lunes, 30 de septiembre de 2013

CAPÍTULO OCTAVO: Un nuevo día


Brbrbmbmbm...

-¡Au! -Algo me golpeó en la cabeza. -¿Qué coñ...?
-¡Shht! Silencio, ven. -Me dijo la pequeña rescatada. No tenía ni idea de qué pasaba.

Tiró de mí hasta ponernos a cubierto tras una roca cercana. Se oían algunas voces a lo lejos, alguien desde la carretera debía haber divisado las huellas de la moto, o algo.

-Mira, por lo visto alguien sabe que estamos aquí, así que es mejor que parezca que hemos salido a hacer un café o lo que sea. ¿Comprendes? Creo que son los mismos que vi una vez en la ciudad, así que calladitos estamos más guapos -Parecía saber muy bien de qué hablaba, su mirada me empañó de ternura, tenía los ojos tan verdes que podría haber contraído alguna enfermedad tropical si los contemplaba demasiado rato.

-A ver si lo he entendido, si vienen verán nuestras huellas hasta aquí, ¿no? ¿Qué propones que hagamos entonces? -Su expresión cambió de pronto al comprender que su plan fallaba.

-Si vienen y nos encuentras ya pensaremos algo, ahora lo primero es centrarse en que no piensen que les conviene venir hasta aquí.

-¿Por qué saliste así, de la nada, en la ciudad? ¿Por qué no eres como las demás personas, si se les puede llamar personas, que me encontré? ¿Quién eres?

-Pues soy la que te dice que te estés calladito, si no soy como los demás es porque he conseguido sobrevivir, en la ciudad hice lo que tenía que hacer, pensaba que eras uno de ellos, ya me habían perseguido antes, se ve que buscan 'divertirse' o algo. Y te agradecería que no me preguntes demasiado por mi pasado ya que yo no lo haré por el tuyo. Sólo quiero llegar a un lugar relativamente seguro, ahí nos separaremos.

-De acuerdo, doña social. Me callo y ya veremos cómo acaba tu plan.

Nos quedamos en silencio durante un buen rato, pareció una eternidad. De tato en cuando la observaba, y cuando me devolvía la mirada yo la retiraba, como si pensara que así ella no sabría que la miraba. De vez en cuando se ponía a juguetear con alguna piedrecita entre sus dedos.

-Habría que ir a ver si se han ido o algo, ¿no? Ya voy yo -dije- Mejor quédate aquí, si pasa algo cúbreme.
-¿Con qué? No tengo ninguna arma, ni nada.
-No sé, con piedras, ya pensarás algo -le dije, y guiñándole un ojo me fui agachado hasta el borde de la roca.

Parecía que no había nadie, así que me acerqué un poco más, me arrimé a otra roca, me asomé, nada. Acerqué el oído a la roca y pude percibir levemente los agitados latidos de mi propio corazón, y nada más.
Tomé aire, me asomé, y corrí agachado hasta la pared desde la que monté guardia la noche anterior, se veía perfectamente la carretera pese a estar incluso un poco por debajo de ésta. Escudriñé los alrededores y no vi a nadie, así que me asomé a ver si nos habían quitado algo, aunque no podía verse la moto desde la carretera vigilé bastante antes de tocar nada.
Parecía que se habían ido, incluso no noté que hubiera ninguna huella cercana que no fueran las nuestras, así que me levanté, di un silbido para avisar a mi compañera de que no había peligro, y salí a plena luz y me dispuse a recoger la manta que saqué para dormir.

¡TOC!

Algo me golpeó muy fuerte en la espalda, caí al suelo y me di la vuelta entre fuerte dolor para ver qué había pasado. Me vi de cara a un tipo cubierto con ropas para el desierto, con la cara tapada y apuntándome con lo que no sabia identificar si era un rifle, o una escopeta, o qué carajo era, casi no podía ver por el dolor del golpe.

-Como te muevas te abro la jeta a balazos, tío -Me dijo, no parecía demasiado amistoso, cosa que ya esperaba.
Antes de que pudiera responder soltó un quejido sordo. De pronto cayó hacia mí y vi que llevaba un cuchillo  no muy pequeño clavado en la nuca. Y ahí estaba, mi amiguita tan simpática, con cara de susto, callada, mirando fijamente al tipo que acababa de matar por la espalda, temblando y con los ojos desorbitados.

-Gracias -fue lo único que conseguí articular, me levanté a duras penas y fui hacia ella. Aún temblaba, como si no pudiera creer lo que había hecho -En serio, gracias, me has salvado el pellejo.

-Muerto... -susurró. Debía ser la primera vez que cargaba contra alguien, por lo menos contra alguien aparentemente humano del todo.

No supe qué hacer y la abracé, tan pronto como la tuve en mis brazos se desplomó y yo con ella. Y allí nos quedamos, de rodillas, yo abrazándola, y ella temblando de miedo.

-Tranquila, no has hecho nada malo, me has salvado la vida y la tuya -le dije, aunque sabía que no podía hacer nada por consolarla.

La sujeté por los hombros, la miré directamente a sus ojos verdes y atemorizados y le dije -está bien, no es culpa tuya.

Comenzó a llorar.

1 comentario:

  1. Me gusta este desarrollo de sentimientos! Pero me habria gustado un capitulo mas largo T_T!

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