Estaba justo en la esquina del parking, y lo vi, no sabía qué era, pero lo vi, de espaldas a mí, aquel enorme intento de insecto mutante gigantesco. Seguro que eso corría más que yo con la moto por una montaña de escombros. ¿Qué se supone que hay que hacer contra eso? ¿Qué es, un escarabajo mutante gigante? Espero que por lo menos no lance llamas o sea demasiado grande como para volar...
Mientras mis pesimistas pensamientos me invadían me oculté tras la esquina y procuré pensar un plan, pero no se me ocurrió nada. Aunque consiguiera alejarlo del a zona, al encender el motor haría ruido como para llamarlo a dos kilómetros. Estaba jodido. O tendría que irme a pie. O conducir muy muy rápido, y conseguir arrancar a la primera, cosa que era incluso más difícil.
Al tanto de que mis preocupaciones me ocupaban la cabeza aquel bicho debió oler la humedad o algo pasaba en otra parte del hospital, porque se puso rápidamente en camino, ¿era alguna clase de milagro?
Entonces lo olí, a pesar de la máscara y del filtro era casi palpable. Algo había hecho prender el hospital entero en llamas. Lástima que no estuviera yo ahí para encender los aspersores, porque pareció que el sistema automático fallaba bastante. Lo importante era que, entre la confusión del escarabajo gigante persiguiendo a los amigos quemados, yo podría intentar huir de allí.
Me encaminé, precavidamente, por un lateral, hacia el parking, no había casi ningún vehículo, sólo un par de ambulancias medio desvalijadas, una camioneta estrellada contra una farola, y unas pocas motocicletas aparcadas de cualquier manera. Y allí estaba la mía, menos mal, creía que no volvería a verla. Sólo faltaba que arrancara. Las ruedas mantenían bien la presión, no parecía que faltara combustible, todo parecía estar en su sitio, sería bueno saber quién la había llevado hasta allí después de mi accidente, se lo agradecería y mucho, aunque seguramente estaba debajo de los escombros de algún edificio, o algo.
Momento de tensión. Las llaves estaban en el bolsillo, sabía que las conservaba por algún motivo. Ponemos el contacto. No hay batería, leñe. Hay que arrancar a patada. Pensándolo mejor, no arranquemos, mejor buscar una salida primero, no fuera cosa que me quedara encerrado y con una fuente de ruido que atrajera a todo ente viviente de la zona...
Empujé aquél aparato de metal, cuero y caucho vulcanizado siguiendo las indicaciones de "Salida", el camino estaba bastante despejado, eso está bien, salvo que sea una película de terror, pero no es una película de terror, ¿verdad?
Ya desde el final de la calle pude ver la salida, estaba entre abierta, y la calle de en frente no parecía estar colapsada, incluso se veía un letrero de una autovía cercana, si conseguía meterme ahí quizás pudiera salir de la ciudad rápidamente. Empujé hasta la verja de salida, y parecía que de pronto se congregara ahí en medio toda una legión de 'supervivientes' que se quejaban entre gemidos y lamentos con sus cuerpos a medio quemar. Me dio tiempo de desviarme, dejé la moto al lado de la caseta del guarda de seguridad, me oculté detrás de esta y esperé a ver si se dispersaban, aunque parecía que iban a ver el incendio de más arriba, aquel hospital ardía como el mismísimo infierno.
Pareció que no eran tantos, tras varios minutos hubieron pasado todos, no pareció que ninguno se diera cuenta de mi presencia en la caseta del vigilante. Cuando hubieron pasado saqué la moto fuera y escuché. Se oía el fuego devorando el hospital sobre la colina, se oía a toda aquella muchedumbre pululando a su alrededor como si fuera un espectáculo a contemplar. Pero no se oía nada más. Eso era bueno y malo, si no se oía nada significaba que no había nadie alrededor, pero significaba que nada encubriría el sonido del motor, habría que darse prisa en salir de ahí, empezaba a anochecer...
Llaves. En el contacto. Combustible. Comprobado. Ruedas. Comprobado. Luces. No había batería, habría que arrancar primero. Vamos allá. Le di la patada al arranque. Nada. Otra más. Nada. Otra más. Nada.
Esto empezaba a impacientarme. Como alguien me oyera estaba apañado. Otra más. Nada.
Mierda. No he mirado el grifo del combustible.
Cerrado.
...
Casi podía sentir la colleja que todos los motoristas de la historia me estaban dando en ese momento. Qué horror...
Abrí el grifo de gasolina. Patada. Arrancó. Mi alegría inicial se vio súbitamente cortada por el ruido de aquellos que contemplaban el incendio viniendo a ver qué hacía tanto ruido ahí fuera. El escarabajo parecía acompañarlos mientras devoraba a alguno. No me gustaría nada estar en su piel, había que salír de ahí si no quería acabar como ellos.
Metí primera y salí echando leches como un rayo, la calle parecía más sucia que lo que estaba, casi no había baches ni escombros comparado con lo que esperaba. Llegué al final de la calle a toda velocidad, busqué algún letrero que indicara pueblos fuera, pero no había nada. Tenía que ir a ciegas.
De pronto me vi detenido, con el motor en marcha, y sintiendo ojos furiosos clavándoseme en la espalda. Arranqué otra vez, directo a la primera calle rápidamente transitable que encontrara, tenía que salir de ahí urgentemente.
Seguí recto durante un buen trecho, crucé un puente bastante maltrecho, giré a la derecha y divisé el final de la línea de casas a varios cientos de metros. Esto promete, me dije, pero al llegar al primer cruce tuve que frenar de golpe, la calle estaba cortada, o eso me pareció. De repente alguien se abalanzó sobre mí y me sacudió.
-¿Qué mierda haces? ¿Estás loco? ¡Apaga eso! -Parecía una chiquilla asustada, pero no lo era. Iba claramente protegida contra la nube tóxica, con ropa que debió conseguir en alguna tienda de senderismo. Estaba claramente preparada para sobrevivir ahí o en cualquier sitio.
-¿Por qué me tiras? ¿Qué mierda haces tú? Me voy de aquí -dije, y me encaminé a la moto que seguía encendida y tirada en el suelo.
-Espera -me agarró del brazo- llévame contigo, no quiero seguir aquí.
-Ni siquiera sabes si soy de fiar.
-Más que todos estos que vienen a vernos seguro.
Me fijé en que una gran horda de energúmenos se acercaba, debían haberme perseguido por media ciudad.
-Sube.
Incorporé la moto, subimos los dos y salimos disparados. Pareció que la acera estaba libre así que por allí me metí, aunque atravesé la terraza de un bareto que tenía sillas de plástico desperdigadas frente a la puerta.
Una vez llegamos al final de la calle miré atrás, la nube de gas parecía disiparse lejos de la ciudad, avanzamos durante un buen rato más a pleno gas. Había que alejarse lo máximo posible. Ya habría tiempo para preguntas. Era agradable tener compañía en la desolación del escenario que acababa de presenciar.
Cuando ya era noche cerrada y llevaba como una hora conduciendo decidí que había que pararse a dormir. Ella se había dormido agarrada a mí, debió pasar bastante miedo en ese desdichado lugar. Extendí las mantas bajo un saliente para protegernos del frío y del rocío de la mañana, aunque dejé un par de recipientes vacíos abiertos para recoger lo que pudiera. Nos encontrábamos a unos cien metros de la carretera, por precaución. La dejé en la manta, la tapé y monté guardia hasta caer rendido apoyado en la roca que conservaba el calor del sol de esa zona desértica.
Mientras mis pesimistas pensamientos me invadían me oculté tras la esquina y procuré pensar un plan, pero no se me ocurrió nada. Aunque consiguiera alejarlo del a zona, al encender el motor haría ruido como para llamarlo a dos kilómetros. Estaba jodido. O tendría que irme a pie. O conducir muy muy rápido, y conseguir arrancar a la primera, cosa que era incluso más difícil.
Al tanto de que mis preocupaciones me ocupaban la cabeza aquel bicho debió oler la humedad o algo pasaba en otra parte del hospital, porque se puso rápidamente en camino, ¿era alguna clase de milagro?
Entonces lo olí, a pesar de la máscara y del filtro era casi palpable. Algo había hecho prender el hospital entero en llamas. Lástima que no estuviera yo ahí para encender los aspersores, porque pareció que el sistema automático fallaba bastante. Lo importante era que, entre la confusión del escarabajo gigante persiguiendo a los amigos quemados, yo podría intentar huir de allí.
Me encaminé, precavidamente, por un lateral, hacia el parking, no había casi ningún vehículo, sólo un par de ambulancias medio desvalijadas, una camioneta estrellada contra una farola, y unas pocas motocicletas aparcadas de cualquier manera. Y allí estaba la mía, menos mal, creía que no volvería a verla. Sólo faltaba que arrancara. Las ruedas mantenían bien la presión, no parecía que faltara combustible, todo parecía estar en su sitio, sería bueno saber quién la había llevado hasta allí después de mi accidente, se lo agradecería y mucho, aunque seguramente estaba debajo de los escombros de algún edificio, o algo.
Momento de tensión. Las llaves estaban en el bolsillo, sabía que las conservaba por algún motivo. Ponemos el contacto. No hay batería, leñe. Hay que arrancar a patada. Pensándolo mejor, no arranquemos, mejor buscar una salida primero, no fuera cosa que me quedara encerrado y con una fuente de ruido que atrajera a todo ente viviente de la zona...
Empujé aquél aparato de metal, cuero y caucho vulcanizado siguiendo las indicaciones de "Salida", el camino estaba bastante despejado, eso está bien, salvo que sea una película de terror, pero no es una película de terror, ¿verdad?
Ya desde el final de la calle pude ver la salida, estaba entre abierta, y la calle de en frente no parecía estar colapsada, incluso se veía un letrero de una autovía cercana, si conseguía meterme ahí quizás pudiera salir de la ciudad rápidamente. Empujé hasta la verja de salida, y parecía que de pronto se congregara ahí en medio toda una legión de 'supervivientes' que se quejaban entre gemidos y lamentos con sus cuerpos a medio quemar. Me dio tiempo de desviarme, dejé la moto al lado de la caseta del guarda de seguridad, me oculté detrás de esta y esperé a ver si se dispersaban, aunque parecía que iban a ver el incendio de más arriba, aquel hospital ardía como el mismísimo infierno.
Pareció que no eran tantos, tras varios minutos hubieron pasado todos, no pareció que ninguno se diera cuenta de mi presencia en la caseta del vigilante. Cuando hubieron pasado saqué la moto fuera y escuché. Se oía el fuego devorando el hospital sobre la colina, se oía a toda aquella muchedumbre pululando a su alrededor como si fuera un espectáculo a contemplar. Pero no se oía nada más. Eso era bueno y malo, si no se oía nada significaba que no había nadie alrededor, pero significaba que nada encubriría el sonido del motor, habría que darse prisa en salir de ahí, empezaba a anochecer...
Llaves. En el contacto. Combustible. Comprobado. Ruedas. Comprobado. Luces. No había batería, habría que arrancar primero. Vamos allá. Le di la patada al arranque. Nada. Otra más. Nada. Otra más. Nada.
Esto empezaba a impacientarme. Como alguien me oyera estaba apañado. Otra más. Nada.
Mierda. No he mirado el grifo del combustible.
Cerrado.
...
Casi podía sentir la colleja que todos los motoristas de la historia me estaban dando en ese momento. Qué horror...
Abrí el grifo de gasolina. Patada. Arrancó. Mi alegría inicial se vio súbitamente cortada por el ruido de aquellos que contemplaban el incendio viniendo a ver qué hacía tanto ruido ahí fuera. El escarabajo parecía acompañarlos mientras devoraba a alguno. No me gustaría nada estar en su piel, había que salír de ahí si no quería acabar como ellos.
Metí primera y salí echando leches como un rayo, la calle parecía más sucia que lo que estaba, casi no había baches ni escombros comparado con lo que esperaba. Llegué al final de la calle a toda velocidad, busqué algún letrero que indicara pueblos fuera, pero no había nada. Tenía que ir a ciegas.
De pronto me vi detenido, con el motor en marcha, y sintiendo ojos furiosos clavándoseme en la espalda. Arranqué otra vez, directo a la primera calle rápidamente transitable que encontrara, tenía que salir de ahí urgentemente.
Seguí recto durante un buen trecho, crucé un puente bastante maltrecho, giré a la derecha y divisé el final de la línea de casas a varios cientos de metros. Esto promete, me dije, pero al llegar al primer cruce tuve que frenar de golpe, la calle estaba cortada, o eso me pareció. De repente alguien se abalanzó sobre mí y me sacudió.
-¿Qué mierda haces? ¿Estás loco? ¡Apaga eso! -Parecía una chiquilla asustada, pero no lo era. Iba claramente protegida contra la nube tóxica, con ropa que debió conseguir en alguna tienda de senderismo. Estaba claramente preparada para sobrevivir ahí o en cualquier sitio.
-¿Por qué me tiras? ¿Qué mierda haces tú? Me voy de aquí -dije, y me encaminé a la moto que seguía encendida y tirada en el suelo.
-Espera -me agarró del brazo- llévame contigo, no quiero seguir aquí.
-Ni siquiera sabes si soy de fiar.
-Más que todos estos que vienen a vernos seguro.
Me fijé en que una gran horda de energúmenos se acercaba, debían haberme perseguido por media ciudad.
-Sube.
Incorporé la moto, subimos los dos y salimos disparados. Pareció que la acera estaba libre así que por allí me metí, aunque atravesé la terraza de un bareto que tenía sillas de plástico desperdigadas frente a la puerta.
Una vez llegamos al final de la calle miré atrás, la nube de gas parecía disiparse lejos de la ciudad, avanzamos durante un buen rato más a pleno gas. Había que alejarse lo máximo posible. Ya habría tiempo para preguntas. Era agradable tener compañía en la desolación del escenario que acababa de presenciar.
Cuando ya era noche cerrada y llevaba como una hora conduciendo decidí que había que pararse a dormir. Ella se había dormido agarrada a mí, debió pasar bastante miedo en ese desdichado lugar. Extendí las mantas bajo un saliente para protegernos del frío y del rocío de la mañana, aunque dejé un par de recipientes vacíos abiertos para recoger lo que pudiera. Nos encontrábamos a unos cien metros de la carretera, por precaución. La dejé en la manta, la tapé y monté guardia hasta caer rendido apoyado en la roca que conservaba el calor del sol de esa zona desértica.
Sublime! Espero que esta sea la que continues! Me encanta!
ResponderEliminarEspero impaciente a ver mas capitulos, me gustan las tramas enrevesadas, a ver si se te ocurre algo :3!