lunes, 7 de octubre de 2013

CAPÍTULO DÉCIMO: Navegantes

-Eh, despierta, siguen ahí -susurré a Miércoles mientras intentaba desperezarla. Se incorporó y se asomó conmigo por sobre el montículo. -Parece que han dormido ahí también. Estoy helado, habría que hacer algo, no creo que estos tengan prisa.
-Mierda, ¿cómo secamos la ropa? La humedad es palpable, mira qué bruma se ha alzado. Quizás no quieran problemas, tal vez sólo sean viajeros, como nosotros.
-¿Quieres arriesgarte a ir? Yo no voy a ir hasta ahí, son más que nosotros, por lo menos he podido contar seis.
-Diles algo desde aquí, apuesto a que saben que estamos aquí escondidos, y si saben que estamos aquí deberíamos hacer fuego y secar la ropa, comer algo y calentarnos, vamos a coger una gripe de caballo.
-Cierto... Mierda. Voy a intentar llamar su atención, de todos modos lo peor que puede pasar es que vengan, y si vienen no creo que nos cueste rechazarlos, irán despacio por el barrizal- nos observé a los dos, empapados, llenos de barro y tiritando de frío, tirados en el suelo en un montículo, a cubierto sólo por un árbol no demasiado grande y rodeados completamente de un agua turbia que, como mínimo, tenía medio metro de profundidad- Deberíamos intentar secar la ropa primero. Veamos qué tenemos.

Saqué una cuerda de una de las bolsas, de alguna manera había permanecido seca, lo cual tampoco era para alegrarme el día. La até a la base del árbol y la estiré hasta la moto, que estaba apoyada en una piedra en la orilla más alejada de la carretera. Gracias a la pendiente tenía la altura suficiente y no llamaría mucho la atención, colgamos la ropa y buscamos algo seco que ponernos, aunque no había mucho. Por lo menos una lona y un par de mantas sí seguían secas, colgué la lona sobre la cuerda y busqué una rama para hacer de puntal. Tienda de campaña lista, por lo menos no nos mojaríamos si volvía a llover. Y con la poca ropa seca que quedaba y las mantas tiraríamos durante un rato. Después me acerqué a la cima del montículo, tenía que poder esconderme rápido si la cosa se torcía.

Permanecí de pie unos minutos mientras Miércoles me observaba desde la improvisada tienda de campaña, cubierta con la manta, sucia de barro entera y con ojos preocupados. Le devolví la mirada y le hice un gesto de que todo parecía ir bien.

-¡Eh! ¡Hola!- grité, esperé a ver si había respuesta, aunque no parecía haber nadie despierto- ¿Hay alguien ahí?
No respondía nadie y no podía ver del todo bien puesto que estaban en el borde de mi campo de visión, la niebla que se había levantado de madrugada lo cubría todo y a unos veinte metros de distancia no se veía prácticamente nada.
-Tal vez estén dormido, vuelve a intentarlo- susurró Miércoles.
-¡¿Hola?! ¿Hay alguien ahí?
De pronto se oyeron algunas voces, estaba lo bastante cerca para oírlas pero lo suficientemente lejos como para no entender ni jota, el día anterior me había parecido estar más cerca de la carretera.
-Bueno, creo que he dejado claro que estamos aquí, así que si quieren algo ya llamarán. Vamos a hacer fuego, tengo frío y hambre, y voy a acabar poniéndome de mala leche.
-Sí, mejor comamos algo, esta niebla me está dando canguelo.

Recuperé cuantas ramas y hojas pude de los alrededores, aunque estaban bastante mojadas aún. Las reunimos en un pequeño hoyo en el suelo para contener las brasas y lo impregnamos todo del mezclado de combustibles que llevaba la moto. Prendió, empezó a soltar un humo denso y blanco por la humedad y que algunas ramas tenían aún hojas verdes, a la vez que el combustible echaba un humo negro. En seguida nos arrimamos al fuego, calentamos una lata de comida sin etiquetar que seguramente estaba caducada, pero nos dio bastante igual.

Mientras comíamos discutimos qué hacer, no podíamos quedarnos en aquél islote de por vida, no tenía sentido. Mi plan era llamar la atención de nuestros visitantes y acercarnos si parecían pacíficos, Miércoles dijo que nos acercáramos sí o sí, que total sería morirse allí de hambre y frío o a golpes, yo también prefería los golpes, en cierta manera.

-¿Oyes eso?
-¿El qué?
-No sé, se oye como si algo se arrastrara.
-No, ¿seguro que no te lo has imaginado? Iré a ver, por si acaso.

No nos habíamos fijado, pero la niebla se había vuelto más espesa, ya no se veía la carretera, no se veía nada, parecía que una enorme nube nos hubiera engullido y se nos hubiera llevado a los cielos. No se oía nada a parte del crepitar de la hoguera.

-No sé qué pasa, esta niebla empieza a no ser normal.
-Bueno, tampoco podemos hacer nada al respecto, ¿quieres el resto de... esto?- señaló la lata de comida, realmente no sabíamos ni qué era, sabía como a mezcla de carne, verduras, legumbres, y carbón, aunque nos supo a gloria, y lo saboreamos como a un manjar de dioses puesto que era lo último que quedaba.
-Acábatelo, estoy bien.
No hace falta decir que se lo terminó en menos de dos segundos. La pequeña Miércoles engullía comida como si hubiera pasado semanas sin comer, bueno, estaba en edad de crecimiento.  Menuda vida le había tocado...
-Vamos a ver si está seca la ropa, espero que sí, esta manta empieza a serme incómoda, y los bajos se llenan de barro.

De pronto se oyó una serie de crujidos y el suelo empezó a temblar. Al parecer el montículo debía estar sobre alguna superficie flotante, quizás un montón de troncos o la casa de algún castor.
-¿Qué está pasando? ¿Nos movemos?
-Eso parece, quizás sea la forma de salir de aquí sin pasar por conocer a nuestros vecinos.
-Aún así me da algo de miedo, no sabemos qué hay al final de este cenagal, ¿y si embarrancamos en medio de la nada y no podemos salir?
-Bueno, ya se verá, ahora no podemos hacer nada.

La niebla empezó a disiparse al cabo de un par de horas, habíamos flotado a la deriva todo ese tiempo y, faltos de algo que hacer, aprovechamos para poner más cosas a secar y dormir por turnos, montando guardia. No podíamos saber a dónde nos llevaría nuestro pequeño islote flotante, pero podía no ser un lugar amistoso.
Cuando la niebla se disipó del todo nos encontramos bajando por un río bastante ancho y tranquilo, debíamos estar yendo a menos de un kilómetro por hora. Observando alrededor se podían ver árboles fuera del borde del río, sólo esperaba que no nos llevara a mar abierto o a un lago demasiado ancho, aunque eso era realmente probable.
-Eh, despierta, mira esto.
-Qué extraño...
-No pensaba beber de ése agua, de todos modos.
Los árboles estaban secos, a ambos lados del río, como si el agua que bebían de él no fuera sana en absoluto. A cada kilómetro que avanzábamos se hacía un poco más ancho, e íbamos de un lado para otro según le venía en gana a las corrientes de agua. Cuando empezó a caer la noche decidimos que había que conseguir dirigir aquella broma de embarcación, así que nos despedimos del arbusto que nos hizo de cama-techo la noche en que llegamos a nuestro extraño montículo flotante, le quitamos las ramas, que añadimos a la hoguera, que manteníamos encendida pero a baja intensidad, por si acaso. Le atamos trozos de corteza y lo usamos de remo, aunque era mucho más que insuficiente para algo que debía medir unos seis metros de ancho y que no sabíamos qué calado tenía. Aunque pronto lo averiguaríamos.
Se oyó un crujido y embarrancamos en medio de la nada, ni siquiera se veía en qué habíamos embarrancado, el agua seguía algo removida y estábamos lejos de la orilla. Casi era noche cerrada así que no podríamos hacer demasiado hasta que saliera el sol, y en el horizonte se divisaban nubes de tormenta.
-Como vuelva a diluviar estaremos jodidos, si una riada nos atrapa aquí en medio la palmamos fijo.
-Deberíamos subirlo todo a la cima, bajo el árbol- y eso hicimos, aunque desistimos de empujar la moto y la dejamos a media subida porque nos hundíamos en la pendiente al intentar empujarla- debe haber un par de metros en total, mejor que estar abajo seguro que es.
-Bueno, eso sí, además el aire se renovará mejor arriba.
-Por lo menos ya no estamos congelados y no vagamos por el río.
-De momento, vamos a dormir, no tenemos mucho que hacer.

Al cabo de un buen rato ninguno había conseguido pegar ojo, había nervios por la posible lluvia, además no sabíamos ni dónde estábamos, y el mapa estaba empapado e incomprensible.

1 comentario:

  1. Me gusta este pequeño giro, pero ahora me entra curiosidad por saber sobre el otro grupo de personas, me da la sensacion de que tendran relevancia tarde o temprano >____<

    ResponderEliminar

Dime si te mola, o algo :D