miércoles, 2 de octubre de 2013

CAPÍTULO NOVENO: Fango

-¡Buenos días! He hecho huevos fritos para el desayuno, ¿cómo lo ves?
-¿Eh..? -Me desperecé de golpe con el olor a huevos fritos que parecía que hacía décadas que no olía - Buenos días, ¿huevos fritos? ¿qué huevos fritos?
-Me levanté pronto y fui al arroyo a por agua, pero vi un pequeño nido cerca de la orilla entre unas rocas, así que me asomé, no parecía que nadie lo custodiara y había unos pocos huevos, así que cogí dos, uno para cada uno, estoy cansada de desayunar aire y polvo del desierto, ¡quiero comer algo bueno!
-Pero no sabes de qué son los huevos, podrían no ser comestibles -aunque realmente tenían buena pinta- mejor cocínalos bien, que no haya posibilidad de que cojamos ninguna enfermedad rara...
-En ello estoy.

Los días habían pasado, y las semanas, seguíamos camino adelante, mi pequeña compañera se había convertido en buena ayuda, genial compañera y mejor amiga. Aunque aún tras el tiempo que había pasado no quería decirme su nombre, tampoco iba a obligarla. Tras aquel incidente en el desierto decidimos hablar poco y seguir adelante. Si había algo que decir se decía, me sobresaltó ese buen humor en plena mañana y sin previo aviso.

-¿Tanta ilusión te hace comer huevo frito? Vale que no solemos tener comida cocinada, pero no es para tanto, digo yo. ¿Qué te ha hecho romper tu inquebrantable silencio?
-Nada, me hace ilusión comer algo que no sea sopa de raíces con infusión de la primera planta aromática que encontremos. Además, ¿hablaré si quiero, qué más te da?
-Pues darme me da, ¿qué quieres que te diga? llevas como medio año sin abrir la boca más que para comerte tu querida y deseada sopa de raíces, que bastante bien nos ha venido, por cierto.
-Bah, cómete el huevo, si lo sé no te digo nada. Ojalá se te atragante, borde.

Comí el huevo como los judíos comieron el maná caído del cielo pues hacía meses que no había caza, y más aún que no comía huevos fritos para desayunar, ¡qué recuerdos! La miré, ella comía su parte como si fuera el manjar más delicioso sobre la faz de la tierra. Me miró y le sonreí.

-Gracias- dije, al tiempo que me resbalaba una lágrima al recordar un pasado al que tampoco me desagradaría volver, sumergido en ése huevo frito hecho sobre una piedra plana calentada al fuego.
-De nada, ¿para qué estamos?- dijo, con la boca llena, casi a propósito.

Me reí y pensé en qué nos depararía el nuevo día. Muchos días tranquilos había habido desde la última vez que nos encontramos con alguien, o mejor dicho, con algo. La vida humana como la conocíamos parecía haber desaparecido del planeta, habíamos llegado a una zona de bosques y montañas que parecía más el norte de Europa o Canadá y desentonaba muchísimo con el desierto que la precedió. Nos encontramos varias veces con varios seres extraños vagando cerca de la carretera, alguna vez, incluso, se nos acercaron, pero huimos rápidamente. Lo mejor de todo era que podíamos seguir encontrando lugares de los que sacar algo de combustible, aunque en un momento dado tuve que cambiar varias piezas del motor para que pudiera funcionar con combustibles menos refinados. Corría menos, lo cual no era un gran problema ya que podíamos huir si se daba el caso, pero normalmente era preferible ir despacio y no tropezarse con nada inesperado. Consumía algo menos y podíamos ponerle alcohol, incluso bebidas destiladas del alcohol, al motor parecía no importarle que se mezclaran varios combustibles así que íbamos recogiendo cuanto podíamos, por si acaso.
Habíamos encontrado, a lo largo de varios cientos de kilómetros, varios pequeños asentamientos, campamentos mejor dicho, parecía que los pocos seres humanos 'normales' gustaban de juntarse en pequeños grupos que vagaban por las montañas en busca de la tierra prometida, o algo, aunque ése lugar parecía huir de ellos a la misma velocidad que ellos se acercaban. Sólo en una ocasión divisamos un pequeño grupo de chabolas en las que no fuimos demasiado bien recibidos y tuvimos que huir cabizbajos con disparos en nuestra contra. Había sido un viaje más bien plácido, salvo algunos percances.

-Bien, recojamos todo esto, espero que el olor no atraiga a ninguna fiera, ¿por qué zona debemos estar?- dijo, mientras sacaba un mapa bastante grande que encontramos en una estación de servicio y que, tras discutirlo largamente, pareció ser de la zona en la que nos encontrábamos, o eso pensábamos- Yo creo que estamos por aquí, por esta arboleda, mira, ése es el arroyo al que fui a por agua y huevos, y este monte de aquí parece aquél de allí al final del valle.
-Vale, más o menos debemos estar por esta zona, estamos bastante lejos de cualquier otro pueblo. ¿Lista para otro día aburrido a lomos de nuestra singular cacharrería?
-Por supuesto, esos huevos nos han sentado bien, ¿eh? Y parecía que te ibas a enfadar conmigo.
-Vámonos antes de que me enfade, eres una enana cabezona y pesada.
-¡Si te metes tanto conmigo te las verás conmigo!- dijo mientras se abrochaba un casco que le iba algo grande y que nos salió gratis en un pueblecito hacía varias semanas.

La vieja moto pareció no querer arrancar, pero se dejó persuadir tras varias patadas a la pata de arranque. El sonido era grave y sonaba más bien como alguna clase de aparato industrial, seguramente ninguno de los que la construyeron pensaron que fuera a funcionar de esa manera en la vida, pero lo hacía, y lo hacía genial.
Salimos y rápidamente nos encaminamos hacia el final del valle, parecía acabar en una serie de carreteras estrechas que desembocaban en una gran planicie. Allí habría más ciudades, más suministros, más criaturas. Yo no me sentía cómodo pero mi pequeña amiga parecía feliz con la idea de atravesar lugares peligrosos y correr aventuras. Ojalá nos saliera bien la jugada.

Tras un par de horas dando curvas por la estrecha carretera el cielo empezó a nublarse y cayó una lluvia no demasiado intensa pero sí molesta y persistente. Nos refugiamos tras una pared de roca que sobresalía en la cuneta y nos protegió bastante bien.
De pronto empezamos a ver destellos de luz y a escuchar truenos, parecía que iba a caernos una buena encima. Sólo deseaba que no estuviéramos en una torrentera...
-Vale, creo que pasaremos aquí un buen rato, ¿quieres un plástico para no mojarte más?
-Mmm sí, me da que mejor me pasas uno y así no me da una pulmonía, gracias. Empieza a refrescar.
-Sí, pero bueno, por lo menos ahora podemos hablar, ya que has roto tu 'voto de silencio' y estás ligeramente amigable. ¿No?
-Bueno, no te pases, a ver si voy a estarme callada otro medio año- me miró con fingido enfado y luego sonrió.- Me alegro de haberme topado contigo.
-Y yo me alegraría si por lo menos supiera cómo dirigirme a ti, doña "no voy a decirte mi nombre"- dije, burlándome de ella.
Rió levemente y me miró entristecida mientras decía -No me gusta mi nombre, no porque sea feo, me recuerda a cosas que no van a volver, y duele. Ya encontraré un nombre que me identifique, no sé, llámame Miércoles, fue cuando nos conocimos, así ya tienes algo con qué llamarme, prefiero recordar el día en que salí de esa asquerosa ciudad de mutantes y muerte que una vida a la que no podré volver.
-¿Cómo sabes que era miércoles?
-Lo sé. No me hagas recordar más mi pasado, yo no te recuerdo el tuyo.

Se volvió sombría y rehusó hablar durante un rato.
Tras poco más de una hora de caer una lluvia torrencial y subirnos a un par de piedras para mantenernos relativamente secos, vimos una silueta a lo lejos. Me miró atemorizada y yo le devolví la mirada igual de cagado de miedo. No sabíamos qué era, así que nos escondimos tras las rocas que nos sirvieron de 'secapiés'.

Conforme se acercaba nosotros observábamos ocultos tras las rocas, era una criatura extraña, peluda, grande, enorme. Parecía un cruce entre un oso y alguna clase de gigante horroroso. Siguió avanzando a cuatro patas, se paró a menos de diez metros de nosotros, se puso en pie y olfateó el ambiente.

-Troll...- sin duda aquello era un troll, como los de las viejas leyendas del norte de Europa, los que vivían en cuevas y debajo de los puentes- no me jodas que eso es un troll...
Miércoles estaba sin palabras. Aquella criatura semejante a un gigante peludo y horrendo de unos cinco metros de altura parecía capaz de chafarnos con una sola mano sin perder los nervios.
Por suerte parecía que la lluvia le dificultaba bastante el localizarnos, eso o que cada vez que divisábamos un arroyo íbamos a asearnos en la medida de lo posible.
Tras olisquear un poco más se encaminó de nuevo por la carretera andando como un gorila, cada paso era eterno y pareció que hubieran pasado horas hasta que lo perdimos de vista tras un recodo.

-Hay que irse.
-Sí.
-Vamos, da igual si llueve.
-¿No nos la daremos?
-No creo, yo controlo, y tal.
-Bueno, vamos, no quiero volver a toparme con uno de ésos.

Montamos en la moto y me dispuse a arrancar, verifiqué que todo fuera a funcionar, porque dispondría de poco tiempo antes de que aquél troll oyera el motor y viniera a ver qué cena se perdía.
Por suerte conseguí arrancar a la segunda, salimos disparados en dirección opuesta a la que iba el troll, que por suerte era la que seguíamos al principio. Aunque no tardamos en oír rugidos furiosos tras nosotros, aquél desgraciado corría como el viento, y con la lluvia no podía ir demasiado deprisa por miedo a patinar y que nos alcanzara.
Pasamos más de media hora huyendo todo lo rápido que podíamos mientras el furioso troll nos pisaba los talones y nos lanzaba rocas y troncos caídos que iba encontrando a su paso, intentando detenernos.
La carretera se volvió incluso más estrecha de pronto, me obligó a ir mucho más despacio y Miércoles gritaba asustada mientras se agarraba a mí para no caerse.
-¡No te preocupes, debe faltar poco para salir de las montañas! ¿Tenemos algo que puedas lanzarle?
-¡No creo! ¡Veré qué tengo a mano!- dijo mientras buscaba en su mochila, de la que sacó unos petardos que habían aguantado secos incomprensiblemente.- ¿Y si le lanzo esto? ¿Tienes un mechero?
Le pasé mi mechero, que se encendió a duras penas, y encendió una ristra de petardos unidos por un cordel, se volvió y se los lanzó al troll en la cara mientras chillaba porque estaba a punto de alcanzarnos. Si no hubiera sido por esos petardos la hubiera agarrado y me habría tirado de la moto. Habría sido nuestro fin. La traca de petardos le explotó en la cara y se detuvo, chilló asustado y rugió hacia nosotros incluso más enfadado.
-Parece que no le ha gustado tu broma.
-Cállate, hemos ganado espacio, ¿no?

Llegamos al final de la carretera de montaña y la lluvia seguía cayendo como si hiciera alguna falta. Los campos circundantes estaban anegados, en algunos podía verse cómo el agua llegaba a cubrir incluso algunos árboles. La mala noticia era que el troll nos vería porque la carretera seguía prácticamente recta durante lo que abarcaba la vista, la buena noticia era que podría darle más gas y podría ser que lo dejáramos atrás. Y eso hice, metí el gas a tope y salimos disparados.

-¡Mira! ¡Sale el Sol!
-¡Jamás habría pensado que deseara tanto que dejara de llover y saliera el Sol!
-Ni yo...

Frenamos y nos volvimos para ver si el troll seguía tras nosotros. Lo vimos muy de lejos, seguía corriendo pero parecía agotado. De pronto el cielo empezó a despejarse más deprisa y el Sol cayó sobre todo el llano, dando de lleno en él y convirtiéndolo en roca.

-Menos mal que los mitos tienen parte de verdad ¿eh? Vámonos de aquí, debe haber algún lugar seco por aquí, mira, aquella colina parece bastante aceptable, hay un par de árboles pero hay buena visibilidad, deberíamos probar- Parecía ser más optimista que yo, que veía que habría que cruzar una marisma inundada de lluvia para llegar allí.
-No creo que debamos cruzar sin saber qué profundidad hay.
-Es sólo un campo, mira a tu alrededor, es lo más llano que te puedes tirar a la cara, ésa colina parece un grano fuera de lugar.
-Qué asco... Vale, saca el mapa, tenía varias anotaciones de alturas y profundidades de valles y montañas- sacó el mapa y nos empezamos a buscar- mira, ahí estamos, justo al salir de la cordillera, el máximo desnivel son sólo tres metros. Es mucho desde la perspectiva de que con un palmo de agua ya vamos jodidos, piensa que todo será barro debajo de eso.
-Bueno, pues quédate aquí mojado, yo creo que habría que intentarlo.
Dicho esto me puso una cara con mirada suplicante de cachorrito incluida, así que no pude negarle el intentarlo.

-Está bien, mira, dejamos todo aquí, voy a ir yo sólo, si me hundo prefiero que los bártulos estén medianamente secos, ¿vale?
-Ok, yo te espero, mi valiente caballero- dijo conteniendo una risotada que acabó escapándosele. Le dediqué mi mirada más despreciante y me puse manos a la obra- no te enfades, sabes que eres el mejor hermano que se puede tener.
-Soy el único hermano que se puede tener, y ni siquiera tenemos la misma sangre. Nos encontramos por casualidad y soy mayor que tú, así que siento que debo cuidarte, no quiero volver a estar sólo tras saber qué bestias corren por el mundo.
-¡Déjate de palabrería ñoña y lánzate a la aventura!
Y así lo hice, incluso me desabrigué, cogí unos pantalones más cortos y me los puse, fui en camiseta y sin zapatos, cierto es que podría morderme algún animal que se paseara por aquella agua recién caída, pero prefería tener los zapatos secos cuando volviera a ponérmelos.
Encaré la moto con el montículo donde íbamos a esperar a que se calmara el clima y di gas a tope. Al entrar en el agua me salpiqué entero, habría preferido llevar un anorak polar de cuádruple capa y pantalones impermeables, pero no pudo ser, así que me estremecí de frío y maldije a grito pelado mientras avanzaba patéticamente lanzando agua en todas direcciones. Por un momento creí que el agua iba a llegar a cubrir el motor, ya iba con las piernas alzadas para no meter los pies en ésa agua helada. pero llegué relativamente sano y relativamente salvo a la otra orilla, dejé la moto y subí a contemplar desde arriba.

Parecía que nuestra aventura con petardos y travesías casi submarinas por la llanura habían despertado el interés de la fauna local, o lo que sea que fuera el grupo que se acercaba desde muy lejos. Hice señas a Miércoles de que viniera, que se pusiera algo de plástico en los pies y viniera con los bártulos lo más rápido que pudiera. Llegó a duras penas, y nos escondimos como pudimos dentro de unos arbustos, moto incluída.

No parecían peligrosos, pero el grupo de supuestas personas que se acercó se quedó mirando el montículo desde la carretera, discutieron, y decidieron acampar allí mismo, supongo que a la espera de que bajara el agua o saliéramos a saludar. 
Como estaba anocheciendo decidimos dormir, tampoco había mucho más que hacer.

1 comentario:

  1. Me gusta... Pero son muchos cambios drasticos... Que pinta el trol? No lo llego a comprender, lo siento si parezco algo inculto T_T

    Me parece mucho cambio,sigue gustandome y voy a seguir la historia pero espero una buena explicacion a todo Ò.Ó!

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