilla. Casi era noche cerrada así que no podríamos hacer demasiado hasta que saliera el sol, y en el horizonte se divisaban nubes de tormenta.
-Como vuelva a diluviar estaremos jodidos, si una riada nos atrapa aquí en medio la palmamos fijo.
-Deberíamos subirlo todo a la cima, bajo el árbol- y eso hicimos, aunque desistimos de empujar la moto y la dejamos a media subida porque nos hundíamos en la pendiente al intentar empujarla- debe haber un par de metros en total, mejor que estar abajo seguro que es.
-Bueno, eso sí, además el aire se renovará mejor arriba.
-Por lo menos ya no estamos congelados y no vagamos por el río.
-De momento, vamos a dormir, no tenemos mucho que hacer.

Al cabo de un buen rato ninguno había conseguido pegar ojo, había nervios por la posible lluvia, además no sabíamos ni dónde estábamos, y el mapa estaba empapado e incomprensible.

miércoles, 2 de octubre de 2013

CAPÍTULO NOVENO: Fango

-¡Buenos días! He hecho huevos fritos para el desayuno, ¿cómo lo ves?
-¿Eh..? -Me desperecé de golpe con el olor a huevos fritos que parecía que hacía décadas que no olía - Buenos días, ¿huevos fritos? ¿qué huevos fritos?
-Me levanté pronto y fui al arroyo a por agua, pero vi un pequeño nido cerca de la orilla entre unas rocas, así que me asomé, no parecía que nadie lo custodiara y había unos pocos huevos, así que cogí dos, uno para cada uno, estoy cansada de desayunar aire y polvo del desierto, ¡quiero comer algo bueno!
-Pero no sabes de qué son los huevos, podrían no ser comestibles -aunque realmente tenían buena pinta- mejor cocínalos bien, que no haya posibilidad de que cojamos ninguna enfermedad rara...
-En ello estoy.

Los días habían pasado, y las semanas, seguíamos camino adelante, mi pequeña compañera se había convertido en buena ayuda, genial compañera y mejor amiga. Aunque aún tras el tiempo que había pasado no quería decirme su nombre, tampoco iba a obligarla. Tras aquel incidente en el desierto decidimos hablar poco y seguir adelante. Si había algo que decir se decía, me sobresaltó ese buen humor en plena mañana y sin previo aviso.

-¿Tanta ilusión te hace comer huevo frito? Vale que no solemos tener comida cocinada, pero no es para tanto, digo yo. ¿Qué te ha hecho romper tu inquebrantable silencio?
-Nada, me hace ilusión comer algo que no sea sopa de raíces con infusión de la primera planta aromática que encontremos. Además, ¿hablaré si quiero, qué más te da?
-Pues darme me da, ¿qué quieres que te diga? llevas como medio año sin abrir la boca más que para comerte tu querida y deseada sopa de raíces, que bastante bien nos ha venido, por cierto.
-Bah, cómete el huevo, si lo sé no te digo nada. Ojalá se te atragante, borde.

Comí el huevo como los judíos comieron el maná caído del cielo pues hacía meses que no había caza, y más aún que no comía huevos fritos para desayunar, ¡qué recuerdos! La miré, ella comía su parte como si fuera el manjar más delicioso sobre la faz de la tierra. Me miró y le sonreí.

-Gracias- dije, al tiempo que me resbalaba una lágrima al recordar un pasado al que tampoco me desagradaría volver, sumergido en ése huevo frito hecho sobre una piedra plana calentada al fuego.
-De nada, ¿para qué estamos?- dijo, con la boca llena, casi a propósito.

Me reí y pensé en qué nos depararía el nuevo día. Muchos días tranquilos había habido desde la última vez que nos encontramos con alguien, o mejor dicho, con algo. La vida humana como la conocíamos parecía haber desaparecido del planeta, habíamos llegado a una zona de bosques y montañas que parecía más el norte de Europa o Canadá y desentonaba muchísimo con el desierto que la precedió. Nos encontramos varias veces con varios seres extraños vagando cerca de la carretera, alguna vez, incluso, se nos acercaron, pero huimos rápidamente. Lo mejor de todo era que podíamos seguir encontrando lugares de los que sacar algo de combustible, aunque en un momento dado tuve que cambiar varias piezas del motor para que pudiera funcionar con combustibles menos refinados. Corría menos, lo cual no era un gran problema ya que podíamos huir si se daba el caso, pero normalmente era preferible ir despacio y no tropezarse con nada inesperado. Consumía algo menos y podíamos ponerle alcohol, incluso bebidas destiladas del alcohol, al motor parecía no importarle que se mezclaran varios combustibles así que íbamos recogiendo cuanto podíamos, por si acaso.
Habíamos encontrado, a lo largo de varios cientos de kilómetros, varios pequeños asentamientos, campamentos mejor dicho, parecía que los pocos seres humanos 'normales' gustaban de juntarse en pequeños grupos que vagaban por las montañas en busca de la tierra prometida, o algo, aunque ése lugar parecía huir de ellos a la misma velocidad que ellos se acercaban. Sólo en una ocasión divisamos un pequeño grupo de chabolas en las que no fuimos demasiado bien recibidos y tuvimos que huir cabizbajos con disparos en nuestra contra. Había sido un viaje más bien plácido, salvo algunos percances.

-Bien, recojamos todo esto, espero que el olor no atraiga a ninguna fiera, ¿por qué zona debemos estar?- dijo, mientras sacaba un mapa bastante grande que encontramos en una estación de servicio y que, tras discutirlo largamente, pareció ser de la zona en la que nos encontrábamos, o eso pensábamos- Yo creo que estamos por aquí, por esta arboleda, mira, ése es el arroyo al que fui a por agua y huevos, y este monte de aquí parece aquél de allí al final del valle.
-Vale, más o menos debemos estar por esta zona, estamos bastante lejos de cualquier otro pueblo. ¿Lista para otro día aburrido a lomos de nuestra singular cacharrería?
-Por supuesto, esos huevos nos han sentado bien, ¿eh? Y parecía que te ibas a enfadar conmigo.
-Vámonos antes de que me enfade, eres una enana cabezona y pesada.
-¡Si te metes tanto conmigo te las verás conmigo!- dijo mientras se abrochaba un casco que le iba algo grande y que nos salió gratis en un pueblecito hacía varias semanas.

La vieja moto pareció no querer arrancar, pero se dejó persuadir tras varias patadas a la pata de arranque. El sonido era grave y sonaba más bien como alguna clase de aparato industrial, seguramente ninguno de los que la construyeron pensaron que fuera a funcionar de esa manera en la vida, pero lo hacía, y lo hacía genial.
Salimos y rápidamente nos encaminamos hacia el final del valle, parecía acabar en una serie de carreteras estrechas que desembocaban en una gran planicie. Allí habría más ciudades, más suministros, más criaturas. Yo no me sentía cómodo pero mi pequeña amiga parecía feliz con la idea de atravesar lugares peligrosos y correr aventuras. Ojalá nos saliera bien la jugada.

Tras un par de horas dando curvas por la estrecha carretera el cielo empezó a nublarse y cayó una lluvia no demasiado intensa pero sí molesta y persistente. Nos refugiamos tras una pared de roca que sobresalía en la cuneta y nos protegió bastante bien.
De pronto empezamos a ver destellos de luz y a escuchar truenos, parecía que iba a caernos una buena encima. Sólo deseaba que no estuviéramos en una torrentera...
-Vale, creo que pasaremos aquí un buen rato, ¿quieres un plástico para no mojarte más?
-Mmm sí, me da que mejor me pasas uno y así no me da una pulmonía, gracias. Empieza a refrescar.
-Sí, pero bueno, por lo menos ahora podemos hablar, ya que has roto tu 'voto de silencio' y estás ligeramente amigable. ¿No?
-Bueno, no te pases, a ver si voy a estarme callada otro medio año- me miró con fingido enfado y luego sonrió.- Me alegro de haberme topado contigo.
-Y yo me alegraría si por lo menos supiera cómo dirigirme a ti, doña "no voy a decirte mi nombre"- dije, burlándome de ella.
Rió levemente y me miró entristecida mientras decía -No me gusta mi nombre, no porque sea feo, me recuerda a cosas que no van a volver, y duele. Ya encontraré un nombre que me identifique, no sé, llámame Miércoles, fue cuando nos conocimos, así ya tienes algo con qué llamarme, prefiero recordar el día en que salí de esa asquerosa ciudad de mutantes y muerte que una vida a la que no podré volver.
-¿Cómo sabes que era miércoles?
-Lo sé. No me hagas recordar más mi pasado, yo no te recuerdo el tuyo.

Se volvió sombría y rehusó hablar durante un rato.
Tras poco más de una hora de caer una lluvia torrencial y subirnos a un par de piedras para mantenernos relativamente secos, vimos una silueta a lo lejos. Me miró atemorizada y yo le devolví la mirada igual de cagado de miedo. No sabíamos qué era, así que nos escondimos tras las rocas que nos sirvieron de 'secapiés'.

Conforme se acercaba nosotros observábamos ocultos tras las rocas, era una criatura extraña, peluda, grande, enorme. Parecía un cruce entre un oso y alguna clase de gigante horroroso. Siguió avanzando a cuatro patas, se paró a menos de diez metros de nosotros, se puso en pie y olfateó el ambiente.

-Troll...- sin duda aquello era un troll, como los de las viejas leyendas del norte de Europa, los que vivían en cuevas y debajo de los puentes- no me jodas que eso es un troll...
Miércoles estaba sin palabras. Aquella criatura semejante a un gigante peludo y horrendo de unos cinco metros de altura parecía capaz de chafarnos con una sola mano sin perder los nervios.
Por suerte parecía que la lluvia le dificultaba bastante el localizarnos, eso o que cada vez que divisábamos un arroyo íbamos a asearnos en la medida de lo posible.
Tras olisquear un poco más se encaminó de nuevo por la carretera andando como un gorila, cada paso era eterno y pareció que hubieran pasado horas hasta que lo perdimos de vista tras un recodo.

-Hay que irse.
-Sí.
-Vamos, da igual si llueve.
-¿No nos la daremos?
-No creo, yo controlo, y tal.
-Bueno, vamos, no quiero volver a toparme con uno de ésos.

Montamos en la moto y me dispuse a arrancar, verifiqué que todo fuera a funcionar, porque dispondría de poco tiempo antes de que aquél troll oyera el motor y viniera a ver qué cena se perdía.
Por suerte conseguí arrancar a la segunda, salimos disparados en dirección opuesta a la que iba el troll, que por suerte era la que seguíamos al principio. Aunque no tardamos en oír rugidos furiosos tras nosotros, aquél desgraciado corría como el viento, y con la lluvia no podía ir demasiado deprisa por miedo a patinar y que nos alcanzara.
Pasamos más de media hora huyendo todo lo rápido que podíamos mientras el furioso troll nos pisaba los talones y nos lanzaba rocas y troncos caídos que iba encontrando a su paso, intentando detenernos.
La carretera se volvió incluso más estrecha de pronto, me obligó a ir mucho más despacio y Miércoles gritaba asustada mientras se agarraba a mí para no caerse.
-¡No te preocupes, debe faltar poco para salir de las montañas! ¿Tenemos algo que puedas lanzarle?
-¡No creo! ¡Veré qué tengo a mano!- dijo mientras buscaba en su mochila, de la que sacó unos petardos que habían aguantado secos incomprensiblemente.- ¿Y si le lanzo esto? ¿Tienes un mechero?
Le pasé mi mechero, que se encendió a duras penas, y encendió una ristra de petardos unidos por un cordel, se volvió y se los lanzó al troll en la cara mientras chillaba porque estaba a punto de alcanzarnos. Si no hubiera sido por esos petardos la hubiera agarrado y me habría tirado de la moto. Habría sido nuestro fin. La traca de petardos le explotó en la cara y se detuvo, chilló asustado y rugió hacia nosotros incluso más enfadado.
-Parece que no le ha gustado tu broma.
-Cállate, hemos ganado espacio, ¿no?

Llegamos al final de la carretera de montaña y la lluvia seguía cayendo como si hiciera alguna falta. Los campos circundantes estaban anegados, en algunos podía verse cómo el agua llegaba a cubrir incluso algunos árboles. La mala noticia era que el troll nos vería porque la carretera seguía prácticamente recta durante lo que abarcaba la vista, la buena noticia era que podría darle más gas y podría ser que lo dejáramos atrás. Y eso hice, metí el gas a tope y salimos disparados.

-¡Mira! ¡Sale el Sol!
-¡Jamás habría pensado que deseara tanto que dejara de llover y saliera el Sol!
-Ni yo...

Frenamos y nos volvimos para ver si el troll seguía tras nosotros. Lo vimos muy de lejos, seguía corriendo pero parecía agotado. De pronto el cielo empezó a despejarse más deprisa y el Sol cayó sobre todo el llano, dando de lleno en él y convirtiéndolo en roca.

-Menos mal que los mitos tienen parte de verdad ¿eh? Vámonos de aquí, debe haber algún lugar seco por aquí, mira, aquella colina parece bastante aceptable, hay un par de árboles pero hay buena visibilidad, deberíamos probar- Parecía ser más optimista que yo, que veía que habría que cruzar una marisma inundada de lluvia para llegar allí.
-No creo que debamos cruzar sin saber qué profundidad hay.
-Es sólo un campo, mira a tu alrededor, es lo más llano que te puedes tirar a la cara, ésa colina parece un grano fuera de lugar.
-Qué asco... Vale, saca el mapa, tenía varias anotaciones de alturas y profundidades de valles y montañas- sacó el mapa y nos empezamos a buscar- mira, ahí estamos, justo al salir de la cordillera, el máximo desnivel son sólo tres metros. Es mucho desde la perspectiva de que con un palmo de agua ya vamos jodidos, piensa que todo será barro debajo de eso.
-Bueno, pues quédate aquí mojado, yo creo que habría que intentarlo.
Dicho esto me puso una cara con mirada suplicante de cachorrito incluida, así que no pude negarle el intentarlo.

-Está bien, mira, dejamos todo aquí, voy a ir yo sólo, si me hundo prefiero que los bártulos estén medianamente secos, ¿vale?
-Ok, yo te espero, mi valiente caballero- dijo conteniendo una risotada que acabó escapándosele. Le dediqué mi mirada más despreciante y me puse manos a la obra- no te enfades, sabes que eres el mejor hermano que se puede tener.
-Soy el único hermano que se puede tener, y ni siquiera tenemos la misma sangre. Nos encontramos por casualidad y soy mayor que tú, así que siento que debo cuidarte, no quiero volver a estar sólo tras saber qué bestias corren por el mundo.
-¡Déjate de palabrería ñoña y lánzate a la aventura!
Y así lo hice, incluso me desabrigué, cogí unos pantalones más cortos y me los puse, fui en camiseta y sin zapatos, cierto es que podría morderme algún animal que se paseara por aquella agua recién caída, pero prefería tener los zapatos secos cuando volviera a ponérmelos.
Encaré la moto con el montículo donde íbamos a esperar a que se calmara el clima y di gas a tope. Al entrar en el agua me salpiqué entero, habría preferido llevar un anorak polar de cuádruple capa y pantalones impermeables, pero no pudo ser, así que me estremecí de frío y maldije a grito pelado mientras avanzaba patéticamente lanzando agua en todas direcciones. Por un momento creí que el agua iba a llegar a cubrir el motor, ya iba con las piernas alzadas para no meter los pies en ésa agua helada. pero llegué relativamente sano y relativamente salvo a la otra orilla, dejé la moto y subí a contemplar desde arriba.

Parecía que nuestra aventura con petardos y travesías casi submarinas por la llanura habían despertado el interés de la fauna local, o lo que sea que fuera el grupo que se acercaba desde muy lejos. Hice señas a Miércoles de que viniera, que se pusiera algo de plástico en los pies y viniera con los bártulos lo más rápido que pudiera. Llegó a duras penas, y nos escondimos como pudimos dentro de unos arbustos, moto incluída.

No parecían peligrosos, pero el grupo de supuestas personas que se acercó se quedó mirando el montículo desde la carretera, discutieron, y decidieron acampar allí mismo, supongo que a la espera de que bajara el agua o saliéramos a saludar. 
Como estaba anocheciendo decidimos dormir, tampoco había mucho más que hacer.