lunes, 14 de octubre de 2013

CAPÍTULO ONCEAVO: ¿A pie?

Me desperté de súbito, se oía el agua correr, pero no nos movíamos, abrí los ojos y observé a mi alrededor.
Miércoles seguía ahí, medio desperezándose, nuestras cosas seguían ahí. Pero el agua había subido, y la moto...¿La moto? ¿Dónde estaba la moto? El agua había subido hasta cubrir el último lugar donde recordaba haberla visto, y nos habíamos movido, ni siquiera nos dimos cuenta, debió subir el agua lentamente pero la corriente era rápida. Se podía ver un conjunto de casas a lo lejos, a no más de un kilómetro o dos, y pude apreciar que estábamos embarrancados en una orilla, cerca de una caseta que parecía haber sido un viejo molino de agua.

-Despierta, Miércoles, levántate, mira- parecía que se negara a despertarse, y cuando abrió los ojos me miró como si le pesara la vida- ¿Qué te pasa?
-No me encuentro bien, me duele la cabeza- se levantó pesadamente y me miró con ojos llorosos- estoy mareada.
-Tranquila, siéntate, tápate con la manta. No te muevas de aquí, ¿de acuerdo? Iré a ver qué hay por los alrededores, intenta no hacer ruido y no hagas fuego si no es indispensable.
-Vale, no tardes, hermano.-Me dirigió una mirada de sincero miedo y cariño que me reconfortó. La abracé.
-No temas, hermana, volveré en seguida.
-De acuerdo.

Me llevé un pequeño 'kit de supervivencia' compuesto por un filtro sencillo de gases improvisado con una careta de buceo y una mascarilla anti polvo que nos habíamos fabricado en la última ciudad en la que estuvimos, funcionaba bastante bien, tenía filtros para diversos gases, y teníamos una cada uno. También llevaba un cuchillo de un palmo, una cuerda de unos cincuenta metros, un botecito con gasolina de mechero, trapos y un pedernal y una linterna manual que encontramos en una vieja tienda de artículos de acampada, de ésas que se cargan manualmente con una manivela, todo metido en una mochila con diversos bolsillos.

Me encaminé hacia la orilla, salté de nuestro montículo y caí en un barro espeso que se hundía muy lentamente, pude llegar a suelo firme sin problemas. Fui a hurtadillas hasta el viejo molino y me asomé por una de las ventanas. Cómo no, estaba oscuro y no se veía prácticamente nada, aunque se vislumbraba maquinaria oxidada que había tenido mejores épocas. Entré, empujé levemente la puerta y parecía desear ser abierta pues se abrió de golpe, luego se estrelló contra la pared, se partieron las bisagras oxidadas y la puerta cayó al suelo delante de mis narices con un ruido metálico y sordo.
Inmediatamente me escondí, si había alguien era mejor que no me viera, me adentré en la oscuridad de aquella caseta no más grande que una casita unifamiliar, pero llena de estanterías repletas de botes que habían perdido la etiqueta hacía tiempo, mesas de trabajo, herramientas, piezas de maquinaria pesada y botellas con líquidos varios como aceite lubricante y desengrasante. Encendí la linterna, a la que tenía que dar cuerda constantemente, logrando ver algunas etiquetas. Parecía alguna lengua del norte de Europa, lo cual concordaría con el paisaje boscoso, el clima frío y húmedo, y la presencia de trolls, aunque eso en menor medida. Al no entender ni jota fui a ver si había algo de comida en lata o materiales más útiles, incluso habría estado bien encontrar algún vehículo relativamente funcional, pero no hubo suerte.
Después de escudriñar todo el recinto, casi quedar sepultado bajo varias decenas de cacharros metidos de mala manera en los estantes y cajones, tomarme un respiro para un cigarro, y dar algo de cuerda extra a la linterna, decidí salir. Había encontrado otra puerta, así que fui a ver qué había por allí. Y resultó ser bastante parecido a aquella puerta por la que había entrado al principio, acabé de cara al yermo, aunque se veía un caminito asfaltado que dejaba evidente, dada la cantidad de plantas que habían crecido alrededor y desde debajo del mismo, que no circulaba demasiada gente por allí a menudo. Parecía ir hacia el conjunto de casas que vi desde el islote.
Ojeando alrededor vi que era bastante llano hasta varios kilómetros lejos, no había nada que me llamara a explorar una extensión tan grande de campo vacío, así que volví al islote sólo para ver que Miércoles se había puesto la máscara y había caído dormida.
-¿Por qué llevas la máscara? Ni que hubiera gases tóxicos.
-En realidad he visto una señal ahí mismo, ponte la máscara, rápido.
Obedecí y miré en la dirección en la que ella señalaba. Había una gran cañería que emergía de un saliente en el lateral del río que soltaba un agua turbia y marronosa acompañada de vapores extraños. Rodeándola había varias señales de peligro con dibujitos de gente con mascarillas y lo que entendimos como advertencias de gases nocivos y mortales.
-Pues menos mal que lo has visto, a saber cuánto hemos respirado esto ya.
-En realidad creo que me sentía mal por eso mismo, ahora me siento algo mejor. ¿Encontraste algo?
-No mucho, aunque puede que haya un camino hacia ése pueblo de allá al fondo -dije, señalando a las casas que había a un par de kilómetros.
-¿Podemos irnos de aquí antes de que se contamine todo lo que llevamos puesto, encontrar algo de comer, y llegar a algún lugar menos siniestro?
-Podemos intentarlo, vamos.
Recogimos todo y nos encaminamos hacia el pueblecito a lo lejos, esperando llegar antes de anochecer.

Caminamos durante horas, el camino parecía no terminar, el paisaje era desolado pero inspiraba paz, de alguna manera. Encontramos algunas bayas comestibles y tras una pequeña colina encontramos una pequeña estación de servicio destartalada. Debería haber algo de comer ahí, tal vez incluso un mapa.

Llegamos hasta la estación de servicio, no parecía que hubiera nadie por los alrededores desde hacía mucho tiempo, pero nunca estaba de más ser precavido.
-Tú vigilas y yo entro, ¿te parece? Escóndete, si se acerca alguien silba dos veces y escóndete más. Si te silbo yo significa que vengas. ¿De acuerdo?
-Vale, yo vigilo, dos silbidos si hay peligro, si silbas vengo, ok.

Me encaminé hacia la entrada, estaban todas las cristaleras rotas, había trastos tirados por todas partes, entré con el cuchillo por delante y la linterna por si no veía. El cuarto trasero estaba vacío, los lavabos también. Las máquinas de bebida y comida estaban prácticamente vacías, y lo que quedaba no era comestible hacía años. Salí fuera y silbé, volví a dentro y rebusqué en el almacén.
-¡Premio!
Comida en lata, a saber de cuando, pero siempre era más posible que hubiera aguantado comestible, y si se hervía era medianamente pasable.
-¿Qué has encontrado?
-Comida en lata, parece estar bien, tiene pinta de albóndigas o algo así, no lo sabremos hasta que lo abramos, busca a ver qué encuentras, voy a ver si hay algo detrás.
Fui directo a una puertecita cerrada al final del almacén que parecía dar a la parte trasera, de hecho, daba a un pequeño tallercito que debían usar los empleados para hacer cambios de aceite y demás mantenimientos.
-¡Miércoles!
-¿Qué?
-No te vas a creer esto.
-¿El qué?
Su sorpresa se reflejó claramente en su rostro, mientras ella se quedaba pasmada yo busqué las llaves.
-Un puñetero coche, hemos encontrado un puñetero coche. Si funciona ya lo petamos- dije mientras buscaba las llaves por diversos armarios- mira que no estén las llaves puestas, y ábreme el capó, ¿quieres?
-Voy, ¿qué es el capó? ¿Y cómo se abre?
-Vale, deja, lo hago yo.
Las llaves no estaban puestas, pero pude abrir el capó y vimos que estaba en buen estado, aunque la batería debía estar descargadísima, y parecía estar a medio cambiarse el aceite.
-Habrá que llenarlo, empujarlo hasta fuera, ver si lleva combustible y empujarlo para que arranque.
-¿Tú sabes cómo va esto?
-Sí, he manejado alguno anteriormente, aunque hace mucho tiempo.
-Vale, pues tú te encargas, voy a hacer algo de comer, esas latas me están llamando, y me muero de hambre.
-Deja algo para mí, me pongo en seguida con esto.

Después de pasar un rato buscando el aceite adecuado y comprobar que había gasolina suficiente en el depósito di el tema por zanjado, además encontré las llaves cuando buscaba el aceite, así que sólo faltaba hacerlo arrancar.
-Sólo tenemos que empujarlo para que arranque.
-Bueno, pero déjalo para mañana, creo que podríamos dormir aquí, hay que atrancar bien la puerta del almacén y listo, no he hecho demasiado humo, así que no creo que tengamos problemas. Si quieres podemos dormir dentro del cacharro ése, así estamos aún más protegidos, como veas.
-No es mala idea, por la mañana ya lo arrancaremos, te explicaré cómo funciona y así podrás llevarlo tú si hace falta, ¿te parece?
-Me parece. A comer, el plato de hoy son albóndigas rancias con pasta de verduras medio quemada.
-¡Suena delicioso! Qué aproveche.

Devoramos aquella masa pestilente de supuestas albóndigas con verduras, cerramos la puerta con las últimas luces del día, pusimos una mesa y un armario para atrancarla bien, nos metimos en el coche, reclinamos los asientos y nos quedamos dormidos al instante.

1 comentario:

  1. Es un buen giro, pero yo le tenia muchisimo cariño a esa moto, espero que vuelva o algo T____T....

    La historia en si esta llevando un buen curso a mi parecer,calmada y sin demasiados tumbos inadecuados. Tal vez algunas cosas a las que le haria falta explicacion, se quedan cosillas en el aire como... Que le paso a la moto? Que ha pasado con el otro grupo de personas? Por que estan en el norte de Europa? No se, simplemente me gusta ver que todo tiene una explicacion...


    PEEEERO! Me sigue gustando mucho esto, asi que ya sabes, seguire esperando cada lunes! xD

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