martes, 10 de diciembre de 2013

¡Nos trasladamos!

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Saludos cordiales del autor.

Göran.

lunes, 2 de diciembre de 2013

CAPÍTULO XVI: Barreras


Habían ido pasando los días, seguimos nuestro camino, más cautelosos que nunca. Cada vez veíamos más cerca la lejana silueta de la ciudad en el horizonte. Nos habíamos deshecho de lo que no necesitábamos, con lo justo íbamos sobrados, más ágiles, más rápidos, menos cansados y más silenciosos.
Empecé a elaborar pequeñas cuchillas que pensaba arrojar al primero que alzara la mano contra nosotros, hechas con pedazos de metal que encontrábamos por el camino.
Miércoles se había vuelto algo sombría, supuse que la había trastornado el pequeño evento de hacía unas semanas con aquellos hombres. Se detenía, con la mirada perdida y vacía, y contemplaba nuestro alrededor como si buscara algo que, evidentemente, no estaba ahí.

-Llevo varios días pensando que deberíamos cambiar de dirección, hemos ido en línea más o menos recta muchísimos kilómetros ya, ¿no crees? –La miré esperando una respuesta, pero todo lo que conseguí fue un suspiro desanimado- Oye, mira, vamos a hacer algo para comer, busquemos un lugar más apartado para hacer una hoguera y luego iremos a por comida, ¿te parece?
-Vale… -Fue toda su respuesta. Si lo hubiera dicho con menos ánimo ni siquiera habría salido aire de su boca.

Nos desviamos unos cien metros entrando en un encinar en el que se oía cantar a algunos pájaros y se oía también el fluir de un riachuelo. Encontramos bastante madera y un pequeño claro en el que instalarnos, tras muchos intentos conseguimos encender un pequeño fuego que nos dio el calor suficiente para no querer irnos de aquél lugar que parecía mágico. Nos sentamos en un viejo tronco que acercamos hasta la hoguera y preparamos una sopa de verduras y raíces que sabía más bien a tierra y a corteza de árbol, pero no estaba mala en absoluto, más bien bastante rica.

-¿Qué te ocurre? Llevas desde aquél día casi sin hablar, como si fueras un cuerpo vacío, empiezo a estar bastante preocupado. ¿Hay algo que yo pueda hacer?
-Estoy bien, sólo quiero que si encontramos a alguien no intente matarnos -Hizo una pausa demasiado larga. –Lo que me hicieron esos hombres… Y lo que les hice yo después, lo que te hicieron a ti… Tengo miedo –Dijo levantando la cabeza, mirándome con los ojos entrecerrados mientras lágrimas caían por sus mejillas sucias de andar por el llano.
-No llores, pequeña, yo estoy contigo y te protegeré.

Terminamos de comer cuando la última luz se escondió tras el horizonte y yo hice la primera guardia. Más bien la única, no conseguía dormir y por lo visto Miércoles no parecía ser capaz de mantenerse despierta.

Cuando amaneció yo había caído finalmente en un sueño profundo, y la pequeña Miércoles se acababa de levantar y estaba preparando un desayuno a base de unos peces que fue a pescar al río, jamás me contó cómo había conseguido cogerlos, sin ninguna herramienta, y no eran precisamente pequeños. Me despertó el olor a pescado asado al fuego.
Desayunamos con una magnífica sonrisa en nuestros rostros, estaba delicioso, y hacía tiempo que no probábamos comida tan sabrosa. Al terminar recogimos los bártulos y volvimos al límite del encinar, la bruma matutina casi hizo que nos perdiéramos, y seguía habiendo aún fuera del bosque.

Caminamos durante un buen rato hasta que el sol se alzó lo suficiente como para disipar la niebla que empastaba la vista, para entonces ya habíamos andado poco más de un kilómetro y medio.

-¿Qué es eso? –Preguntó Miércoles, mientras se detenía en seco y señalaba en la dirección en la que andábamos.
-¿El qué? –Miré hacia el frente e intenté enfocar la vista, distinguí una especie de sombra entre la niebla, muy a lo lejos. –Yo no veo nada, sigamos, no hay nada que temer, ayer no vimos pueblos.

A medida que la niebla se disipaba íbamos avanzando, y a medida que avanzábamos más despacio íbamos, incrédulos, hasta que llegamos a la base de un enorme muro de unos diez metros de altura, como mínimo, y no parecía tener fin, miráramos hacia donde miráramos, veíamos un enorme muro de roca maciza, absoluta y perfectamente lisa, sin ningún sitio del que agarrarse. Cuando el día se había aclarado del todo vimos que, a los pies de aquella pared enorme, se encontraban restos de animales y, para nuestra sorpresa, personas, todas como si intentaran trepar por la lisa superficie de roca viva.

-¿Y ahora qué? –Preguntamos a la vez mientras mirábamos, incrédulos, aquella magnífica y aterrorizante pared lisa como el cristal.

-Habrá que rodearla, no podemos quedarnos aquí eternamente. –Dije, al fin. –Si al final resulta que no se puede pasar ya veremos qué hacemos.

-De acuerdo estoy, no podemos quedarnos aquí plantados esperando a que se abra por arte de magia.

-¿Derecha o izquierda? No creo que haya mucha diferencia –dije.

-Tu derecha, yo izquierda, lo jugamos a piedra, papel o tijeras, vamos en la dirección del que gane, ¿de acuerdo?

-Pero…

-Ni pero ni nada, hace mucho tiempo que no juegas conmigo, por lo menos ahora tengo una excusa para hacerte jugar a algo.

-De acuerdo.

Ganó ella, nos dirigimos a nuestra izquierda, a lo lejos se veían unas colinas, quizás alcanzáramos a ver, por lo menos, lo que había al otro lado subiendo a alguna de ellas.

Empezamos a andar y nos dimos cuenta de que el sol justamente nos seguía, de modo que íbamos hacia el oeste.

-Ojalá encontremos algo que no quiera matarnos al final de este muro –dijo Miércoles, por lo bajo.

-Ojalá, hermanita.

lunes, 25 de noviembre de 2013

CAPÍTULO XV: Sangre


Rodeé la cabaña protegido por la oscuridad hasta que pude ver, a través de un hueco en la pared, lo que ocurría en la habitación en la que oí a Miércoles.
La vi sentada en una silla junto a una mesa, atada, con varios cortes y moratones.

Me hervía la sangre.

No había rastro de los captores, tanteé la pared hasta que hallé otro agujero bastante grande para meter la mano. Agarré fuerte y tiré hacia mí.

La madera de la pared estaba tan mal que casi ni crujió al tirar del tablón hacia fuera. Se partió como si fuera simple corcho. Me asomé al interior, Miércoles estaba justo en frente de mí, y vi que en la mesa había un bloc con notas, un bolígrafo y varias herramientas que asumí se usaban para sacarle la información que fuera a quien fuera.

Otra vez comprobé que no hubiera moros en la costa, me colé por aquella brecha en la pared y fui directo a soltar a mi querida hermana. Corté sus ataduras y la abracé, hice un gesto de que estuviera en silencio y se quedara sentada.

-Quédate aquí, si parece que sigues atada no te harán nada- le susurré al oído, le di un cuchillo, que escondió rápidamente en su manga- si llega el momento sé que podrás defenderte. Te quiero.
-Gracias-fue lo único que pudo articular mientras lloraba y sus lágrimas caían por sus mejillas golpeadas y cruzaban sus labios partidos.
-Estos hijos de perra sabrán lo que es cabrearme.

Apreté los dientes y me acerqué a la puerta. La estancia donde estaban todas aquellas personas durmiendo seguía en la penumbra, sólo se oía alguna respiración pesada. Parecía que aquella gente no estuviera en su mejor forma.
Al otro lado había una puerta en la que no había reparado, me acerqué y escuché a través de ella, parecía que alguien se acercaba despacio.

Me oculté detrás de la puerta, oí que era un solo hombre, tal y como entró le cogí por la espalda y le agarré por el cuello con el cuchillo apretado contra su piel.
-Como des la alarma te corto el cuello ahora mismo. Dime quiénes sois y por qué habéis secuestrado a esta chica. Ahora- exigí con evidente enfado- o te rebano en pedacitos.
-Vale, vale, tranquilo, oye, yo no he hecho nada, sólo me han dicho que le eche un ojo. –La verdad es que me pareció que hablaba con sinceridad, parecía muy asustado, lo cual era normal, no había nadie en kilómetros a la redonda, o eso parecía. Solté el brazo y le agarré por el hombro, amenazándolo aún con el cuchillo, que bailaba en mi mano cerca de su cara-Somos un equipo de exploración, nuestra base está a varios kilómetros al sur, buscábamos provisiones y supervivientes por esta zona.
-No sé si debo creerte, ¿cuántos sois? ¿por qué la habéis golpeado?- Le miré desafiando, él sabía que la respuesta debía ser clara- Como no me lo digas te sacaré los ojos.
-Somos cuatro, te he dicho que somos un equipo de exploración, no sé por qué la habrán golpeado, yo he estado fuera arreglando uno de los vehículos ligeros, lo juro.

Le di un golpe y le dejé inconsciente, le até y le puse detrás de la puerta. Luego me aventuré a través de la misma. Había dos habitaciones más, una de ellas abierta, era una cocina vacía, sólo había unos pocos restos de la cena de aquella gente. Me acerqué y me guardé un par de trozos de pan y carne asada en la mochila envueltos en un trapo. Miércoles estaría hambrienta al acabar esa aventurilla, y yo más aún. Al salir oí a alguien hablando, algo sobre que era tarde. Parecía que se habían ido a dormir y montaban guardia por turnos.
Entreabrí la puerta y vi que había alguien sentado frente a una fogata, de espaldas a mí. Un poco más allá había un par de catres con dos más dormidos.

-Parece fácil, mejor ir con ojo- me dije.

Sigilosamente me puse detrás de aquél hombre y le puse el cuchillo en el cuello.
-Silencio. Como digas algo pierdes el cuello- dije- ven, despacio y sin armar escándalo.
-Vale, tranquilo, no hemos hecho nada- dijo el hombre, asustado.

Salimos de la estancia y, ya en el pasillo, cerré la puerta.
-Tu compañero no ha sabido explicarme bien qué estáis haciendo aquí, ni por qué habéis capturado y torturado a la chica. Ni quién es esa gente de la otra sala- vi, a través de su mirada, que no estaba ni la mitad de asustado que lo que intentaba hacer parecer. Le agarré por el cuello y le puse el cuchillo en un ojo- te lo saco si no respondes adecuadamente.
-Tío, sólo estábamos buscando provisiones, el otro día pasamos por una vieja estación de servicio y unos locos salieron disparados en un coche que montó una escandalera, se habían llevado todas las provisiones y tuvimos que buscar más- me explicó el tipo- y no hace mucho alguien nos atacó, mató a un compañero mío, Frank, era un buen tío. Luego huyó, pensábamos que ella podía tener algo que ver, no hay nadie más cerca. Sobre la gente de la otra sala… No son gente, son prisioneros y los llevamos de vuelta a nuestra base al sur, esperamos que la mayoría sigan vivos al llegar.

De pronto me dio un codazo. No lo vi venir. Me tiró al suelo y le di una patada, él respondió a mi golpe echándose atrás y luego saltó sobre mí. El ruido del forcejeo despertó a los compañeros del tipo y salieron corriendo a ver qué pasaba. Me agarraron entre los tres y me sacudieron hasta quedarse a gusto, luego me llevaron donde Miércoles. Al verme llegar contuvo la respiración.
-Dejadnos –dijo aquél tipo, que parecía ser el líder- le voy a explicar un par de cosas a este tío.
-Si jefe –dijeron los otros dos.
Salieron y cerraron la puerta, el jefe me miró. Estaba atado al otro lado de la mesa, frente a Miércoles.
-No sabes cómo disfruté haciéndole esto a la pequeña –dijo burlonamente, mientras me miraba fijamente con una sonrisa despreciable y se ponía en cuclillas junto a Miércoles- gritaba tanto… Casi temí que llamara la atención de alguien.
-¿Qué quieres? ¿Nos encadenarás como a los demás y nos llevarás a tu base? Debes ser un héroe para los tuyos.
Miércoles levantó la cabeza, miró al tipo y le hundió el cuchillo en el cuello tan rápido que no supe ni reaccionar, me quedé plantado viendo como su expresión cambiaba hacia el miedo y el dolor.
-No grité tanto, gilip**s –le dijo Miércoles al oído mientras salivaba sangre y sus ojos perdían el poco brillo que habían tenido- no volverás a tocarnos a mí ni a mi hermano –Le temblaba la voz al decirlo, a la vez retorció el cuchillo y lo hundió más.

Se levantó y se encaró con la puerta, se volvió hacia mí, me soltó y me besó en la mejilla.
-Ahora vuelvo, hermanito.

-¿Pero qué…? ¡Agh…! –se oyó viniendo del final del pasillo, al poco volvió con las manos y la ropa manchados completamente de sangre.

-Ven, hermanito, vamos a curarte esas pupas, no queremos que se te infecten –dijo, sonriéndome.

Me desató y me llevó fuera. Estaba amaneciendo, subimos a uno de los buggys y volvimos a nuestro campamento. Al llegar me hizo tumbar en las mantas, me cubrió hasta el cuello y volvió a encender el fuego.

-¿Estás bien? –dije, mirándola. Estaba como ida.
-Claro que estoy bien, hermanito, eres tú quien se ha hecho pupa –me dio la sensación de que estaba en shock.
-Tú también tienes pupas. Deja el fuego, ya hemos llamado la atención de muchos. Deberías dormir.

Me miró, miró al fuego, volvió a mirarme, con ojos cansados y tristes, apagó el fuego y se acurrucó a mi lado, se tapó y se durmió al instante, aún cubierta con la sangre de aquellos completos desconocidos, como si no fuera nada.

-Buenas noches, hermanita –le dije, acariciándole el pelo.
-Buenos días, porque es de día –susurró- gracias por salvarme.

lunes, 11 de noviembre de 2013

CAPÍTULO XIV: En la oscuridad


Al cabo de varios kilómetros encontramos restos de un campamento reciente, había cenizas aún humeantes y huellas de ruedas.

-Debemos andar cerca de los que nos encontraron en la estación de servicio.

-Pues habrá que andarse con mucho ojo, no sabemos si son amistosos.

-¡Tampoco sabemos si son peligrosos! ¿Siempre tienes que verlo todo negro? Nadie te cae bien, todo siempre es malo. Pues yo echo de menos estar con gente, la justa y necesaria, pero hablar con alguien de vez en cuando viene bien, ¿sabes?

-Eso no es verdad, tú me caes bien. Es sólo que… No sé. Me da miedo que pueda pasarte algo malo.

-¿Algo malo? ¿Eres consciente de en qué mundo vivimos? Tras la Séptima Guerra la sociedad volvió casi en su totalidad hacia atrás varios siglos, después, justo cuando parecía que empezábamos a evolucionar de nuevo, empezaron los casos de terrorismo químico. Ataques anónimos contra todos los países, ni siquiera había razones políticas, no tiene sentido. Después de eso el mundo acabó en lo que puedes ver, un páramo medio destruido lleno de gente que intenta matarse mutuamente y criaturas que sólo buscan devorar carne fresca y sana. ¿No crees que ése “algo malo” ya ha pasado? Eres increíble.

-Eh, todo eso yo me lo he perdido, intento sobrevivir, ¿de acuerdo? Me gustaría que pudiéramos dormir por la noche sin estar pendientes de si amaneceremos enteros.

-Pareces mi padre.

-No me digas ésas cosas, que me deprimo…

-No me pongas ésa cara, ven. Lo siento, hermanito.

-Desde que desperté sólo me han pasado cosas malas, incluso antes siquiera de que me congelaran, si es que lo hicieron, sólo recuerdo una vida insulsa y vacía.

-Bueno, no es así del todo. Piensa que has sobrevivido a muchas cosas difíciles, incluso tuvimos que huir de aquél troll, y hemos viajado en un islote flotante por un río. Creo que eso no es moco de pavo.

-Tienes razón. Eh, vamos a seguir un rato más, ¿vale? Luego acamparemos.

-Bien, pues vamos, aunque no estoy segura de querer cruzarme con esta gente.

-¿Ves? ¡Eres como yo! –Empecé a reírme mientras Miércoles me atizaba con una rama que encontró en el suelo. -¡No me pegues! La verdad duele, ¿eh?

-¡Cállate!

Me persiguió, dando vueltas por el lugar hasta que tropecé con una rodera que habían dejado los antiguos inquilinos del lugar.

-¿Estás bien?

-Sí, estas roderas parecen más recientes que las demás, veamos a dónde conducen.

Seguimos aquellas marcas de neumáticos durante varios cientos de metros, siempre vigilando que nadie estuviera vigilándonos ni siguiéndonos. Al final desistimos y volvimos al campamento. Buscamos si habían dejado algo útil atrás, pero no hubo suerte.

-Se está haciendo tarde, ¿vas tú a por leña? Usaremos las brasas que queden calientes para facilitar encender el fuego, hay que hacerlo pequeño para que no haga mucho humo. Yo buscaré algo para comer.

-De acuerdo.

Miércoles partió y empezó a recoger ramitas y hierbas secas por los matorrales cercanos y yo fui hacia una arboleda cercana donde esperaba que hubiera algún animalillo que llevarnos al estómago. Finalmente encontré una especie de rata gigante que debía pesar unos quince kilos, así que tendríamos para rato.
Después de seguirla durante varios cientos de metros, a hurtadillas, intentando ser todo lo sigiloso posible, conseguí apresarla y le partí el cráneo de una pedrada.
No es que me guste matar, ni siquiera me gusta saber que ‘algo’ ha muerto, sea un animal, planta, insecto, o lo que sea. Pero había que comer, y el ser humano es omnívoro por alguna razón.
Después de llevarme la cena hasta un pequeño arroyo cercano a lavarla y quitarle la piel, cogí una rama, até aquél animal por las patas a la rama y me la cargué al hombro. Casi había oscurecido, así que fui corriendo de vuelta al campamento.

Miércoles había preparado una lona para cubrirnos por si llovía, el fuego estaba casi apagado, y ella no estaba.

-¿Dónde estará? ¡Miércoles! ¿Dónde te has metido?

No hubo respuesta. Esperé un par de minutos, puse a la desdichada rata colgada sobre el fuego, que avivé ligeramente para que se empezara a cocinar, cogí el cuchillo y salí a buscarla.
Tras caminar en círculos durante un rato, por si se hubiera caído por los alrededores y hubiera quedado tendida, me acordé de las roderas.

¿Y si han vuelto? ¿Se la habrán llevado? ¿A dónde?

Sólo podía pensar en lo horribles que sabía que podrían ser un grupo de hombres adultos, y posiblemente necesitados, con una chica indefensa.
Fui directo a por la linterna de manivela, con eso era imposible quedarse sin pilas. Busqué el lugar donde empezaban las roderas y empecé a seguirlas.

Anduve en la oscuridad durante lo que me pareció una eternidad, con la linterna apagada, sólo iba a usarla si hacía falta, si me veían podría ser el fin. Cuando estaba a punto de darme por vencido y volver para esperar al alba divisé una luz tenue a lo lejos. Fui directo hacia ella.
Me acerqué despacio, era una casucha medio en ruinas. Distinguí varios vehículos que parecían hechos a base de piezas, como buggys hechos de chatarra. Vi que la luz provenía de una ventana con unos tablones que la cerraban en su mayoría.
Dentro vi varias personas durmiendo, no pude distinguir si eran hombres, mujeres, o simples críos, estaban todos juntos, conservando el calor. Debía haber media docena.
También vi una puerta al otro lado que daba a otra estancia. Levemente se oía a alguien trasteando con algo en esa habitación, de ahí venía la luz.

De pronto oí un grito.

Un grito de una chica.

¡Miércoles!

miércoles, 6 de noviembre de 2013

CAPÍTULO XIII: Truenos y rayos

Tras la súbita y seca revelación de que llevaba varios cientos de años de desfase respecto al mundo real tuve que tomar un poco el aire. Salimos de la carretera, avanzamos tanto como pudimos pero la reserva de combustible era limitada, y aunque parecía que habíamos conseguido llegar a escasos kilómetros de la ciudad, que cada vez parecía más inalcanzable, aún nos faltaban varios días de camino, y cada vez estábamos menos convencidos de volver a lugares edificados, hasta ahora sólo nos habían traído problemas, huidas rápidas y sustos innecesarios.

-Llevas sin hablar desde hace dos días, ¿quieres decirme qué te pasa?
-La última vez que recuerdo haber salido a la calle un día cualquiera, con gente viva alrededor y tal, era el año 2015.
-Tus muelas, eso no es verdad, no puede serlo, ¿cuántos años tienes? Deberías ser el anciano más anciano de entre todos los ancianos. ¿No te quedas conmigo, verdad? –Su cara empezó a transformarse en una mueca de absoluta incomprensión, me miraba fijamente con sus ojos bien abiertos, luminosos.
-No, amanecí en una especie de hospital, no recuerdo demasiado, no recuerdo cómo llegué allí, recuerdo un accidente de moto, volviendo de trabajar un día a finales de verano, me debí quedar inconsciente y me desperté en una clínica de mi ciudad.
-Ni idea, aquí hospitales lo que son hospitales no hay, hace mucho que no hay. Los avances de ingeniería médica y genética nos permiten curarnos con un aparatito bastante caro, pero nos cura prácticamente cualquier cosa, incluso se ha alargado la esperanza de vida hasta los doscientos años, luego dejaron de funcionar y empezó la guerra. ¿No recuerdas nada más?

-Cuando salí del hospital no había nadie, todo estaba vacío, como si la gente se hubiera desvanecido, no sé por qué. –La cabeza empezaba a dolerme, no había pensado en ello desde hacía tiempo, algunas cosas ni siquiera sabía si eran reales…

-¿Desvanecido? ¿Desaparecido? Eso empieza a sonarme a algo, ¿qué más recuerdas?

-Vagué por la ciudad, me encontré con una refugiada y huimos de una especie de entes que nos perseguían entre la niebla que se iba formando, ni siquiera llegamos a verlos. Luego tuvimos un encuentro con un ser extraño que nos contó la historia de cómo había acabado así la ciudad, no tenía tampoco demasiado sentido. Lo siguiente que recuerdo es que dormimos mi compañera y yo en la guarida de aquél tipo y desperté sólo, en la absoluta oscuridad, y a merced de una bestia enorme y horrible que dormía en frente de mí. Intenté escapar sigilosamente, pero como no veía nada acabé despertando al ser, que me persiguió por una especie de red de túneles hasta que conseguí salir a una calle, una vez ahí me escondí sólo para ver como un grupo enorme de aquellos seres de la niebla pasaba muy cerca de mí. Entre medias recuerdo haber ido vagando por una zona desértica en moto, dejando familia y trabajo atrás, emprendí una especie de viaje para encontrarme a mí mismo. Luego desperté en aquella especie de hospital.

-Creo que ya sé qué te pasó, lo leí en un libro de historia cuando aún iba a clase, recuerdo que hablaba algo así como que allá por tu época hubo una serie de personas que se quedaron inconscientes por causas habituales el mismo día, y al despertar no veían a la gente, o les veían muy distorsionados, nadie conseguía hablar con ellos, reaccionaban de forma aterrorizada y violenta. Se relacionaron los casos con alguna clase de esquizofrenia o paranoia muy extraña. Se encerró a los que la padecían en hospitales psiquiátricos para su seguridad y posterior estudio, algunos murieron a causa de las pruebas y otros a causa de sus constantes intentos de huida provocados por el miedo a lo que creían ver. Supongo que tú eras uno de esos pacientes, el recuerdo de haber emprendido ese viaje puede ser debido a que realmente lo emprendieras, aunque no creo que estuvieras dejando nada atrás, quizás sólo fue una forma de tu mente de mantenerse cuerda. Cuando vieron que no sabían qué hacer con aquellos pacientes los mandaron a un proyecto experimental de criogenización que permitiría que se les estudiara en un futuro y quizás se pudiera encontrar una cura, además así se pondría en práctica la maquinaria.

-O sea, que sufrí una especie de enfermedad mental, estoy loco, y encima me congelaron y me mandaron al futuro.

-Más o menos, bueno, ¡un poco loco sí que estás! –Empezó a reír y me abrazó- Por lo menos sigues vivo y no parece que hubiera secuelas graves. Digo yo que el hospital en el que recuerdas haber despertado fue en el que estudiaban tu caso.

-Pues no fue demasiado bien…

-Bueno, tampoco esperes mucho, la sociedad cambió mucho en ése tiempo, pero se mantuvo en que imagen y dinero lo eran todo.

-Qué raro…-Inquirí en tono sarcástico- ¿Por cierto, qué hay para cenar?

-Pues no sé qué es, pero me lo encontré no muy lejos, es como una especie de rata gigante, con las raíces que he recogido estará muy rico, o vomitivo, pero será comida igualmente.

Sonrió de oreja a oreja y me empujó fuera de la pequeña chabolilla que nos habíamos hecho con despojos, el coche y unas lonas.

-Ahora consígueme algo con lo que encender el fuego, esta casucha está bien, pero piensa que mañana hay que recoger todo e irnos, y tenemos que ir ligeros. Vamos, que oscurece.

-Sí, mamá –le dije con una sonrisa.

-Que te den, date prisa, en serio.

Fui a por cuatro rastrojos y las ramas que pudiera encontrar, que no fueron muchas. Miércoles estaba despellejando al pobre animal que había encontrado y había que darse prisa o empezaría a oler.

Esa misma noche llovió, temíamos volver a encontrarnos en medio de una marisma, pero por suerte no fue así. Aunque no pudimos pegar ojo mientras intentábamos que no todo se nos empapara.

Por la mañana tendimos toda la ropa, mantas, sacamos ollas, cuchillos, zapatos, todo. Todo tenía que secarse.

-Creo que no nos iremos hoy, a este paso, por lo menos.

-Calla, no llames al mal tiempo, a ver si sale un poco el sol y nos seca la ropa o algo.

A lo largo del día aprovechamos para hacer inventario de lo que nos sobraba, que no era poco. En ese tiempo habíamos acumulado gran cantidad de cacharros que “podrían servir en caso de…”, pero que no llegamos a usar para nada y sólo servían para abultar. Dejamos lo que nos sobraba a parte y nos preparamos para dormir dentro del coche esa noche. Por lo menos sabíamos que estaría seco, no había rastro de riadas por la zona así que con que no nos entrara agua por el techo bastaría.
Aunque no pareció que fuera a hacer falta, el cielo estaba despejado, y pudimos mentalizarnos para ir por la mañana a la ciudad, donde esperábamos encontrar, por lo menos, suministros y, quizás, algunos supervivientes que no hubieran perdido la razón.
-Buenas noches, hermanita.
-Buenas noches, hermanote.
-Cállate, siempre igual.
-Cállate tú, por lo menos yo dormiré bien, que quepo en mi asiento sin hacer cosas raras.
-Déjame en paz, no tengo la culpa de no ser bajito, renacuaja.
-Serás…
En aquél preciso momento un trueno ensordecedor nos dejó con la palabra en la boca mientras un rayo caía justo a nuestra derecha, donde nuestra chabola había estado durante parte del día, hasta que la deshicimos para ahorrar tiempo por la mañana.
-Tengo miedo.
-Tranquila, no pasará nada, se supone que tenemos que abrir las ventanas y no tocar la chapa del coche.
La abracé y pasamos despiertos lo que quedaba de noche a base de truenos y rayos en la tormenta eléctrica más fuerte que ninguno recordábamos.

Por la mañana estábamos molidos, no mediamos palabra, salimos del coche, agarramos las mochilas y empezamos a andar. No había mucho más que hacer. La ciudad estaba un largo día de camino. Iba a ser muy largo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

CAPÍTULO XII: Un "viejo" Ford

-Aprisa, despierta –susurró Miércoles –alguien se acerca.
-¿Qué?
-Baja la voz, he oído algo fuera.
-Me cago en…

Se oyó crujir de cristales rotos y trasteo de bolsas y cajas mientras algo o alguien se paseaba a su aire por la tienda de la estación de servicio.

-Tenemos que irnos de aquí a la de ya, estábamos tan cerca… ¿No hay manera de arrancar este trasto?
-Hay que encontrar una forma de cargar la batería o habrá que empujarlo, déjame ver si hay algo en el maletero, no sé por qué no hemos mirado antes.

Fui a abrir el maletero del viejo cacharro, aquél viejo Ford escondía una sorpresa muy grata. Al levantar la tapa del maletero vi un generador.

-Un generador… ¿Qué hace un generador en el maletero de un coche?
-No sé, ¿está conectado?
-Voy a ver.

Me metí debajo del coche y vi que el eje de transmisión no estaba, el motor no estaba conectado a nada, y en su lugar había un enorme motor eléctrico conectado al generador, sólo había que encenderlo.

-Esto mola, ¿te apetece hacer un poco de ejercicio? –dije, saliendo de debajo del coche- Si sacamos el motor esto irá muy ligero, lleva un motor eléctrico debajo conectado al generador, consumirá menos y será más fácil de manejar, ¿cómo lo ves?
-Bff… Venga…

No la vi demasiado convencida, pero el hecho de que el motor no tuviera puestos los anclajes y sólo hubiera que levantarlo fue de ayuda. Fui a por una polea y le pasamos una cuerda vieja alrededor, lo atamos, lo levantamos a duras penas y lo pusimos fuera. Lo echamos a un lado y voilá, un coche más ligero y ecológico. Los de Greenpeace estarían contentos.

-Vale, vamos a ver, hay que comprobar que esto funciona.
-Pues date prisa, parece que quien sea que está fuera quiere venir a saludar.

No lo dijo en vano, ya que de pronto empezaron a intentar abrir la puerta, por suerte la habíamos atrancado bien, pero no pareció disuadirles.

-¿Sabes cómo manejar esto?
-Ni idea.
-Bien, pues si giras el volante hacia la derecha así, giras hacia la derecha, al contrario vas a la izquierda, si le das a ése pedal del medio frenas, y si le das al de la derecha aceleras. ¿Entendido?
-Entendido, ¿qué vas a hacer?
-Voy a darle un poco de vidilla a esto, estate preparada.
-Voy.

Se sentó al volante, yo fui detrás para arrancar el generador.

-Que arranque…por favor.

Tiré. Nada. Tiré otra vez. Nada.

-¡Eh! ¿Quién anda ahí? –gritó quién fuera que aporreaba la puerta, casi habían conseguido abrirla-.
Tiré otra vez.

-Me cago en la leche…

Tiré hasta la mitad, dejé reposar y tiré de nuevo.

-¡Bingo!

El generador empezó a rugir como salido del infierno, corrí a meterme en el coche.

-¡Arranca!

Miércoles le dio gas a tope y salimos disparados, embestimos directamente la pared de enfrente, nos llevamos por delante unas cajas de correas viejas y bidones usados de plástico, atravesamos la pared de placas de yeso y madera y fuimos a parar a la carretera.

-Dale lo más rápido que se pueda todo el tiempo que puedas, no tengo ningunas ganas de saber por qué tenían tantas ganas de conocernos.

Parecía que ella estaba más sobresaltada que el tipo que acababa de lograr abrir la puerta para ver como un coche salía disparado atravesando una pared sin inmutarse.

Avanzamos varios kilómetros y nos cambiamos de sitio, no parecía estar tranquila al volante. Avanzamos un poco más y nos desviamos por un caminito que se ocultaba en una arboleda a unos cientos de metros.

-Esperaremos aquí, ocultos. ¿Estás bien?
Tardó en contestar.
-Sí, sólo es que no había hecho esto nunca y me he quedado un poco sobresaltada. ¡Ha sido emocionante! ¿No crees?
-Bueno, no has estado mal. Titular del día, Miércoles domina la situación salvando varias vidas humanas. –Solté una risotada mientras ella me miraba incrédula.
-Eres infantil a matar.

Me sacó la lengua y se puso a mirar por la ventana.

-Oye, ahora que hablamos de salvar vidas, ¿qué te parece si le das un poco al pedal ése y nos sacas de aquí? A estos amigos parece que les apetece invitarnos a comer…nos.

Me giré de golpe e inmediatamente di gas a fondo para salir de ahí. Varias docenas de seres humanoides de desagradable aspecto habían salido de entre los árboles y arrastraban los pies hacia nosotros con gesto agresivo.

-Hermanita, esto empieza a tocar un poco la moral, ¿de dónde salía esa gente?
-No sé…
-Bueno, repasemos, ¿que hemos podido recuperar de la estación de servicio?
-Poca cosa, ¡epa! Tenemos un mapa. Mira.

Me enseñó un mapa escrito en varios idiomas. Parecía ser que estábamos en algún lugar de Francia. Parecía que aquella especie de “apocalipsis” había transformado el terreno, la fauna, la flora, el clima. Nada era como yo lo recordaba.

-También encontré este periódico, aunque es de hace bastante, no entiendo ni jota de lo que pone.
-A ver, trae –examiné el texto, definitivamente era francés,rezaba "La menace d'une guerre chimique provoque la terreur dans l'Est". Busqué la fecha y lugar. No entendí el lugar en sí, pero la fecha… 
La fecha no podía estar bien. Paré el coche en seco.

–Seis de Marzo de 2641…

lunes, 14 de octubre de 2013

CAPÍTULO ONCEAVO: ¿A pie?

Me desperté de súbito, se oía el agua correr, pero no nos movíamos, abrí los ojos y observé a mi alrededor.
Miércoles seguía ahí, medio desperezándose, nuestras cosas seguían ahí. Pero el agua había subido, y la moto...¿La moto? ¿Dónde estaba la moto? El agua había subido hasta cubrir el último lugar donde recordaba haberla visto, y nos habíamos movido, ni siquiera nos dimos cuenta, debió subir el agua lentamente pero la corriente era rápida. Se podía ver un conjunto de casas a lo lejos, a no más de un kilómetro o dos, y pude apreciar que estábamos embarrancados en una orilla, cerca de una caseta que parecía haber sido un viejo molino de agua.

-Despierta, Miércoles, levántate, mira- parecía que se negara a despertarse, y cuando abrió los ojos me miró como si le pesara la vida- ¿Qué te pasa?
-No me encuentro bien, me duele la cabeza- se levantó pesadamente y me miró con ojos llorosos- estoy mareada.
-Tranquila, siéntate, tápate con la manta. No te muevas de aquí, ¿de acuerdo? Iré a ver qué hay por los alrededores, intenta no hacer ruido y no hagas fuego si no es indispensable.
-Vale, no tardes, hermano.-Me dirigió una mirada de sincero miedo y cariño que me reconfortó. La abracé.
-No temas, hermana, volveré en seguida.
-De acuerdo.

Me llevé un pequeño 'kit de supervivencia' compuesto por un filtro sencillo de gases improvisado con una careta de buceo y una mascarilla anti polvo que nos habíamos fabricado en la última ciudad en la que estuvimos, funcionaba bastante bien, tenía filtros para diversos gases, y teníamos una cada uno. También llevaba un cuchillo de un palmo, una cuerda de unos cincuenta metros, un botecito con gasolina de mechero, trapos y un pedernal y una linterna manual que encontramos en una vieja tienda de artículos de acampada, de ésas que se cargan manualmente con una manivela, todo metido en una mochila con diversos bolsillos.

Me encaminé hacia la orilla, salté de nuestro montículo y caí en un barro espeso que se hundía muy lentamente, pude llegar a suelo firme sin problemas. Fui a hurtadillas hasta el viejo molino y me asomé por una de las ventanas. Cómo no, estaba oscuro y no se veía prácticamente nada, aunque se vislumbraba maquinaria oxidada que había tenido mejores épocas. Entré, empujé levemente la puerta y parecía desear ser abierta pues se abrió de golpe, luego se estrelló contra la pared, se partieron las bisagras oxidadas y la puerta cayó al suelo delante de mis narices con un ruido metálico y sordo.
Inmediatamente me escondí, si había alguien era mejor que no me viera, me adentré en la oscuridad de aquella caseta no más grande que una casita unifamiliar, pero llena de estanterías repletas de botes que habían perdido la etiqueta hacía tiempo, mesas de trabajo, herramientas, piezas de maquinaria pesada y botellas con líquidos varios como aceite lubricante y desengrasante. Encendí la linterna, a la que tenía que dar cuerda constantemente, logrando ver algunas etiquetas. Parecía alguna lengua del norte de Europa, lo cual concordaría con el paisaje boscoso, el clima frío y húmedo, y la presencia de trolls, aunque eso en menor medida. Al no entender ni jota fui a ver si había algo de comida en lata o materiales más útiles, incluso habría estado bien encontrar algún vehículo relativamente funcional, pero no hubo suerte.
Después de escudriñar todo el recinto, casi quedar sepultado bajo varias decenas de cacharros metidos de mala manera en los estantes y cajones, tomarme un respiro para un cigarro, y dar algo de cuerda extra a la linterna, decidí salir. Había encontrado otra puerta, así que fui a ver qué había por allí. Y resultó ser bastante parecido a aquella puerta por la que había entrado al principio, acabé de cara al yermo, aunque se veía un caminito asfaltado que dejaba evidente, dada la cantidad de plantas que habían crecido alrededor y desde debajo del mismo, que no circulaba demasiada gente por allí a menudo. Parecía ir hacia el conjunto de casas que vi desde el islote.
Ojeando alrededor vi que era bastante llano hasta varios kilómetros lejos, no había nada que me llamara a explorar una extensión tan grande de campo vacío, así que volví al islote sólo para ver que Miércoles se había puesto la máscara y había caído dormida.
-¿Por qué llevas la máscara? Ni que hubiera gases tóxicos.
-En realidad he visto una señal ahí mismo, ponte la máscara, rápido.
Obedecí y miré en la dirección en la que ella señalaba. Había una gran cañería que emergía de un saliente en el lateral del río que soltaba un agua turbia y marronosa acompañada de vapores extraños. Rodeándola había varias señales de peligro con dibujitos de gente con mascarillas y lo que entendimos como advertencias de gases nocivos y mortales.
-Pues menos mal que lo has visto, a saber cuánto hemos respirado esto ya.
-En realidad creo que me sentía mal por eso mismo, ahora me siento algo mejor. ¿Encontraste algo?
-No mucho, aunque puede que haya un camino hacia ése pueblo de allá al fondo -dije, señalando a las casas que había a un par de kilómetros.
-¿Podemos irnos de aquí antes de que se contamine todo lo que llevamos puesto, encontrar algo de comer, y llegar a algún lugar menos siniestro?
-Podemos intentarlo, vamos.
Recogimos todo y nos encaminamos hacia el pueblecito a lo lejos, esperando llegar antes de anochecer.

Caminamos durante horas, el camino parecía no terminar, el paisaje era desolado pero inspiraba paz, de alguna manera. Encontramos algunas bayas comestibles y tras una pequeña colina encontramos una pequeña estación de servicio destartalada. Debería haber algo de comer ahí, tal vez incluso un mapa.

Llegamos hasta la estación de servicio, no parecía que hubiera nadie por los alrededores desde hacía mucho tiempo, pero nunca estaba de más ser precavido.
-Tú vigilas y yo entro, ¿te parece? Escóndete, si se acerca alguien silba dos veces y escóndete más. Si te silbo yo significa que vengas. ¿De acuerdo?
-Vale, yo vigilo, dos silbidos si hay peligro, si silbas vengo, ok.

Me encaminé hacia la entrada, estaban todas las cristaleras rotas, había trastos tirados por todas partes, entré con el cuchillo por delante y la linterna por si no veía. El cuarto trasero estaba vacío, los lavabos también. Las máquinas de bebida y comida estaban prácticamente vacías, y lo que quedaba no era comestible hacía años. Salí fuera y silbé, volví a dentro y rebusqué en el almacén.
-¡Premio!
Comida en lata, a saber de cuando, pero siempre era más posible que hubiera aguantado comestible, y si se hervía era medianamente pasable.
-¿Qué has encontrado?
-Comida en lata, parece estar bien, tiene pinta de albóndigas o algo así, no lo sabremos hasta que lo abramos, busca a ver qué encuentras, voy a ver si hay algo detrás.
Fui directo a una puertecita cerrada al final del almacén que parecía dar a la parte trasera, de hecho, daba a un pequeño tallercito que debían usar los empleados para hacer cambios de aceite y demás mantenimientos.
-¡Miércoles!
-¿Qué?
-No te vas a creer esto.
-¿El qué?
Su sorpresa se reflejó claramente en su rostro, mientras ella se quedaba pasmada yo busqué las llaves.
-Un puñetero coche, hemos encontrado un puñetero coche. Si funciona ya lo petamos- dije mientras buscaba las llaves por diversos armarios- mira que no estén las llaves puestas, y ábreme el capó, ¿quieres?
-Voy, ¿qué es el capó? ¿Y cómo se abre?
-Vale, deja, lo hago yo.
Las llaves no estaban puestas, pero pude abrir el capó y vimos que estaba en buen estado, aunque la batería debía estar descargadísima, y parecía estar a medio cambiarse el aceite.
-Habrá que llenarlo, empujarlo hasta fuera, ver si lleva combustible y empujarlo para que arranque.
-¿Tú sabes cómo va esto?
-Sí, he manejado alguno anteriormente, aunque hace mucho tiempo.
-Vale, pues tú te encargas, voy a hacer algo de comer, esas latas me están llamando, y me muero de hambre.
-Deja algo para mí, me pongo en seguida con esto.

Después de pasar un rato buscando el aceite adecuado y comprobar que había gasolina suficiente en el depósito di el tema por zanjado, además encontré las llaves cuando buscaba el aceite, así que sólo faltaba hacerlo arrancar.
-Sólo tenemos que empujarlo para que arranque.
-Bueno, pero déjalo para mañana, creo que podríamos dormir aquí, hay que atrancar bien la puerta del almacén y listo, no he hecho demasiado humo, así que no creo que tengamos problemas. Si quieres podemos dormir dentro del cacharro ése, así estamos aún más protegidos, como veas.
-No es mala idea, por la mañana ya lo arrancaremos, te explicaré cómo funciona y así podrás llevarlo tú si hace falta, ¿te parece?
-Me parece. A comer, el plato de hoy son albóndigas rancias con pasta de verduras medio quemada.
-¡Suena delicioso! Qué aproveche.

Devoramos aquella masa pestilente de supuestas albóndigas con verduras, cerramos la puerta con las últimas luces del día, pusimos una mesa y un armario para atrancarla bien, nos metimos en el coche, reclinamos los asientos y nos quedamos dormidos al instante.

lunes, 7 de octubre de 2013

CAPÍTULO DÉCIMO: Navegantes

-Eh, despierta, siguen ahí -susurré a Miércoles mientras intentaba desperezarla. Se incorporó y se asomó conmigo por sobre el montículo. -Parece que han dormido ahí también. Estoy helado, habría que hacer algo, no creo que estos tengan prisa.
-Mierda, ¿cómo secamos la ropa? La humedad es palpable, mira qué bruma se ha alzado. Quizás no quieran problemas, tal vez sólo sean viajeros, como nosotros.
-¿Quieres arriesgarte a ir? Yo no voy a ir hasta ahí, son más que nosotros, por lo menos he podido contar seis.
-Diles algo desde aquí, apuesto a que saben que estamos aquí escondidos, y si saben que estamos aquí deberíamos hacer fuego y secar la ropa, comer algo y calentarnos, vamos a coger una gripe de caballo.
-Cierto... Mierda. Voy a intentar llamar su atención, de todos modos lo peor que puede pasar es que vengan, y si vienen no creo que nos cueste rechazarlos, irán despacio por el barrizal- nos observé a los dos, empapados, llenos de barro y tiritando de frío, tirados en el suelo en un montículo, a cubierto sólo por un árbol no demasiado grande y rodeados completamente de un agua turbia que, como mínimo, tenía medio metro de profundidad- Deberíamos intentar secar la ropa primero. Veamos qué tenemos.

Saqué una cuerda de una de las bolsas, de alguna manera había permanecido seca, lo cual tampoco era para alegrarme el día. La até a la base del árbol y la estiré hasta la moto, que estaba apoyada en una piedra en la orilla más alejada de la carretera. Gracias a la pendiente tenía la altura suficiente y no llamaría mucho la atención, colgamos la ropa y buscamos algo seco que ponernos, aunque no había mucho. Por lo menos una lona y un par de mantas sí seguían secas, colgué la lona sobre la cuerda y busqué una rama para hacer de puntal. Tienda de campaña lista, por lo menos no nos mojaríamos si volvía a llover. Y con la poca ropa seca que quedaba y las mantas tiraríamos durante un rato. Después me acerqué a la cima del montículo, tenía que poder esconderme rápido si la cosa se torcía.

Permanecí de pie unos minutos mientras Miércoles me observaba desde la improvisada tienda de campaña, cubierta con la manta, sucia de barro entera y con ojos preocupados. Le devolví la mirada y le hice un gesto de que todo parecía ir bien.

-¡Eh! ¡Hola!- grité, esperé a ver si había respuesta, aunque no parecía haber nadie despierto- ¿Hay alguien ahí?
No respondía nadie y no podía ver del todo bien puesto que estaban en el borde de mi campo de visión, la niebla que se había levantado de madrugada lo cubría todo y a unos veinte metros de distancia no se veía prácticamente nada.
-Tal vez estén dormido, vuelve a intentarlo- susurró Miércoles.
-¡¿Hola?! ¿Hay alguien ahí?
De pronto se oyeron algunas voces, estaba lo bastante cerca para oírlas pero lo suficientemente lejos como para no entender ni jota, el día anterior me había parecido estar más cerca de la carretera.
-Bueno, creo que he dejado claro que estamos aquí, así que si quieren algo ya llamarán. Vamos a hacer fuego, tengo frío y hambre, y voy a acabar poniéndome de mala leche.
-Sí, mejor comamos algo, esta niebla me está dando canguelo.

Recuperé cuantas ramas y hojas pude de los alrededores, aunque estaban bastante mojadas aún. Las reunimos en un pequeño hoyo en el suelo para contener las brasas y lo impregnamos todo del mezclado de combustibles que llevaba la moto. Prendió, empezó a soltar un humo denso y blanco por la humedad y que algunas ramas tenían aún hojas verdes, a la vez que el combustible echaba un humo negro. En seguida nos arrimamos al fuego, calentamos una lata de comida sin etiquetar que seguramente estaba caducada, pero nos dio bastante igual.

Mientras comíamos discutimos qué hacer, no podíamos quedarnos en aquél islote de por vida, no tenía sentido. Mi plan era llamar la atención de nuestros visitantes y acercarnos si parecían pacíficos, Miércoles dijo que nos acercáramos sí o sí, que total sería morirse allí de hambre y frío o a golpes, yo también prefería los golpes, en cierta manera.

-¿Oyes eso?
-¿El qué?
-No sé, se oye como si algo se arrastrara.
-No, ¿seguro que no te lo has imaginado? Iré a ver, por si acaso.

No nos habíamos fijado, pero la niebla se había vuelto más espesa, ya no se veía la carretera, no se veía nada, parecía que una enorme nube nos hubiera engullido y se nos hubiera llevado a los cielos. No se oía nada a parte del crepitar de la hoguera.

-No sé qué pasa, esta niebla empieza a no ser normal.
-Bueno, tampoco podemos hacer nada al respecto, ¿quieres el resto de... esto?- señaló la lata de comida, realmente no sabíamos ni qué era, sabía como a mezcla de carne, verduras, legumbres, y carbón, aunque nos supo a gloria, y lo saboreamos como a un manjar de dioses puesto que era lo último que quedaba.
-Acábatelo, estoy bien.
No hace falta decir que se lo terminó en menos de dos segundos. La pequeña Miércoles engullía comida como si hubiera pasado semanas sin comer, bueno, estaba en edad de crecimiento.  Menuda vida le había tocado...
-Vamos a ver si está seca la ropa, espero que sí, esta manta empieza a serme incómoda, y los bajos se llenan de barro.

De pronto se oyó una serie de crujidos y el suelo empezó a temblar. Al parecer el montículo debía estar sobre alguna superficie flotante, quizás un montón de troncos o la casa de algún castor.
-¿Qué está pasando? ¿Nos movemos?
-Eso parece, quizás sea la forma de salir de aquí sin pasar por conocer a nuestros vecinos.
-Aún así me da algo de miedo, no sabemos qué hay al final de este cenagal, ¿y si embarrancamos en medio de la nada y no podemos salir?
-Bueno, ya se verá, ahora no podemos hacer nada.

La niebla empezó a disiparse al cabo de un par de horas, habíamos flotado a la deriva todo ese tiempo y, faltos de algo que hacer, aprovechamos para poner más cosas a secar y dormir por turnos, montando guardia. No podíamos saber a dónde nos llevaría nuestro pequeño islote flotante, pero podía no ser un lugar amistoso.
Cuando la niebla se disipó del todo nos encontramos bajando por un río bastante ancho y tranquilo, debíamos estar yendo a menos de un kilómetro por hora. Observando alrededor se podían ver árboles fuera del borde del río, sólo esperaba que no nos llevara a mar abierto o a un lago demasiado ancho, aunque eso era realmente probable.
-Eh, despierta, mira esto.
-Qué extraño...
-No pensaba beber de ése agua, de todos modos.
Los árboles estaban secos, a ambos lados del río, como si el agua que bebían de él no fuera sana en absoluto. A cada kilómetro que avanzábamos se hacía un poco más ancho, e íbamos de un lado para otro según le venía en gana a las corrientes de agua. Cuando empezó a caer la noche decidimos que había que conseguir dirigir aquella broma de embarcación, así que nos despedimos del arbusto que nos hizo de cama-techo la noche en que llegamos a nuestro extraño montículo flotante, le quitamos las ramas, que añadimos a la hoguera, que manteníamos encendida pero a baja intensidad, por si acaso. Le atamos trozos de corteza y lo usamos de remo, aunque era mucho más que insuficiente para algo que debía medir unos seis metros de ancho y que no sabíamos qué calado tenía. Aunque pronto lo averiguaríamos.
Se oyó un crujido y embarrancamos en medio de la nada, ni siquiera se veía en qué habíamos embarrancado, el agua seguía algo removida y estábamos lejos de la orilla. Casi era noche cerrada así que no podríamos hacer demasiado hasta que saliera el sol, y en el horizonte se divisaban nubes de tormenta.
-Como vuelva a diluviar estaremos jodidos, si una riada nos atrapa aquí en medio la palmamos fijo.
-Deberíamos subirlo todo a la cima, bajo el árbol- y eso hicimos, aunque desistimos de empujar la moto y la dejamos a media subida porque nos hundíamos en la pendiente al intentar empujarla- debe haber un par de metros en total, mejor que estar abajo seguro que es.
-Bueno, eso sí, además el aire se renovará mejor arriba.
-Por lo menos ya no estamos congelados y no vagamos por el río.
-De momento, vamos a dormir, no tenemos mucho que hacer.

Al cabo de un buen rato ninguno había conseguido pegar ojo, había nervios por la posible lluvia, además no sabíamos ni dónde estábamos, y el mapa estaba empapado e incomprensible.

miércoles, 2 de octubre de 2013

CAPÍTULO NOVENO: Fango

-¡Buenos días! He hecho huevos fritos para el desayuno, ¿cómo lo ves?
-¿Eh..? -Me desperecé de golpe con el olor a huevos fritos que parecía que hacía décadas que no olía - Buenos días, ¿huevos fritos? ¿qué huevos fritos?
-Me levanté pronto y fui al arroyo a por agua, pero vi un pequeño nido cerca de la orilla entre unas rocas, así que me asomé, no parecía que nadie lo custodiara y había unos pocos huevos, así que cogí dos, uno para cada uno, estoy cansada de desayunar aire y polvo del desierto, ¡quiero comer algo bueno!
-Pero no sabes de qué son los huevos, podrían no ser comestibles -aunque realmente tenían buena pinta- mejor cocínalos bien, que no haya posibilidad de que cojamos ninguna enfermedad rara...
-En ello estoy.

Los días habían pasado, y las semanas, seguíamos camino adelante, mi pequeña compañera se había convertido en buena ayuda, genial compañera y mejor amiga. Aunque aún tras el tiempo que había pasado no quería decirme su nombre, tampoco iba a obligarla. Tras aquel incidente en el desierto decidimos hablar poco y seguir adelante. Si había algo que decir se decía, me sobresaltó ese buen humor en plena mañana y sin previo aviso.

-¿Tanta ilusión te hace comer huevo frito? Vale que no solemos tener comida cocinada, pero no es para tanto, digo yo. ¿Qué te ha hecho romper tu inquebrantable silencio?
-Nada, me hace ilusión comer algo que no sea sopa de raíces con infusión de la primera planta aromática que encontremos. Además, ¿hablaré si quiero, qué más te da?
-Pues darme me da, ¿qué quieres que te diga? llevas como medio año sin abrir la boca más que para comerte tu querida y deseada sopa de raíces, que bastante bien nos ha venido, por cierto.
-Bah, cómete el huevo, si lo sé no te digo nada. Ojalá se te atragante, borde.

Comí el huevo como los judíos comieron el maná caído del cielo pues hacía meses que no había caza, y más aún que no comía huevos fritos para desayunar, ¡qué recuerdos! La miré, ella comía su parte como si fuera el manjar más delicioso sobre la faz de la tierra. Me miró y le sonreí.

-Gracias- dije, al tiempo que me resbalaba una lágrima al recordar un pasado al que tampoco me desagradaría volver, sumergido en ése huevo frito hecho sobre una piedra plana calentada al fuego.
-De nada, ¿para qué estamos?- dijo, con la boca llena, casi a propósito.

Me reí y pensé en qué nos depararía el nuevo día. Muchos días tranquilos había habido desde la última vez que nos encontramos con alguien, o mejor dicho, con algo. La vida humana como la conocíamos parecía haber desaparecido del planeta, habíamos llegado a una zona de bosques y montañas que parecía más el norte de Europa o Canadá y desentonaba muchísimo con el desierto que la precedió. Nos encontramos varias veces con varios seres extraños vagando cerca de la carretera, alguna vez, incluso, se nos acercaron, pero huimos rápidamente. Lo mejor de todo era que podíamos seguir encontrando lugares de los que sacar algo de combustible, aunque en un momento dado tuve que cambiar varias piezas del motor para que pudiera funcionar con combustibles menos refinados. Corría menos, lo cual no era un gran problema ya que podíamos huir si se daba el caso, pero normalmente era preferible ir despacio y no tropezarse con nada inesperado. Consumía algo menos y podíamos ponerle alcohol, incluso bebidas destiladas del alcohol, al motor parecía no importarle que se mezclaran varios combustibles así que íbamos recogiendo cuanto podíamos, por si acaso.
Habíamos encontrado, a lo largo de varios cientos de kilómetros, varios pequeños asentamientos, campamentos mejor dicho, parecía que los pocos seres humanos 'normales' gustaban de juntarse en pequeños grupos que vagaban por las montañas en busca de la tierra prometida, o algo, aunque ése lugar parecía huir de ellos a la misma velocidad que ellos se acercaban. Sólo en una ocasión divisamos un pequeño grupo de chabolas en las que no fuimos demasiado bien recibidos y tuvimos que huir cabizbajos con disparos en nuestra contra. Había sido un viaje más bien plácido, salvo algunos percances.

-Bien, recojamos todo esto, espero que el olor no atraiga a ninguna fiera, ¿por qué zona debemos estar?- dijo, mientras sacaba un mapa bastante grande que encontramos en una estación de servicio y que, tras discutirlo largamente, pareció ser de la zona en la que nos encontrábamos, o eso pensábamos- Yo creo que estamos por aquí, por esta arboleda, mira, ése es el arroyo al que fui a por agua y huevos, y este monte de aquí parece aquél de allí al final del valle.
-Vale, más o menos debemos estar por esta zona, estamos bastante lejos de cualquier otro pueblo. ¿Lista para otro día aburrido a lomos de nuestra singular cacharrería?
-Por supuesto, esos huevos nos han sentado bien, ¿eh? Y parecía que te ibas a enfadar conmigo.
-Vámonos antes de que me enfade, eres una enana cabezona y pesada.
-¡Si te metes tanto conmigo te las verás conmigo!- dijo mientras se abrochaba un casco que le iba algo grande y que nos salió gratis en un pueblecito hacía varias semanas.

La vieja moto pareció no querer arrancar, pero se dejó persuadir tras varias patadas a la pata de arranque. El sonido era grave y sonaba más bien como alguna clase de aparato industrial, seguramente ninguno de los que la construyeron pensaron que fuera a funcionar de esa manera en la vida, pero lo hacía, y lo hacía genial.
Salimos y rápidamente nos encaminamos hacia el final del valle, parecía acabar en una serie de carreteras estrechas que desembocaban en una gran planicie. Allí habría más ciudades, más suministros, más criaturas. Yo no me sentía cómodo pero mi pequeña amiga parecía feliz con la idea de atravesar lugares peligrosos y correr aventuras. Ojalá nos saliera bien la jugada.

Tras un par de horas dando curvas por la estrecha carretera el cielo empezó a nublarse y cayó una lluvia no demasiado intensa pero sí molesta y persistente. Nos refugiamos tras una pared de roca que sobresalía en la cuneta y nos protegió bastante bien.
De pronto empezamos a ver destellos de luz y a escuchar truenos, parecía que iba a caernos una buena encima. Sólo deseaba que no estuviéramos en una torrentera...
-Vale, creo que pasaremos aquí un buen rato, ¿quieres un plástico para no mojarte más?
-Mmm sí, me da que mejor me pasas uno y así no me da una pulmonía, gracias. Empieza a refrescar.
-Sí, pero bueno, por lo menos ahora podemos hablar, ya que has roto tu 'voto de silencio' y estás ligeramente amigable. ¿No?
-Bueno, no te pases, a ver si voy a estarme callada otro medio año- me miró con fingido enfado y luego sonrió.- Me alegro de haberme topado contigo.
-Y yo me alegraría si por lo menos supiera cómo dirigirme a ti, doña "no voy a decirte mi nombre"- dije, burlándome de ella.
Rió levemente y me miró entristecida mientras decía -No me gusta mi nombre, no porque sea feo, me recuerda a cosas que no van a volver, y duele. Ya encontraré un nombre que me identifique, no sé, llámame Miércoles, fue cuando nos conocimos, así ya tienes algo con qué llamarme, prefiero recordar el día en que salí de esa asquerosa ciudad de mutantes y muerte que una vida a la que no podré volver.
-¿Cómo sabes que era miércoles?
-Lo sé. No me hagas recordar más mi pasado, yo no te recuerdo el tuyo.

Se volvió sombría y rehusó hablar durante un rato.
Tras poco más de una hora de caer una lluvia torrencial y subirnos a un par de piedras para mantenernos relativamente secos, vimos una silueta a lo lejos. Me miró atemorizada y yo le devolví la mirada igual de cagado de miedo. No sabíamos qué era, así que nos escondimos tras las rocas que nos sirvieron de 'secapiés'.

Conforme se acercaba nosotros observábamos ocultos tras las rocas, era una criatura extraña, peluda, grande, enorme. Parecía un cruce entre un oso y alguna clase de gigante horroroso. Siguió avanzando a cuatro patas, se paró a menos de diez metros de nosotros, se puso en pie y olfateó el ambiente.

-Troll...- sin duda aquello era un troll, como los de las viejas leyendas del norte de Europa, los que vivían en cuevas y debajo de los puentes- no me jodas que eso es un troll...
Miércoles estaba sin palabras. Aquella criatura semejante a un gigante peludo y horrendo de unos cinco metros de altura parecía capaz de chafarnos con una sola mano sin perder los nervios.
Por suerte parecía que la lluvia le dificultaba bastante el localizarnos, eso o que cada vez que divisábamos un arroyo íbamos a asearnos en la medida de lo posible.
Tras olisquear un poco más se encaminó de nuevo por la carretera andando como un gorila, cada paso era eterno y pareció que hubieran pasado horas hasta que lo perdimos de vista tras un recodo.

-Hay que irse.
-Sí.
-Vamos, da igual si llueve.
-¿No nos la daremos?
-No creo, yo controlo, y tal.
-Bueno, vamos, no quiero volver a toparme con uno de ésos.

Montamos en la moto y me dispuse a arrancar, verifiqué que todo fuera a funcionar, porque dispondría de poco tiempo antes de que aquél troll oyera el motor y viniera a ver qué cena se perdía.
Por suerte conseguí arrancar a la segunda, salimos disparados en dirección opuesta a la que iba el troll, que por suerte era la que seguíamos al principio. Aunque no tardamos en oír rugidos furiosos tras nosotros, aquél desgraciado corría como el viento, y con la lluvia no podía ir demasiado deprisa por miedo a patinar y que nos alcanzara.
Pasamos más de media hora huyendo todo lo rápido que podíamos mientras el furioso troll nos pisaba los talones y nos lanzaba rocas y troncos caídos que iba encontrando a su paso, intentando detenernos.
La carretera se volvió incluso más estrecha de pronto, me obligó a ir mucho más despacio y Miércoles gritaba asustada mientras se agarraba a mí para no caerse.
-¡No te preocupes, debe faltar poco para salir de las montañas! ¿Tenemos algo que puedas lanzarle?
-¡No creo! ¡Veré qué tengo a mano!- dijo mientras buscaba en su mochila, de la que sacó unos petardos que habían aguantado secos incomprensiblemente.- ¿Y si le lanzo esto? ¿Tienes un mechero?
Le pasé mi mechero, que se encendió a duras penas, y encendió una ristra de petardos unidos por un cordel, se volvió y se los lanzó al troll en la cara mientras chillaba porque estaba a punto de alcanzarnos. Si no hubiera sido por esos petardos la hubiera agarrado y me habría tirado de la moto. Habría sido nuestro fin. La traca de petardos le explotó en la cara y se detuvo, chilló asustado y rugió hacia nosotros incluso más enfadado.
-Parece que no le ha gustado tu broma.
-Cállate, hemos ganado espacio, ¿no?

Llegamos al final de la carretera de montaña y la lluvia seguía cayendo como si hiciera alguna falta. Los campos circundantes estaban anegados, en algunos podía verse cómo el agua llegaba a cubrir incluso algunos árboles. La mala noticia era que el troll nos vería porque la carretera seguía prácticamente recta durante lo que abarcaba la vista, la buena noticia era que podría darle más gas y podría ser que lo dejáramos atrás. Y eso hice, metí el gas a tope y salimos disparados.

-¡Mira! ¡Sale el Sol!
-¡Jamás habría pensado que deseara tanto que dejara de llover y saliera el Sol!
-Ni yo...

Frenamos y nos volvimos para ver si el troll seguía tras nosotros. Lo vimos muy de lejos, seguía corriendo pero parecía agotado. De pronto el cielo empezó a despejarse más deprisa y el Sol cayó sobre todo el llano, dando de lleno en él y convirtiéndolo en roca.

-Menos mal que los mitos tienen parte de verdad ¿eh? Vámonos de aquí, debe haber algún lugar seco por aquí, mira, aquella colina parece bastante aceptable, hay un par de árboles pero hay buena visibilidad, deberíamos probar- Parecía ser más optimista que yo, que veía que habría que cruzar una marisma inundada de lluvia para llegar allí.
-No creo que debamos cruzar sin saber qué profundidad hay.
-Es sólo un campo, mira a tu alrededor, es lo más llano que te puedes tirar a la cara, ésa colina parece un grano fuera de lugar.
-Qué asco... Vale, saca el mapa, tenía varias anotaciones de alturas y profundidades de valles y montañas- sacó el mapa y nos empezamos a buscar- mira, ahí estamos, justo al salir de la cordillera, el máximo desnivel son sólo tres metros. Es mucho desde la perspectiva de que con un palmo de agua ya vamos jodidos, piensa que todo será barro debajo de eso.
-Bueno, pues quédate aquí mojado, yo creo que habría que intentarlo.
Dicho esto me puso una cara con mirada suplicante de cachorrito incluida, así que no pude negarle el intentarlo.

-Está bien, mira, dejamos todo aquí, voy a ir yo sólo, si me hundo prefiero que los bártulos estén medianamente secos, ¿vale?
-Ok, yo te espero, mi valiente caballero- dijo conteniendo una risotada que acabó escapándosele. Le dediqué mi mirada más despreciante y me puse manos a la obra- no te enfades, sabes que eres el mejor hermano que se puede tener.
-Soy el único hermano que se puede tener, y ni siquiera tenemos la misma sangre. Nos encontramos por casualidad y soy mayor que tú, así que siento que debo cuidarte, no quiero volver a estar sólo tras saber qué bestias corren por el mundo.
-¡Déjate de palabrería ñoña y lánzate a la aventura!
Y así lo hice, incluso me desabrigué, cogí unos pantalones más cortos y me los puse, fui en camiseta y sin zapatos, cierto es que podría morderme algún animal que se paseara por aquella agua recién caída, pero prefería tener los zapatos secos cuando volviera a ponérmelos.
Encaré la moto con el montículo donde íbamos a esperar a que se calmara el clima y di gas a tope. Al entrar en el agua me salpiqué entero, habría preferido llevar un anorak polar de cuádruple capa y pantalones impermeables, pero no pudo ser, así que me estremecí de frío y maldije a grito pelado mientras avanzaba patéticamente lanzando agua en todas direcciones. Por un momento creí que el agua iba a llegar a cubrir el motor, ya iba con las piernas alzadas para no meter los pies en ésa agua helada. pero llegué relativamente sano y relativamente salvo a la otra orilla, dejé la moto y subí a contemplar desde arriba.

Parecía que nuestra aventura con petardos y travesías casi submarinas por la llanura habían despertado el interés de la fauna local, o lo que sea que fuera el grupo que se acercaba desde muy lejos. Hice señas a Miércoles de que viniera, que se pusiera algo de plástico en los pies y viniera con los bártulos lo más rápido que pudiera. Llegó a duras penas, y nos escondimos como pudimos dentro de unos arbustos, moto incluída.

No parecían peligrosos, pero el grupo de supuestas personas que se acercó se quedó mirando el montículo desde la carretera, discutieron, y decidieron acampar allí mismo, supongo que a la espera de que bajara el agua o saliéramos a saludar. 
Como estaba anocheciendo decidimos dormir, tampoco había mucho más que hacer.

lunes, 30 de septiembre de 2013

CAPÍTULO OCTAVO: Un nuevo día


Brbrbmbmbm...

-¡Au! -Algo me golpeó en la cabeza. -¿Qué coñ...?
-¡Shht! Silencio, ven. -Me dijo la pequeña rescatada. No tenía ni idea de qué pasaba.

Tiró de mí hasta ponernos a cubierto tras una roca cercana. Se oían algunas voces a lo lejos, alguien desde la carretera debía haber divisado las huellas de la moto, o algo.

-Mira, por lo visto alguien sabe que estamos aquí, así que es mejor que parezca que hemos salido a hacer un café o lo que sea. ¿Comprendes? Creo que son los mismos que vi una vez en la ciudad, así que calladitos estamos más guapos -Parecía saber muy bien de qué hablaba, su mirada me empañó de ternura, tenía los ojos tan verdes que podría haber contraído alguna enfermedad tropical si los contemplaba demasiado rato.

-A ver si lo he entendido, si vienen verán nuestras huellas hasta aquí, ¿no? ¿Qué propones que hagamos entonces? -Su expresión cambió de pronto al comprender que su plan fallaba.

-Si vienen y nos encuentras ya pensaremos algo, ahora lo primero es centrarse en que no piensen que les conviene venir hasta aquí.

-¿Por qué saliste así, de la nada, en la ciudad? ¿Por qué no eres como las demás personas, si se les puede llamar personas, que me encontré? ¿Quién eres?

-Pues soy la que te dice que te estés calladito, si no soy como los demás es porque he conseguido sobrevivir, en la ciudad hice lo que tenía que hacer, pensaba que eras uno de ellos, ya me habían perseguido antes, se ve que buscan 'divertirse' o algo. Y te agradecería que no me preguntes demasiado por mi pasado ya que yo no lo haré por el tuyo. Sólo quiero llegar a un lugar relativamente seguro, ahí nos separaremos.

-De acuerdo, doña social. Me callo y ya veremos cómo acaba tu plan.

Nos quedamos en silencio durante un buen rato, pareció una eternidad. De tato en cuando la observaba, y cuando me devolvía la mirada yo la retiraba, como si pensara que así ella no sabría que la miraba. De vez en cuando se ponía a juguetear con alguna piedrecita entre sus dedos.

-Habría que ir a ver si se han ido o algo, ¿no? Ya voy yo -dije- Mejor quédate aquí, si pasa algo cúbreme.
-¿Con qué? No tengo ninguna arma, ni nada.
-No sé, con piedras, ya pensarás algo -le dije, y guiñándole un ojo me fui agachado hasta el borde de la roca.

Parecía que no había nadie, así que me acerqué un poco más, me arrimé a otra roca, me asomé, nada. Acerqué el oído a la roca y pude percibir levemente los agitados latidos de mi propio corazón, y nada más.
Tomé aire, me asomé, y corrí agachado hasta la pared desde la que monté guardia la noche anterior, se veía perfectamente la carretera pese a estar incluso un poco por debajo de ésta. Escudriñé los alrededores y no vi a nadie, así que me asomé a ver si nos habían quitado algo, aunque no podía verse la moto desde la carretera vigilé bastante antes de tocar nada.
Parecía que se habían ido, incluso no noté que hubiera ninguna huella cercana que no fueran las nuestras, así que me levanté, di un silbido para avisar a mi compañera de que no había peligro, y salí a plena luz y me dispuse a recoger la manta que saqué para dormir.

¡TOC!

Algo me golpeó muy fuerte en la espalda, caí al suelo y me di la vuelta entre fuerte dolor para ver qué había pasado. Me vi de cara a un tipo cubierto con ropas para el desierto, con la cara tapada y apuntándome con lo que no sabia identificar si era un rifle, o una escopeta, o qué carajo era, casi no podía ver por el dolor del golpe.

-Como te muevas te abro la jeta a balazos, tío -Me dijo, no parecía demasiado amistoso, cosa que ya esperaba.
Antes de que pudiera responder soltó un quejido sordo. De pronto cayó hacia mí y vi que llevaba un cuchillo  no muy pequeño clavado en la nuca. Y ahí estaba, mi amiguita tan simpática, con cara de susto, callada, mirando fijamente al tipo que acababa de matar por la espalda, temblando y con los ojos desorbitados.

-Gracias -fue lo único que conseguí articular, me levanté a duras penas y fui hacia ella. Aún temblaba, como si no pudiera creer lo que había hecho -En serio, gracias, me has salvado el pellejo.

-Muerto... -susurró. Debía ser la primera vez que cargaba contra alguien, por lo menos contra alguien aparentemente humano del todo.

No supe qué hacer y la abracé, tan pronto como la tuve en mis brazos se desplomó y yo con ella. Y allí nos quedamos, de rodillas, yo abrazándola, y ella temblando de miedo.

-Tranquila, no has hecho nada malo, me has salvado la vida y la tuya -le dije, aunque sabía que no podía hacer nada por consolarla.

La sujeté por los hombros, la miré directamente a sus ojos verdes y atemorizados y le dije -está bien, no es culpa tuya.

Comenzó a llorar.

lunes, 16 de septiembre de 2013

CAPÍTULO SÉPTIMO: Pasadizos.

-Qué frío...

Temblé a la vez que intentaba ver algo en la oscuridad de aquél lugar. Parecía que estuviera en un enorme baúl, estaba todo tan oscuro que no conseguía ver nada. De pronto reparé en que había un pequeño montón de brasas en el suelo cerca de mí. Pensé que sería de la hoguera de la noche anterior, parecía que aún quedara algo de vida en esa madera muerta, me acerqué a tientas y soplé ligeramente.

De pronto toda la estancia se iluminó levemente, lo suficiente para que mis ojos acostumbrados a la negrura vieran el horror de esa criatura. No tuve tiempo de ver nada, pareció no darse cuenta de que estaba ahí, intenté, mientras duraba la tenue luz, ver la salida.

¡Premio!

Justo a mi derecha tenía la salida, pero... ¿y Anne? ¿Y el viejo? Recordaba haberme dormido después de que el viejo harapiento nos contara la historia de La Niebla que lo cubría todo, y Anne... Me había sacado de un apuro justo al salir del Hospital. ¿Qué rayos pasaba? No estaban, ni siquiera había rastros de que hubieran estado allí. ¿Estaría yo en otro lugar? No, la verdad es que no lo estaba, pero en lugar de mi compañera de viaje y el señor andrajoso estaba una monstruosa criatura de largos y peludos brazos, con una boca inmensa llena de horripilantes dientes, que olía a establo y con unas piernas que parecían poder llegar a velocidades bastante altas. Estaba completamente acojonado. Tenía que salir de ahí, y no sabía ni siquiera dónde estaba, ni cómo salir.
Salí por la puertecilla que divisé no hacía ni un momento. Todo iba bien, conseguí no hacer prácticamente nada de ruido.

Una vez fuera, siguiendo en las tinieblas de aquella especie de zulo, fui palpando por la pared y di rápidamente con un 'cul de sac', de modo que volví sobre mis pasos. Despacio, con cuidado, tanteando bien y con el oído completamente concentrado en detectar a mi amigo el peludo que tanto me había sobresaltado al despertar y soplarle a las cenizas.

Pasé la puerta por la que había salido antes, seguí recto, di en una esquina, y oí un ligero murmullo.
El pelo se me erizó en todo el cuerpo, empecé a sudar frío y un vacío inmenso ocupó el lugar en el que pensaba que tenía mi corazón y mis pulmones. No podía ocurrírseme nada peor que lo que había ocurrido.

De pronto oí una especie de graznido, como de pájaro, como de cuervo, pero más grave, como si fuera un cuervo muy grande, seguido de fuerte respiración.

Estaba siguiéndome.

Corrí hacia el frente con los brazos por delante, intentando no hacer ruido, cosa imposible cuando corres, a oscuras, por un pasadizo lleno de cacharros y escombros por el suelo.

Aquello estaba justo detrás de mí, torcí varias veces tras estamparme contra varios muros. Debía haber recorrido ya media hectárea huyendo de aquél animal extraño. De súbito me di de bruces contra una superficie dura que cedió, una improvisada puerta hecha con maderas de palés y cuerdas se precipitó hacia fuera y yo caí detrás de ella. Me levanté rápidamente y vi que estaba fuera. Aire, luz, ¡coches! Atravesé la calle y me escondí detrás de un coche que parecía estampado pese a estar perfectamente aparcado.

El extraño ser sacó la cabeza, seguida de un cuello largo y peludo, parecía un peluche horrible de los teleñecos. Pero era real, era de un color rojizo, olfateó en ambas direcciones y volvió a meterse en el pasadizo, pude ver que no tenía ojos. Ni siquiera debía saber que había luz ahí fuera.

Vi que detrás del coche tras el que me escondía estaba aparcado un camión grande bastante intacto, y al ver que estaba empezando a empañarse el ambiente, llenándose de una espesa niebla que simplemente aparecía, no venía de ningún lugar, aparecía sin más en todas partes, conseguí abrir la puerta del camión y me metí en la cabina. Hubo suerte, camión con cabina con cama para dormir. No son comunes esos camiones en un lugar como Palma. Decidí que lo mejor sería esperar a que se disipara la niebla, vi que había cortinas en las ventanas de la cabina y las corrí todas, no quería que me vieran desde fuera, y lo que menos quería era ver lo que pudiera traer esa maldita niebla. ¿Dónde se habrían metido Anne y el viejo? Empezaba a pensar que todo era una broma pesada de mi mente para suplir la soledad de aquél lugar. No se oía nada en ninguna dirección.

Cuando llevaba allí un buen rato y ya me había fumado un par de cigarrillos oí un rumor lejano.

De pronto, como de la nada, apareció un grupo enorme de 'Sombras', parecían comunicarse entre sí, y barrieron todo el lugar, se pararon alrededor del camión y lo golpearon, gritando algo incomprensible. Pero lo dejaron estar por las buenas, algo debió decirles que no era bueno abrir ese camión, o permanecer en aquél lugar. Lo mejor iba a ser conseguir dormir. Cuando se disipara la niebla podría intentar salir de una vez de aquél paraje de pesadilla. Empezaba a pensar que nada era real.